Catherine Ferguson, educadora y filántropa americana, nació hacia 1780 y murió en Nueva York el 11 de julio de 1854.
Catherine Ferguson
Catherine era hija de una mujer negra que fue vendida cuando ella tenía ocho años y a la que no vio nunca más. Su propia angustia le enseñó a identificarse con los niños abandonados, lo que sería la tarea de su vida. Su ama fue bondadosa e indulgente y Catherine pudo asistir a la iglesia, donde escuchó la predicación del doctor John M. Mason. Nunca aprendió a leer, pero en su retentiva memoria almacenó una vasta cantidad de conocimiento bíblico, que le fue de gran utilidad. Cuando se aproximaba a la madurez su mente quedó agitada por la condición de su alma y su destino, yendo a visitar al doctor Mason para consejo. Fue temblando y cuando llegó el bondadoso pastor le preguntó si venía para hablar de su alma. La pregunta descargó sus sentimientos y al salir de la casa del pastor su corazón rebosaba de alegría. Una generosa dama compró la libertad de Catherine por 200 dólares cuando ella tenía 16 años de edad, dándole cien a cambio de once meses de servicio. Divie Bethune recaudó los otros cien y Catherine quedó en libertad. Se casó a los 18 años de edad, teniendo dos hijos que perdió y dedicándose desde entonces al bien de los niños necesitados. En su humilde vivienda en Warren Street recogía a las pobres criaturas del vecindario, blancos y negros, cada domingo, para instruirlos en la fe ella misma y por blancos que le pudieran ayudar. Algunas veces Isabella Graham invitó a Catherine y sus niños a su casa y ella les enseñaba el catecismo y les daba instrucción. Finalmente, el doctor Mason supo de su escuela y la visitó un domingo por la mañana. '¿Qué estás haciendo aquí, Katy?' le preguntó. '¡Dirigir la escuela el domingo!' Catherine quedó perturbada porque pensaba que la pregunta era una reprensión. 'No ha de ser así, Katy; no debes hacer esta tarea sola' y luego la invitó a trasladar su escuela al sótano de su nueva iglesia en Murray Street, donde buscó ayudantes para ella. Ese fue el origen de la escuela dominical de Murray Street, suponiéndose que la suya fue la primera escuela de esa clase en Nueva York.
Las benevolentes labores de Catherine no acabaron con la escuela dominical. Cada viernes y domingo por la tarde reunía a los pobres y marginados de su vecindad, niños y adultos, blancos y negros, en su pequeña vivienda, teniendo siempre algún buen hombre que dirigiera los servicios de una reunión de oración. Tal fue su hábito durante 40 años dondequiera que vivió. Su influencia era siempre palpable y los distribuidores de tratados testificaban que donde Catherine residía el vecindario mejoraba. Aunque trabajaba para el pan diario por poca remuneración, repartía alegremente su ganancia con generosidad. Siempre encontraba alguien más pobre que ella. A lo largo de su vida recogió 48 niños (20 de ellos blancos) de casas de beneficencia o de padres disolutos y los tuvo consigo hasta que pudo encontrarles mejores hogares. Catherine murió de cólera y sus últimas palabras fueron: 'Todo está bien.'