Historia

FARICIO († 1117)

Faricio, abad italiano de Abingdon, murió allí el 23 de febrero de 1117. Era nativo de Arezzo en Toscana, siendo un consumado médico y hombre de letras, que en 1078 estaba en Inglaterra, cuando fue testigo del traslado de las reliquias de Aldhelmo; era celador de la abadía de Malmesbury cuando, en 1100, fue elegido abad de Abingdon. Debió su elección a una visión. La abadía de Abingdon estaba en decadencia y el claustro, el dormitorio y la sala capitular estaban en ruinas, teniendo los internos apenas pan y el cargo de abad estaba vacante. Un joven monje tuvo una visión de la Virgen quien le dijo que el prior y el convento debían elegir a su capellán, el celador de Malmesbury, como su abad. Ellos rogaron a Enrique I y recibieron licencia para elegir a Faricio, quien ya era, o poco después sería, médico del rey. Fue consagrado el 1 de noviembre por Roberto, obispo de Lincoln, y al año siguiente fue recibido con mucho regocijo por los internos de su nueva casa. Se dice que como el arzobispo Anselmo estaba entonces en el exilio, Faricio puso su báculo pastoral sobre el altar mayor. Sin embargo, Anselmo regresó a Inglaterra el 23 de septiembre de 1100 y no salió de nuevo hasta 1103, por lo que el relato pertenece sin duda al periodo de la segunda ausencia del arzobispo y muestra que Faricio pertenecía a la facción eclesiástica estricta. Era entendido y diligente, cortés en las formas y elocuente, aunque su lengua extranjera le ocasionó alguna desventaja. Además era hombre de rápido entendimiento y gran capacidad, siendo un buen ejemplo de eclesiástico científico del sur de Europa.

Su primera ocupación fue la restauración de los edificios conventuales y además reedificó una gran parte de la iglesia, probablemente toda el ala oriental, la torre central y el crucero, colocando su nuevo edificio al sur de la iglesia de St. Æthelwold. Enriqueció la abadía al obtener cesiones de tierras y por costosos donativos de diversas clases, haciendo que varios libros, de teología y medicina, fueran copiados para la biblioteca, siendo generoso y bondadoso con los monjes y elevando su número de 28 a 80. Los pagos que recibía como médico le permitieron hacer toda esa obra, pues muchas de las personas principales del reino le buscaban. Cuando la reina Matilde estaba esperando su primer hijo, el rey la envió para estar en las inmediaciones de Abingdon, poniéndola al cuidado de Faricio y otro médico italiano llamado Grimbald o Grimaldi, amigo suyo. El abad interesó a la reina en la reedificación de la iglesia y obtuvo por su intercesión un donativo del rey, consistente en la isla de Andresey y todos los edificios en ella. Otro donativo que recibió por atender a Geoffrey, hijo de Aubrey de Vere, fue la iglesia parroquial de Kensington junto con ciertas tierras. Una vez que la sede de Canterbury permaneció vacante durante cinco años, Enrique celebró un concilio en Windsor el 26 de abril de 1114 para elegir al sucesor de Anselmo, deseando que fuera Faricio el elegido, en quien tenía plena confianza y con quien los monjes de Christ Church, que fueron citados al concilio, estaban grandemente complacidos. Sin embargo, los obispos sufragáneos se opusieron al plan, pues tenían temor de que Faricio como italiano y estricto eclesiástico metiera a la iglesia en renovadas disputas. Este sentimiento no lo expresaron abiertamente, sino que los obispos de Lincoln y Salisbury alegaron que no parecía correcto que un médico que atendía mujeres fuera hecho arzobispo. El rey abandonó la cuestión y Ralph, obispo de Rochester, fue elegido. El historiador de Abingdon parece haber cometido un error al afirmar que Faricio fue elegido al arzobispado. El día 2 de febrero de 1117 cayó enfermo al comer algún alimento preparado por uno de los internos e inmediatamente declaró que moriría. Escribió Life of St. Aldhelm, que critica William de Malmesbury en su Life del personaje. Se dice que también escribió cartas y una obra probando que los niños que mueren sin el bautismo no pueden salvarse.