Historia

FABRI, SIXTO (1541-1594)

Sixto Fabri, teólogo dominico y prelado italiano, nació en Lucca en 1541 y murió en Roma en 1594. Tomó el hábito a la edad de quince años, estudiando luego en el convento patriarcal de Santo Domingo de Bolonia, donde, al terminar su carrera, enseñó lógica primero, filosofía más tarde y, por último, teología, ocupando una cátedra en la universidad y la regencia del estudio general del convento, en el que recibió los grados académicos, incluso el de maestro en teología (1574). Al año siguiente el general Serafín Cavalli le nombró su secretario y su socio con el título de provincial de Tierra Santa. En 1576, antes de salir de Roma para visitar la orden, Cavalli instituyó de oficio procurador en la curia y vicario general de toda la orden a Fabri, que por aquella época intervino en la solución del proceso del infortunado arzobispo de Toledo, Bartolomé de Carranza, a quien asistió en los últimos momentos y se granjeó de tal modo la confianza y benevolencia del papa y del cardenal protector, que, al fallecer Cavalli (1578), Gregorio XIII le nombró vicario general interino de los dominicos. Fue después maestro del Sacro Palacio y al morir el general de la orden (1582), Fabri fue elegido sucesor suyo. A los dos años de su elección publicó un plan de estudios que vino rigiendo en lo sustancial en las escuelas dominicas mucho tiempo. A pesar de los fuertes ataques de gota que le aquejaban, recorrió los conventos de la Alta Italia y luego los del sur de Sicilia, y, finalmente, las provincias de España y Portugal. Estando en Lisboa examinó las llagas de la célebre sor María de la Visitación, entonces en el apogeo de su fama, siendo engañado por aquella impostora, a pesar de la escrupulosidad con que trató de examinarlas. Elegido papa, entre tanto Sixto V, después de nombrar de oficio vicario general de la orden dominica a Bartolomé de Miranda, convocó un concilio electivo para 1589, lo que parece indicar que existía el designio de dejar vacante el generalato para entonces. Se trató de obtener su dimisión, ofreciéndole una mitra y amenazándolo con que, en caso contrario, sería depuesto, pero Fabri prefirió la deposición, contra la que protestó enérgicamente Felipe II, que le estimaba grandemente. Se desconocen las verdaderas causas de la caída en desgracia de Fabri, si bien parece probable se debiera a su rivalidad con un cardenal que explotó para conseguir sus designios la irritación producida en el ánimo del papa por el descubrimiento de las imposturas de la priora de Lisboa. Fabri se retiró al convento de San Marcos de Florencia, donde el gran duque de Tosca, Fernando de Médicis, su amigo, le acogió cariñosamente, viviendo allí hasta que fallecido Sixto V, optó por trasladarse a Santa Sabina de Roma, donde murió.