Historia
FEDERICO BARBARROJA (c. 1123-1190)
- Primeros años
- Intento de recuperar los derechos imperiales
- Relaciones con el papa Alejandro III
- Destitución de Enrique el León
- Valoración

Federico era hijo de Federico II, duque de Suabia, y Judit, hija de Enrique IX de Baviera, de la dinastía rival de los Güelfos. Tras suceder a su padre como duque de Suabia, Federico fue elegido rey alemán el 4 de marzo de 1152 en Francfort, sucediendo a su tío el emperador Conrado III. Los contemporáneos de Federico creían que, al reunir en sí la sangre de los Güelfos y los Hohenstaufen, resolvería los problemas internos del reino. El anuncio de su elección, que envió al papa Eugenio III, dejó claro que Federico no estaba dispuesto a reconocer la preeminencia sobre los emperadores que los papas habían ejercido durante la batalla sobre las investiduras de obispos y abades. Además, Federico suplió varias sedes epicospales vacantes, violando el concordato de Worms de 1122. A pesar de todo, tuvo que aprender que no podría prevalecer contra el papado tan fácilmente como los anteriores emperadores, Otón I y Enrique III, habían hecho, al haber cambiado el equilibrio político. Bajo el poderoso emperador Manuel I Comneno, el imperio bizantino había crecido hasta convertirse en un factor político en el Mediterráneo e Italia. El sur de Italia y Sicilia quedaron unidos en el reino normando de Roger II. Las ciudades de los lombardos, que habían sido poco más que un quebradero de cabeza para los anteriores emperadores, ahora eran más poderosas.

Los príncipes alemanes se negaron a dar a Federico el apoyo necesario para atacar el reino de Sicilia, que, bajo Guillermo I, hijo de Roger, pasaba por una crisis. Aunque Manuel entabló una alianza con los barones normandos rebeldes, la ciudad de Génova y el papa Adriano IV no aceptaron la oferta bizantina de ayuda contra Guillermo I de Sicilia. Una vez que Guillermo logró solucionar su crisis, pudo obligar al papa a firmar el concordato de Benevento en 1156, por el que Adriano daba Sicilia a Guillermo y las principalidades normandas en el continente hasta Nápoles y Capua, otorgándole derechos especiales para la Iglesia siciliana. Este nuevo tratado era una violación del Tratado de Constanza. El cardenal Roland (posterior Alejandro III) iba a explicar la nueva política del papa a los príncipes y al emperador en la dieta imperial de Besançon en 1557. Una carta del papa, que fue traducida de forma explosiva por el canciller imperial Rainald de Dassel, hizo que entre la delegación papal y los príncipes alemanes surgiera la controversia sobre si el imperio era o no dependiente del papado. Adriano aclaró posteriormente que él quería decir por la palabra beneficium, que había causado el problema, beneficio y no feudo.

En 1158 Federico tuvo que resolver varios problemas internos decisivos, comenzando su segunda campaña en Italia y procurando la restauración completa de los derechos imperiales. Tras asediar y conquistar Milán, que se le había opuesto, inauguró la dieta de Roncaglia. La meta de esta dieta era definir y garantizar los derechos del emperador, que supondrían para el imperio unas 30.000 libras de plata anuales. A principios de 1158 y especialmente tras 1162, Federico intentó no solo lograr la obtención de esos derechos sino también poner en marcha una administración financiera al afecto. Su propósito era reducir a la Italia imperial a un sistema de castillos, palacios y ciudades bien controlados, con el auto-gobierno de las ciudades controlado por oficiales imperiales. Sin embargo, lo que el emperador consideraba una restauración de los derechos imperiales fue contemplado por las ciudades como una amenaza a su libertad. Un impuesto denominado fodrum se aplicó a todos los habitantes de la Italia imperial; a su vez los nobles y comunas italianas quedaban excusadas del servicio militar en el ejército del emperador, garantizándose su protección. Una parte del dinero italiano fue a parar a los príncipes alemanes, lo que permitió a Federico ganarse su apoyo sin hacerles demasiadas concesiones políticas en Alemania. No obstante, los príncipes eclesiásticos del imperio todavía tendrían que rendir pleno servicio a Italia; el arzobispado de Maguncia sufrió varias pérdidas financieras porque el arzobispo Christian ejerció durante largo tiempo como legado imperial. Los impuestos italianos permitieron a Federico alistar mercenarios (Brabantini) para quedar libre, hasta cierto punto, de los señores feudales. No obstante, el dinero de Italia no fue el único motivo de su política italiana.
El papa, al igual que las ciudades, se sintió amenazado por un firmemente Estado imperial en Italia. En 1159 el cardenal Octaviano fue elegido papa como Víctor IV con el apoyo de Federico, pero el cardenal Roland fue elegido papa como Alejandro III en una tumultuosa y disputada sesión. Alejandro, apoyado por muchos cardenales, fue inmediatamente reconocido por Guillermo de Sicilia como el verdadero papa. En el concilio de 1160 en Pavía, convocado por el emperador, solo Víctor IV estuvo presente, siendo declarado papa legítimo, ganándose Federico la hostilidad de Alejandro.

Relaciones con el papa Alejandro III.
Alejandro III, uno de los más grandes legisladores de la Iglesia católica, quería fundar un papado que fuera independiente del emperador y excomulgó a Federico en 1160. Francia, Inglaterra, España, Hungría, los lombardos e incluso el emperador Manuel se unieron a la facción de Alejandro; bajo presión imperial, Alejandro se retiró Francia en 1161, donde permaneció hasta 1165. Juan de Salisbury le preguntó: ¿"Quién hizo a los alemanes jueces de las naciones?" El intento de Barbarroja de persuadir al rey Luis VII de Francia para que resolviera el cisma cuando se encontraron en Saint-Jean-de-Losne no sirvió de nada. Alejandro intentó traer de nuevo al redil a Federico, pero sin éxito. Por petición de Alejandro, el emperador bizantino Manuel Comneno estaba ahora preparado para formar una alianza con Francia y dispuesto a reconocer al papa. Milán fue destruida en 1162 por Federico.
Cuando murió Víctor IV en 1664, fue elegido rápidamente Pascual III (1164-68) como nuevo papa imperial a instancias de Rainald de Dassel, tal vez contra la voluntad del emperador. Por fricciones entre Luis VII y Enrique II de Inglaterra y porque el segundo estaba envuelto en una controversia con Thomas Becket, Barbarroja decidió formar una alianza con Enrique II. En la dieta de 1165 en Würzburgo, Federico juró no reconocer a Alejandro III. Las promesas hechas por los delegados ingleses, de que los deseos políticos de Federico serían reconocidos, fueron negadas por Enrique II, quien prefirió mantener a Alejandro bajo presión, poniéndole las cosas difíciles a Becket.

por Girolamo Gambarato
Mientras tanto, Barbarroja había iniciado profundos cambios en su imperio, en el que el duque Enrique el León de Sajonia era el príncipe más fuerte tras él. Cuando Barbarroja asumió el poder, Enrique reclamó Baviera, dominio del margrave Enrique II Jasomirgott de Austria. Barbarroja otorgó Baviera a Enrique el León y como compensación elevó el margraviato de Austria a ducado, con derechos especiales. El emperador también dejó el ducado de Sajonia y Mecklenburgo bajo el control de Enrique el León y en 1154 el duque recibió el privilegio de investir obispos en las tierras coloniales del Elba. El año 1158 fue de gran importancia para el imperio; Barbarroja fundó el territorio imperial de Pleissnerland (al sur de Leipzig), elevó al duque Vladislav II de Bohemia a rey y otorgó al arzobispado de Bremen importantes privilegios, restaurando el perdido poder político del obispo. También en 1158 Federico prometió a Waldemar I el Grande de Dinamarca hacerlo vasallo suyo con ciertos derechos.

vidriera en la catedral de Lübeck
Destitución de Enrique el León.
Al mismo tiempo los colonos alemanes se habían establecido en Brandeburgo bajo el margrave Alberto I el Oso y en Silesia. Barbarroja había restaurado la dependencia de los duques polacos durante dos expediciones a Polonia en 1157 y 1172. Enrique el León, el príncipe más poderoso en Alemania septentrional, hizo de Brunswick su residencia. Repetidamente había desafiado a los otros príncipes en feudos, pero el arzobispo Wichmann de Magdeburgo, Alberto de Brandeburgo, el landgrave Luis III de Turingia y el arzobispo Rainald de Colonia, le presentaron resistencia. No es completamente cierto que la negativa del duque Enrique a ayudar a Federico en 1176 fura la única causa de su caída. Evidentemente su violación de la paz en el territorio hizo que el emperador le acusara, conquistara Lübeck y, en 1180, mediante un concilio de príncipes en Gelnhausen, lo destituyera. Enrique perdió su ducado, dándosele Westfalia al arzobispo de Colonia y Baviera a Otón de Wittelsbach. Enrique, que estaba casado con Matilde de Inglaterra, se marchó allí bajo el rey Enrique II. Como resultado del juicio de Enrique el León, el sistema feudal se hizo una base aún más firme de la constitución imperial. A partir de entonces, solo los príncipes que hubieran recibido su tierra directamente del emperador fueron admitidos al círculo exclusivo de los príncipes imperiales (Reichsfürsten). Barbarroja elevó a los príncipes de Pomerania a duques y a los condes de Andechs les hizo duques de Merania (en las inmediaciones de Trieste). Steiermark se convirtió en ducado. Otra importante medida de Barbarroja fue la elevación del obispo de Würzburgo a duque de Franconia en 1168.

por Giovanni Baptista Tiepolo
La caballería dejó en el tiempo de Barbarroja una huella especial. Él expresó su entusiasmo por el ideal caballeresco como forma de vida en la festividad de Pentecostés en Maguncia en 1184, donde armó a su hijos como caballeros. Esta ocasión fue sobrepasada por la "dieta de Jesucristo" en 1189, cuando el margraviato de Namur fue transformado en principado imperial. Más importante fue el alistamiento de Barbarroja en la tercera cruzada en la primavera de 1189 para liberar Jerusalén del ejército de Saladino, quien la había capturado en 1187. Antes de su partida devolvió las antiguas posesiones de la condesa Matilde de Toscana, parte de los Estados papales, al papa. En 1190 el emperador se ahogó mientras intentaba cruzar el río Selef.
Valoración.
Federico Barbarroja intentó continuar la política imperial de los gobernantes de las dinastías Sajona y Sálica. Su gobierno estuvo fundado sobre los nobles, alta nobleza y por encima de todo el rango recién fundado de los siervos imperiales. Las ciudades imperiales en Alemania fueron gobernadas por oficiales reales (advocatis sculteti) y los ciudadanos tuvieron su parte en el gobierno. Las ciudades no jugaron ningún papel en la política. Federico tuvo que reconocer que la Iglesia, tras la batalla de las investiduras, controlaba firmemente la institución, con su poder estrictamente definido por la ley. La Iglesia tuvo que unirse a la batalla por la libertad de los Estados económicamente fuertes de la Italia superior. El papa Alejandro III pudo obligar a los reyes de Europa (especialmente a Luis VII de Francia) a no entrar en acuerdos políticos con Barbarroja. Solo Felipe II Augusto de Francia firmó un tratado con él para liberarse de las presiones creadas por la ocupación anglo-normanda en el continente. No hubo oportunidad para que una continuidad e incremento de la política imperial en los territorios controlados por el imperio quebrara el poder de los príncipes. Alemania se convirtió en un sistema de Estados territoriales tras la muerte de Barbarroja, mientras que Francia se convirtió durante el tiempo de Felipe II Augusto en una monarquía centralizada. Barbarroja tuvo un gran sentido de la ley y el prestigio imperial. Su firme oposición al papa y a Enrique el León le hizo símbolo de la unidad alemana en la glorificación romántica del siglo XIX. La gente desde el siglo XIV creyó que estaba durmiendo en el castillo imperial de Kyffhäuser y esperaba su retorno. Durante los años 1890-96 se erigió un monumento en su honor.