Historia

FELIPE DE HESSE (1504-1567)

Felipe de Hesse, o Felipe el Magnánimo, nació en Marburgo el 13 de noviembre de 1504 y murió en Cassel el 31 de marzo de 1567.

Estatua de Felipe de Hesse en WormsFotografía de Wenceslao Calvo
Estatua de Felipe de Hesse en Worms
Fotografía de Wenceslao Calvo
Primeros años e identificación con el protestantismo.
Desde 1509 a 1567 fue landgrave de Hesse y uno de los más poderosos promotores de la Reforma protestante. Su padre murió cuando Felipe tenía cinco años y en 1514 su madre, Ana de Mecklenburgo, tras una serie de batallas con los Estados de Hesse, logró hacerse con la regencia en su favor. Sin embargo, las controversias todavía continuaron, por lo que, para poner fin a las mismas, Felipe fue declarado mayor de edad en 1518, asumiendo en realidad el poder al año siguiente. El poder de los Estados había sido quebrantado por su madre, pero poco más le debía Felipe. Su educación había sido muy imperfecta y su preparación moral y religiosa quedó desatendida. A pesar de todo esto, rápidamente demostró ser un estadista y pronto comenzó a dar pasos para incrementar su autoridad personal como gobernante.

El primer encuentro de Felipe de Hesse con Lutero sucedió en 1521 en la dieta de Worms, donde se sintió atraído por la personalidad del reformador aunque al principio él tenía poco interés en los elementos religiosos de la situación. Fue sólo tras su matrimonio con Cristina, la hija de Jorge de Sajonia, ya en 1524, que comenzó a tomar parte activa por la causa de la Reforma. El impulso para esta actividad vino de la lectura de la traducción de la Biblia hecha por Lutero y su naciente protestantismo fue estimulado al reunirse con Melanchthon en la primavera de 1527. Ya en 1524 había estimulado la difusión de las nuevas doctrinas en sus territorios y ahora profesaba adherencia abierta a los principios de Lutero, rechazando seguir el consejo de los clérigos, su madre, o su suegro, todos los cuales le exhortaban a reprimir la difusión de la nueva enseñanza por la fuerza. Él abiertamente aprobó la posición de Lutero en la Guerra del Campesinado, declarando que no fue resultado del movimiento protestante; rechazó alinearse con la liga anti-luterana de Jorge de Sajonia en 1525 y mediante su alianza con el elector Juan de Sajonia, concluida en Gotha el 27 de febrero de 1526, mostró que ya estaba dando pasos para organizar una alianza protectora de todos los príncipes y poderes protestantes. Al mismo tiempo unió los motivos políticos a su política religiosa, procurando, ya en la primavera de 1526, impedir la elección del archiduque Fernando como emperador del Sacro Imperio Romano. En la dieta de Spira (1526) Felipe abiertamente defendió la causa protestante, haciendo posible para los predicadores protestantes propagar sus ideas mientras la dieta estaba en sesión y, como sus seguidores, despreciando abiertamente las costumbres ordinarias eclesiásticas católicas.

Introducción de la Reforma en Hesse.
Aunque no había un fuerte movimiento popular para reformar Hesse, Felipe determinó organizar la Iglesia según los principios protestantes. Para ello fue ayudado no sólo por su canciller, el humanista Feige (Ficinus) de Lichtenau, y su capellán, Adam Krafft, sino también por el ex-franciscano François Lambert, un fanático enemigo de la fe que había dejado. Aunque la violenta política de Lambert, incorporada al menos en parte en el orden eclesiástico de Homberg, fue abandonada y se adoptó un tipo esencialmente luterano de organización, los monasterios y fundaciones religiosas fueron disueltas, sus propiedades aplicadas a propósitos caritativos y educativos y la universidad de Marburgo se fundó en el verano de 1527 para ser, como la de Wittenberg, una escuela de teólogos protestantes. El suegro de Felipe y los obispos de Würzburgo y Maguncia participaron en la agitación contra el crecimiento de la nueva herejía y la combinación de diversas circunstancias, incluyendo rumores de guerra, convencieron a Felipe de la existencia de una liga secreta entre los príncipes católicos. Sus sospechas quedaron confirmadas para su propia satisfacción por una falsificación que le fue dada por un aventurero que había sido empleado en importantes misiones por Jorge de Sajonia, un tal Otto von Pack; tras reunirse con el elector Juan de Sajonia en Weimar el 9 de marzo de 1528 se acordó que los príncipes protestantes tomarían la ofensiva para proteger su territorio de invasión y captura. Tanto Lutero como el canciller y el elector, Brück, aunque convencidos de la existencia de la conspiración, le aconsejaron fuertemente que no interviniera en la ofensiva. Las autoridades imperiales en Spira prohibieron toda ruptura de la paz y, tras largas negociaciones, Felipe logró los gastos para su armamento de las diócesis de Würzburgo, Bamberg y Maguncia, viéndose obligado el obispado de esta última a reconocer la validez de la jurisdicción eclesiástica en los territorios sajón y de Hesse hasta que el emperador o un concilio cristiano decidiera lo contrario. Sin embargo, la condición de los asuntos era muy desfavorable para Felipe, quien pudo fácilmente ser acusado de perturbar la paz del imperio y en la segunda dieta de Spira, en la primavera de 1529, fue públicamente ignorado por el emperador. Sin embargo, tomó parte activa en la unión de los representantes protestantes, así como en la preparación de la celebrada protesta de Spira; antes de dejar la ciudad logró alcanzar, el 22 de abril de 1529, un acuerdo secreto entre Sajonia, Hesse, Nuremberg, Estrasburgo y Ulm.

Sospechoso de zwinglianismo.
Felipe estaba especialmente deseoso de impedir la división por la cuestión de la Cena. Por su mediación Zwinglio fue invitado a Alemania y Felipe preparó el camino para la célebre Conferencia de Marburgo. Aunque la actitud de los teólogos de Wittenberg frustró sus intentos de lograr relaciones armoniosas y aunque la situación era todavía más complicada por la posición de Jorge, margrave de Brandeburgo, quien exigía una confesión uniforme y un uniforme orden eclesiástico, Felipe sostuvo que las diferencias entre Estrasburgo y los seguidores de Lutero en sus teorías sacramentales podían corregirse y que la equivocación no podía ser bíblicamente rechazada y despreciada. El resultado fue que Felipe quedó como sospechoso de una tendencia hacia el zwinglianismo. Al mismo tiempo, los resultados de una conferencia con el elector de Sajonia y con el margrave Jorge en Schleiz (3 de octubre), más la ira del emperador al recibir de Felipe una declaración de principios protestantes compuesta por el ex-franciscano Lambert y el fracaso del landgrave para procurar cualquier acción común por parte de los poderes protestantes sobre la proximidad de la guerra con los turcos, tendieron a empujarle más cerca de los suizos y los reformadores de Estrasburgo. Con entusiasmo abrazó el plan de Zwinglio de una gran alianza protestante que se extendiera desde el Adriático hasta Dinamarca para impedir al emperador pasar por Alemania. Esta asociación causó algo de frialdad entre él mismo y los seguidores de la dieta de Augsburgo en 1530, especialmente cuando propuso su política pacífica a Melanchthon y exhortó a que todos los protestantes deberían permanecer juntos en la exigencia de que solo un concilio general decidiera sobre creencias religiosas. Esto fue supuestamente un indicio de zwinglianismo y Felipe se vio pronto en la necesidad de explicar su posición exacta sobre la cuestión de la Cena, declarando que concordaba plenamente con los luteranos, pero desaprobaba condenar a los suizos.

La llegada del emperador puso fin a esas disputas y cuando Carlos demandó que los representantes protestantes tomaran parte en la procesión del Corpus Christi y que la predicación protestante debía cesar en la ciudad, Felipe abruptamente rechazó obedecer. Ahora procuró en vano conseguir una modificación del décimo artículo de la Confesión de Augsburgo, pero cuando la posición de los altos alemanes fue oficialmente rechazada, Felipe dejó la dieta instruyendo a sus representantes para que sostuvieran la posición protestante y que tuvieran los intereses generales, no los particulares, constantemente en vista. En ese tiempo ofreció a Lutero un refugio en sus propios territorios y comenzó a cultivar estrechas relaciones con Martín Bucero, cuya comprensión de las cuestiones políticas constituyó un lazo común de simpatía entre ambos, y quien concordaba plenamente con el landgrave en la importancia de medidas de compromiso para solucionar la controversia sobre la Cena.

Dirigentes protestantes de la Liga de Esmalcalda.
Dirigentes protestantes de la Liga de Esmalcalda
Dirigente de la Liga de Esmalcalda.
En 1530 Felipe consiguió el propósito por el cual había trabajado tanto al lograr la adhesión de los poderes protestantes a la Liga de Esmalcalda, que protegería sus intereses religiosos y seculares contra la interferencia del emperador. El landgrave y su aliado, el elector de Sajonia, fueron los dirigentes reconocidos de esta unión de los príncipes y ciudades alemanas. Felipe tuvo claramente en mente la necesidad de una política anti-Habsburgo y estaba totalmente convencido de que la causa protestante dependía de la debilidad de los Habsburgo tanto dentro como fuera. Antes de embarcarse en hostilidades, Felipe intentó cumplir los fines de la política protestante mediante medios pacíficos. Propuso un compromiso sobre la cuestión de la propiedad eclesiástica confiscada, pero al mismo tiempo era incansable para proporcionar recursos para la guerra, cultivando las relaciones diplomáticas con cada uno de los poderes con los que sabía que tenían intereses anti-Habsburgo. Sin embargo, la situación adquirió un tono pacífico por los arreglos hechos en Nuremberg el 25 de julio de 1532, aunque esto no impidió a Felipe prepararse para una batalla futura. Era incansable en intentar atraerse nuevos aliados a la liga contra Carlos V y Fernando, quien había sido investido con el ducado de Württemberg; la batalla de Lauffen (13 de mayo de 1534) costó a Fernando su recién adquirida posesión y Felipe fue reconocido como el héroe del día y su victoria la victoria de la Liga de Esmalcalda. En los años siguientes esta coalición sería uno de los factores más importantes en la política europea, principalmente por la influencia de Felipe, quien no perdió oportunidad de avanzar la causa protestante. Francia e Inglaterra buscaron su alianza, que se extendió durante un periodo de diez años en 1535, añadiéndose nuevos miembros. Por otro lado, la batalla entre las dos facciones protestantes perjudicó el adelanto de los intereses mutuos y Bucero, animado por Felipe, se ocupó en el intento de traer a los protestantes a una plataforma religiosa común, cuyo resultado fue la Concordia de Wittenberg. Los temores del emperador en cuanto al propósito político de la liga fueron, de momento, puestos a un lado; pero al mismo tiempo se rechazó un concilio que incluyera representantes del papa, tomándose medidas para garantizar la permanencia de la causa protestante en el futuro. En 1538-39 las relaciones entre católicos y protestantes eran tan tensas que llegaron al punto de la ruptura, siendo impedida la guerra sólo por el Respiro de Francfort. Sin embargo, los protestantes no lograron sacar provecho de sus posibles oportunidades, principalmente por la docilidad y flexibilidad insólita de Felipe.

Mapa del imperio en el siglo XVI - Los príncipes y la Reforma
Mapa del imperio en el siglo XVI - Los príncipes y la Reforma

Matrimonio bígamo.
La inesperada carrera del dirigente protestante se vio condicionada principalmente por dos factores: Su debilidad hacia una vida licenciosa y sus relaciones matrimoniales que llegaron a un límite de escándalo para todos los protestantes. Tras unas pocas semanas después de casarse con la poco atractiva y enfermiza Cristina de Sajonia, de quien también se decía que era una inmoderada bebedora, Felipe cometió adulterio y ya en 1526 había comenzado a considerar la posibilidad de la bigamia. Escribió a Lutero para pedirle su opinión, alegando como precedente la poligamia de los patriarcas; pero Lutero le replicó (28 de noviembre de 1526) que no era suficiente para un cristiano considerar los actos de los patriarcas, sino que él, como los patriarcas, debía tener especial sanción divina. Sin embargo, ya que tal sanción faltaba en el presente caso, Lutero aconsejó contra tal matrimonio, especialmente para cristianos, a menos que hubiera una necesidad extrema, por ejemplo, si la esposa fuera leprosa, o anormal en otros aspectos. A pesar de este desánimo, Felipe no abandonó ni su proyecto ni su vida de sensualidad que le impidió durante años recibir la comunión. Estaba afectado por la opinión de Melanchthon sobre el caso de Enrique VIII, donde el reformador había propuesto que la dificultad del rey se podía solucionar tomando una segunda esposa mejor que divorciarse de la primera. Para fortalecer su posición, estaban las propias declaraciones de Lutero sobre sus sermones del Génesis, así como los precedentes históricos que demostraban para su satisfacción que era imposible que algo no cristiano no lo hubiera castigado Dios en el caso de los patriarcas, quienes en el Nuevo Testamento son tenidos como modelos. Durante una enfermedad debida a sus excesos pensó de forma resuelta tomar una segunda esposa, lo que le parecía ser la única solución para su atormentada conciencia y la única esperanza de mejora moral disponible. Por tanto planeó casarse con la hija de una de las damas de su hermana, Margarita von der Saale. Aunque el landgrave no tenía escrúpulos, Margarita no estaba dispuesta a dar el paso a menos que tuvieran la aprobación de los teólogos y el consentimiento del príncipe elector de Sajonia y del duque Mauricio. Felipe fácilmente ganó el consentimiento de su primera esposa para el matrimonio. Bucero, quien estaba fuertemente influenciado por argumentos políticos, fue ganado por la amenaza del landgrave de aliarse con el emperador si los teólogos no le daban el consentimiento al matrimonio, trabajando los teólogos de Wittenberg para la petición de la necesidad ética del príncipe. De modo que obtuvo de Lutero y Melanchthon el "consejo secreto de un confesor" (10 de diciembre de 1539), no sabiendo ninguno de los dos que la esposa bígama ya había sido escogida. Bucero y Melanchthon fueron citados, sin ninguna razón aducida, a Rotenburg-on-the-Fulda, donde, el 4 de marzo de 1540, Felipe y Margarita se casaron. El momento era particularmente inapropiado para cualquier escándalo que afectara a los protestantes, pues el emperador, que había rechazado el respiro de Francfort, iba a invadir Alemania. Sin embargo, unas pocas semanas más tarde todo el asunto fue revelado por la hermana de Felipe y el escándalo causó una dolorosa impresión en toda Alemania. Algunos de los aliados de Felipe rechazaron servirle y Lutero, bajo la excusa de que era un asunto de consejo dado en el confesionario, rehusó reconocer su parte en el matrimonio.

La respuesta de concesión que Felipe recibió de Bucero, Melanchthon y Lutero a su petición de un segundo matrimonio fue la siguiente:

'Según el mandamiento original de Dios, el matrimonio se establece entre un hombre y una mujer y los dos llegan a ser una sola carne, y este precepto original ha sido confirmado por nuestro Señor; pero el pecado hizo que primeramente Lamec, después los paganos y luego Abraham tomaran más de una esposa, y esto fue permitido por la ley. Pero ahora vivimos bajo el evangelio, que no prescribe ordenanzas para la reglamentación de la vida exterior, y no ha prohibido expresamente la bigamia. La ley en vigencia del país ha retrocedido al requisito original de Dios, y el deber claro de la labor pastoral es insistir en ese requisito original de Dios, y denunciar la bigamia en cualquiera de sus formas. A pesar de ello, la labor pastoral, en casos individuales de necesidad absoluta, y para evitar cosas peores, puede sancionar la bigamia únicamente bajo condiciones excepcionales; tal matrimonio bígamo, es un matrimonio verdadero (habiendo sido comprobada la necesidad) a los ojos de Dios y de la conciencia; pero no es un verdadero matrimonio en lo referente a la ley pública y a las costumbres. Por lo tanto, tal matrimonio debiera mantenerse en secreto y la dispensa que se concede debe guardarse bajo el sello de la confesión. De llegar a ser conocido, la dispensa queda invalidada eo ipso y el matrimonio se convierte en mero concubinato.'
Tentativas de acercamiento al emperador.
Este acontecimiento afectó a toda la situación política. Incluso cuando la cuestión del matrimonio ocupaba su atención, Felipe se empeñó en fabricar planes de largo alcance para reformar la Iglesia y para atraer a todos los oponentes de la casa de Habsburgo, aunque al mismo tiempo no abandonó las esperanzas de alcanzar un compromiso religioso por medios diplomáticos. Estaba profundamente disgustado por la crítica dirigida contra él y temió que la ley que él mismo había promulgado contra el adulterio se pudiera aplicar a su propio caso. En esta situación determinó hacer su paz con el emperador en términos que no supusieran deserción de la causa protestante. Ofreció observar neutralidad sobre la adquisición imperial del ducado de Cleves e impedir una alianza francesa, a condición de que el emperador le perdonara por toda su oposición y violación a las leyes imperiales, aunque sin mención directa de su bigamia. Las concesiones de Felipe, aunque declinó hacer nada perjudicial para la causa protestante, fueron bienvenidas por el emperador y, siguiendo el consejo de Bucero, el landgrave procedió a dar pasos activos con la esperanza de establecer la paz religiosa entre católicos y protestantes. Seguro del favor imperial, acordó aparecer en la dieta de Regensburgo, contribuyendo su presencia a la dirección que los asuntos tomaron en el coloquio religioso en esa ciudad, en el que Melanchthon, Bucero y Johannes Pistorius el Viejo representaron al lado protestante. Felipe logró el permiso del emperador para establecer una universidad en Marburgo y en respuesta a la concesión de una amnistía estuvo de acuerdo en estar al lado de Carlos en contra de todos sus enemigos, exceptuando el protestantismo y la Liga de Esmalcalda, para no hacer alianzas con Francia, Inglaterra o el duque de Cleves e impedir la admisión de esos poderes en la Liga de Esmalcalda. Por otro lado el emperador acordó no atacarle en caso de que hubiera una guerra común contra todos los protestantes.

Esos arreglos con acuerdos especiales desembocaron en la caída de Felipe como dirigente de la facción protestante. Se había convertido en objeto de sospecha y, aunque la liga continuó teniendo fuerza y ganó nuevos adherentes en los años sucesivos, su poder real se había marchitado. Pero mientras tanto de los príncipes seculares sólo Alberto de Mecklenburgo y Enrique de Brunswick eran todavía fieles a la causa católica y aunque la acción unida podía fácilmente haber resultado en el triunfo del protestantismo, no había tal unión; el duque Mauricio y Joaquín II de Brandeburgo no se unieron a la Liga de Esmalcalda; Cleves fue sucesivamente invadida por las tropas imperiales y el protestantismo fue rigurosamente suprimido en Metz.

En 1543 las disensiones internas de la liga obligaron a Felipe a dejar su liderazgo y a pensar seriamente en disolverla. Puso su confianza enteramente en la buena fe del emperador, acordando ayudarle tanto en contra de los franceses como de los turcos. En la dieta de Spira de 1544 defendió la política del emperador con gran elocuencia; el obispo de Habsburgo declaró que debía estar inspirado por el Espíritu Santo y Carlos ahora quiso hacerle su comandante en jefe en la próxima guerra contra los turcos.

Carlos V en la batalla de Mühlberg, óleo de Tiziano de 1548, Museo del Prado, Madrid
Carlos V en la batalla de Mühlberg, óleo de Tiziano de 1548,
Museo del Prado, Madrid
Reanudación de la hostilidad con Carlos.
Sin embargo, la situación cambió súbitamente y Felipe se vio empjuado de nuevo a la oposición, por la paz de Crespy (septiembre de 1544), que abrió sus ojos al peligro que amenazaba al protestantismo. Impidió al duque católico Enrique de Brunswick que tomara posesión por la fuerza de sus dominios; sin éxito planeó una nueva alianza con los príncipes alemanes contra Austria, prometiendo a sus miembros impedir la aceptación de los decretos del proyectado concilio de Trento; cuando esto falló procuró la neutralidad de Baviera en una posible guerra contra los protestantes y propuso una nueva alianza protestante que reemplazara a la Liga de Esmalcalda. Pero todos estos planes, como su proyectada coalición con los suizos, se vieron impedidos por los celos prevalecientes entre el duque Mauricio y el elector de Sajonia. Temeroso del éxito de sus planes, el emperador invitó a Felipe a una entrevista en Spira (28 de marzo de 1546). Felipe habló abiertamente criticando la política del emperador, haciéndose pronto evidente que la paz no podía preservarse. Cuatro meses más tarde (20 de julio de 1546) se publicó un bando imperial contra Juan Federico y Felipe como rebeldes perjuros y traidores. El resultado fue la guerra de Esmalcalda, cuya consecuencia fue desfavorable para los intereses protestantes. La derrota en Mühlberg (24 de abril de 1547) y la captura del elector Juan Federico supusieron la caída de la Liga de Esmalcalda. Desesperado, Felipe, que había estado negociando con el emperador durante algún tiempo, le suplicó misericordia, a condición de que sus derechos territoriales no fueran perjudicados y que él mismo no fuera hecho prisionero. Esos términos no fueron tenidos en cuenta y el 23 de junio de 1547 los dos dirigentes de la famosa liga fueron llevados al sur de Alemania y hechos cautivos.

Encarcelamiento de Felipe e Interim en Hesse.
El encarcelamiento de Felipe sumió a la Iglesia de Hesse en grandes tribulaciones y dificultades. Previamente había sido organizada cuidadosamente por Felipe y Bucero, habiéndose establecido sínodos, presbiterios y un sistema de disciplina. El país estaba completamente protestantizado, aunque la adoración pública no mostraba todavía uniformidad, no se aplicaba estrictamente la disciplina y existían muchos sectarios. El Interim se introdujo entonces, sancionando prácticas y usos católicos. Felipe mismo escribió desde prisión para respaldar la aceptación del Interim, especialmente porque su libertad dependía de ello. En tanto la predicación sin restricción del evangelio y el principio protestante de justificación por la fe estuvieran garantizados, los otros asuntos le parecían de importancia subordinada. Leyó literatura controversial católica, asistió a misa y quedó impresionado al estudiar a los Padres de la Iglesia. Sin embargo, el clero de Hesse se opuso firmemente a la introducción del Interim y el gobierno en Cassel rechazó obedecer los mandatos del landgrave. Mientras tanto su encarcelamiento se hizo aún más difícil por la información que recibió sobre las condiciones en Hesse, incrementándose el rigor de su confinamiento tras intentar infructuosamente escapar. No fue hasta 1552 que la paz de Passau le concedió su ansiada libertad y pudo, el 12 de septiembre de 1552, regresar a su capital, Cassel.

Últimos años.
Aunque Felipe participó en la restauración del orden dentro de sus territorios, los nuevos dirigentes, Mauricio de Sajonia y Cristóbal de Württemberg, estaban al frente. Felipe ya no deseaba asumir el liderazgo de la facción protestante. Todas sus energías se centraban en encontrar una base de acuerdo entre protestantes y católicos. Bajo su dirección sus teólogos fueron prominentes en las diversas conferencias donde se reunieron representantes católicos y protestantes para intentar hallar una base de trabajo para la unión. Felipe quedó también muy perturbado por los conflictos internos que surgieron tras la muerte de Lutero entre sus seguidores y los discípulos de Melanchthon. Nunca se cansó de llamar la atención a la necesidad de tolerancia mutua entre calvinistas y luteranos y hasta el final acarició la esperanza de una gran federación protestante, por lo que, con este fin en mente, cultivó relaciones amistosas con los protestantes franceses y con Isabel de Inglaterra. Dio ayuda financiera a los hugonotes, luchando las tropas de Hesse junto a ellos en las guerras religiosas francesas, contribuyendo esta política a la declaración de tolerancia en Amboise en marzo de 1563. Dio forma permanente a la Iglesia de Hesse por la gran agenda de 1566-67 y en su testamento, fechado en 1562, mandó a sus hijos que mantuvieran la Confesión de Augsburgo y la concordia de Wittenberg, trabajando al mismo tiempo en favor de una reunión de católicos y protestantes si las oportunidades y circunstancias lo permitían.