Historia

FELTRIA, VINCENZO BANDELLI DE (1435-1506)

Vincenzo Bandelli de Feltria, prelado y dominico italiano, nació en Castelnuovo de Asti en 1435 y murió en 1506. Su educación filosófica y teológica fue excepcionalmente brillante, según testifican sus contemporáneos en la misma Bolonia, y en su universidad recorrió la escala de las gradas docentes medievales, alcanzando un renombre extraordinario como filósofo y teólogo y, sobre todo, como polemista, en lo que se le reputaba sin rival, hasta el punto de que los maestros de nota rehusaban entrar en discusiones con él. Una de sus disputas ha sido célebre en la historia eclesiástica y particularmente en el dogma católico de la inmaculada concepción, la que sostuvo con el franciscano Bernardino de Feltria en 1481 ante el duque de Ferrara, Hércules de Este, en que arrolló por completo al adversario, obteniendo uno de sus mayores triunfos. Feltria en la discusión llegó a afirmar que sostener la exención de María del pecado original era una herejía por lo que, denunciado ante Sixto IV, que, por ser franciscano, era defensor de la exención, publicó su célebre bula Cum praecelsa, en la que se condenaba la memoria publicada por Feltria con el resumen de la doctrina desarrollada en su célebre disputa. Esto no impidió que la autoridad científica y el prestigio de Feltria fuesen en aumento tanto dentro como fuera de la orden dominica; tres años después de la desautorización de Sixto IV se le designaba para sostener una tesis en Roma con ocasión del capítulo general electivo de 1484, estando tan afortunado en el acto que el papa Inocencio VIII, que lo presidía, maravillado de sus profundos conocimientos y de su extraordinaria elocuencia, le impuso por sus manos al terminar, la birreta de maestro en teología, terminándose aquí su brillante carrera de profesor para que comenzase la de prelado.

Perteneciente a la austera congregación de Lombardía, la más poderosa de todas las observancias italianas, fue por dos veces prior del convento patriarcal de Bolonia, por otras dos también vicario general de Lombardía y, por fin, prior del monasterio de Santa María de las Gracias de Milán, que gobernó de 1495 a 1497 y de 1499 a 1501. En este tiempo se granjeó la amistad del duque Ludovico el Moro, que le estimaba tanto, que comía frecuentemente en el convento y le consultaba los negocios de Estado, según el testimonio del cronista milanés Regio, testigo presencial de estos hechos. Durante su priorato pintó Leonardo da Vinci su célebre Cena en el refectorio del convento, naciendo de aquí la leyenda que asegura que el artista, deseoso de vengarse del prior que se había quejado al duque de su lentitud en el trabajo, lo retrató en la cabeza de Judas. Diplomático hábil, a la entrada de Luis XII de Francia en Milán, su dignidad y buenos oficios le granjearon la estimación de dicho monarca y del cardenal Georges de Amboise, amistad que le fue muy útil en adelante. Alejandro VI, a instigación del cardenal protector de los dominicos, Oliverio Caraffa, lo nombró vicario general de la orden por su breve Vacante pridem del 29 de agosto de 1500, a la muerte de Francisco Mei, lo que equivalía a presentarlo como candidato pontifical al generalato, vacante por la muerte de Joaquín Torriani. Como la fama del presentado lo hacía suponer, fue elegido unánimemente al primer escrutinio, no sin sorpresa suya, dado su amor a la observancia. El retrato moral que de él hacen los que le trataron, como el cronista Olmeda, no puede ser más honroso, pues reunía las cualidades intelectuales y morales que hacen al gobernante extraordinario.

Su primera encíclica presagia la política de su generalato, encaminada al florecimiento de la vida científica y de la observancia regular. La elección del gran teólogo Tomás de Vio, más conocido por el cardenal Cayetano, para su vicario y procurador general, fue el primer acto administrativo del general Feltria, que en los cinco años de mando preparó el grandioso florecimiento de los dominicos en el siglo XVI. En 1402 emprendió la visita de los conventos, a pie, recorriendo los de Italia, plantando por todas partes la reforma, según atestiguan los registros conservados. El 4 de mayo de 1503 estaba en París, donde dictó algunas ordenaciones para el buen gobierno de la congregación observante de Holanda; en junio visitaba los conventos de Bélgica y a fones de diciembre del mismo año se encontraba en el célebre convento real de San Maximino para implantar la reforma de acuerdo con Luis XII, patrón del mismo en su calidad de conde de Provenza. Las dificultades fueron muy grandes, pero la amistad del general con el rey y una entrevista que ambos tuvieron en Lyón, obligaron a los rebeldes a someterse. De Francia pasó a España, donde fue recibido por los Reyes Católicos con singularísimas muestras de aprecio, excitando la admiración general por su ciencia y la dignidad de su vida religiosa, y acelerando cuanto pudo la propagación de la reforma. El florecimiento de los dominicos le debe mucho a él. Resultado de su visita fue la fundación de la universidad de Ávila, hecha en el convento de Santo Tomás de dicha población, a petición de los Reyes Católicos, sus fundadores, cursos públicos en los conventos de Toledo y Sevilla y la preparación del célebre colegio de San Gregorio de Valladolid. A él se debió también la transformación en provincia de la congregación de la observancia en España. En San Maximino se detuvo durante algún tiempo en Francia a su regreso a Italia, donde se encontraba en Pentecostés de 1505, presidiendo el capítulo general reunido en el convento de San Eustoquio en Milán, encaminándose luego a Roma, acompañado de Domingo Spatafara. Tras fallecer, los restos de Feltria fueron transportados al convento de San Domenico Maggiore de Nápoles, donde se erigió un monumento funerario con una inscripción laudatoria.