Historia
FERNANDO II (1578-1637)
- Tempranos progresos de la Reforma
- Reacción bajo Rodolfo II
- Ganancias protestantes después de 1600
- Fuerzas trabajando para el catolicismo
- Fernando II. Sus medidas en Austria interior
- Fernando emperador, 1619-37

El punto culminante de la Reforma y la Contrarreforma sucedió una generación después en los territorios de la corona austriaca de los Habsburgo que en cualquier parte de Alemania; la cuestión decisiva, desfavorable para la Reforma, no aparece antes del primer tercio de la Guerra de los Treinta Años, bajo el gobierno del emperador Fernando II. Cuando en 1564 las tierras austriacas pasaron de las manos de Fernando I a las manos de sus tres hijos, Maximiliano, Fernando y Carlos, la Reforma había hecho casi iguales progresos en todas esas jurisdicciones; en todas partes había sido tácitamente tolerada y por tanto había ganado tal ventaja que la transición completa al protestantismo parecía depender sólo de su reconocimiento legal y de la creación de una organización eclesiástica. La mayoría de todas las clases de la sociedad habían adoptado las nuevas ideas. En Bohemia y Moravia, en Silesia y Lusacia, en la Austria baja y superior, Estiria, Carintia, Carniola y Göritz, casi toda la población estaba llena del nuevo espíritu. Sólo en el Tirol la Iglesia católica continuaba siendo predominante.
Maximiliano II, en Bohemia (con sus dependencias, Moravia, Silesia, Lusacia) y la alta y baja Austria, y el archiduque Carlos en la Austria interior (Estiria, Carniola, Carintia, Göritz), persistieron al principio en la disposición tolerante de su padre. Se hicieron las concesiones más importantes a los Estados territoriales protestantes. En la Austria inferior, desde 1568 a 1571, Maximiliano otorgó libertad religiosa a la nobleza y sus súbditos, reclamándose las mismas concesiones en la Austria superior que no les fueron negadas, aunque nunca les fueron formalmente extendidas. La nobleza bohemia tuvo semejante libertad religiosa en 1575. En la Austria interior, desde 1572 a 1578, Carlos acordó la denominada pacificación religiosa, que permitía a los señores y caballeros profesar la Confesión de Augsburgo y toleraba las escuelas e iglesias protestantes existentes; sólo para las ciudades de la corona y para sus propios Estados el archiduque retuvo expresamente el control de la religión. Carlos hizo esas concesiones con la mayor renuencia, si bien nada sino la necesidad de dinero y el peligro amenazante de los turcos le obligaban a hacerlo. De hecho una presión externa similar se hizo patente en el caso de Maximiliano II, pero su sensibilidad religiosa sufrió menos por la concesión, al tener considerable simpatía con las nuevas ideas.

Los primeros fundamentos legales para el desarrollo de la Iglesia protestante se obtuvieron a través de esas concesiones; pero bajo el impulso de una enérgica reacción que se estaba desarrollando con nueva fuerza en el catolicismo, los sucesores de esos príncipes, apoyados por los jesuitas y el remanente católico de la nobleza, lucharon para eliminar las concesiones. En 1578, Rodolfo II (hijo de Maximiliano II, emperador 1576-1612) comenzó a expulsar a todos los predicadores protestantes de Viena; pero cuando halló fuerte oposición a sus designios en la Austria superior, trabajó más prudentemente. No obstante, alcanzó grandes resultados durante la siguiente década; mediante procedimientos legales, una iglesia tras otra les fue arrebatada a los nobles protestantes de la baja Austria y restauradas a los católicos, mientras que ciudades enteras eran conducidas a la antigua fe, pavimentando de esta manera el camino tanto como era posible para la facción de la restauración católica. La situación en la baja Austria se quedó muy atrás de cualquier procedimiento compacto por el lado de los Estados protestantes; pero en la Austria superior la oposición contra todas esas medidas se mantuvo hasta 1597, inflamándose finalmente en la insurrección de los campesinos de 1595-97, que tuvo su origen en las penurias económicas y la tensión en la Iglesia. Con esta insurrección la oposición protestante fue al mismo tiempo decisivamente suprimida por la fuerza superior de las armas. Un "comité de reforma" comenzó su incansable actividad; a la nobleza todavía se le permitía el ejercicio de la adoración protestante en sus castillos, pero los ciudadanos y campesinos fueron tan duramente presionados en el curso de unos pocos años que a comienzos del siglo XVII el dominio de la Iglesia católica en la Austria superior fue externamente restaurado. Sin embargo, una gran proporción de la población permanecía siendo protestante en sus convicciones.
Ganancias protestantes después de 1600.
Hacia 1600, Rodolfo II estaba perturbado de mente. Finalmente las consecuencias de su condición fueron tan desastrosas para el gobierno de sus dominios que en 1604 parecía que un colapso de su gobierno y con ello, del poder de los Habsburgo, era inminente. Los parientes más próximos del emperador procuraban obviar el peligro alineándose contra Rodolfo y preparando su sucesión en la persona de su más joven hermano Matías. Al no ser tratable Rodolfo, Matías recurrió al conflicto abierto y para fortalecer su poder tuvo que solicitar la ayuda de los Estados de Hungría y las tierras de la corona y fortificarlas él mismo mediante concesiones. En 1606 prometió a los protestantes húngaros el libre ejercicio de la religión y garantizó a los Estados moravos contra toda forma de persecución religiosa. Pero fue más difícil para él hacer acuerdos con los Estados austríacos; éstos demandaron, antes del acto de homenaje, la libertad religiosa completa y nuevos derechos estatutarios. No obstante Matías, de mala gana, cedió en los puntos esenciales, mientras los Estados emplearon este tiempo de independencia en reorganizar la Iglesia sobre líneas protestantes e instituir la adoración pública y las escuelas en todas partes. Las mismas condiciones favorecieron a los Estados en Bohemia; como condición de apoyo al emperador contra Matías obtuvieron primero libertad religiosa provisional y luego, el 9 de julio de 1609, el breve imperial en solemne reconocimiento de la libertad religiosa y la organización eclesiástica de los protestantes. Resultados similares se alcanzaron en los Estados de Silesia. Al recibir las tierras de la corona y el imperio en 1612, Matías confirmó las concesiones de su hermano.
Fuerzas trabajando para el catolicismo.
El conflicto entre Rodolfo y Matías había fortalecido la posición de los protestantes austríacos; aparte del Tirol y Austria interior, la situación era ahora tan favorable como al final del reinado de Maximiliano II. Pero había algunas diferencias de peso. Minorías católicas celosas y fuertemente organizadas moraban en los Estados protestantes; la Iglesia católica había ganado fuerza interna; los jesuitas habían fundado establecimientos y escuelas en todos los centros importantes, ejerciendo influencia sobre la generación venidera; la universidad de Graz les pertenecía a ellos completamente y Viena les fue transferida en 1617; los capuchinos igualmente ejercieron una actividad fructífera. Y con más intensidad que anteriormente la oposición entre el gobierno y los Estados protestantes creció; puntos de enfrentamiento eclesiástico y político estaban inseparablemente mezclados y el protestantismo y el "estatismo" caminaban juntos igual que el catolicismo y el imperialismo. Cuanto más crecía el poder de los Estados y más luchaba la nobleza por una federación de todos los Estados bohemios austríacos, tanto más hostil se hacía la actitud de la monarquía hacia todos los derechos y esfuerzos de los Estados. Matías al principio dejó que las cosas siguieran su curso, pero cuando se las ingenió, en 1617, para inducir a los estados a "aceptar" a Fernando de Estiria como sucesor a la dignidad real, sus convicciones se manifestaron en la dirección de la Contrarreforma. La consecuencia fue el levantamiento bohemio y la afirmación de la independencia bohemia de la dinastía de los Habsburgo, siendo elegido rey un príncipe protestante, Federico V del Palatinando. Pero con la supresión de la insurrección bohemia llegó igualmente la derrota final y decisiva del protestantismo austríaco. Fernando II, sucesor de Matías, se convirtió en el restaurador del catolicismo para toda Austria, lo mismo que Matías había sido para la Austria interior dos décadas antes.
Fernando II. Sus medidas en Austria interior.
Fernando había recibido una educación estrictamente eclesiástica, primero en Graz y luego en la universidad de Ingolstadt; sus lecturas favoritas, gracias a la influencia de los jesuitas, eran tratados edificantes y leyendas de santos. Sucedió a su padre, el archiduque Carlos, en 1590 y comenzó reinar activamente en 1595, con la firme resolución de ayudar a la Iglesia católica a obtener la victoria. A finales de junio de 1598 comenzó a instituir sumarias medidas por toda Austria interior. Los predicadores y maestros protestantes fueron expulsados, las iglesias protestantes cerradas, los súbditos protestantes obligados a escoger entre regresar al catolicismo o emigrar; incluso a la nobleza le fue prohibida el ejercicio de la adoración protestante, dejándole solamente sus confesiones de fe. Posteriormente, cuando estaba en la cima de su éxito en 1628, Fernando obligó a la nobleza a regresar a la Iglesia católica en el plazo de un año. Los denominados "comités de reforma" eran activos en todo el país; los jesuitas extendieron sus actividades más ampliamente que nunca, mientras que la prohibición de escuelas extranjeras limitaba a todos los aspirantes a la educación a las escuelas de la Compañía de Jesús. Fernando no permitió que nada le distrajera de llevar a cabo su política; ni las protestas de sus consejeros, ni las del emperador, ni las de los Estados protestantes, le hicieron detenerse. La oposición de su nobleza, la vigorosa resistencia del pueblo en conjunto, manifestadas frecuentemente, demostraron ser en vano; su propio poder soberano, enérgicamente aplicado, se mostró suficientemente fuerte para ejecutar su voluntad con prontitud. En 1602 la Contrarreforma había concluido en las jurisdicciones de Austria central, aunque al costo de un serio e irreparable declive de su prosperidad, ya que muchos de los habitantes más ricos y devotos habían salido por causa de su fe.
Fernando emperador, 1619-37.
Cuando Fernando, tras la muerte de Matías en 1619, hubo sido elegido emperador, su primer paso, en alianza con Maximiliano de Baviera y la Liga, fue derrotar la insurrección bohemia. Desde 1621 en adelante, comenzó la ejecución sistemática de la Contrarreforma en Bohemia, Moravia y Austria superior e inferior. En Bohemia primero los maestros y predicadores protestantes fueron expulsados del país, la asistencia a la adoración católica fue hecha obligatoria y al pueblo le fue dado entre sujetarse o emigrar; en este caso la propiedad de los emigrantes era confiscada. En las ciudades fueron puestos en los cargos los consejeros municipales católicos, quedando los protestantes excluidos de toda posición municipal y civil. Las imposiciones militares quebraron el espíritu de los recalcitrantes, mientras que les fueron otorgadas recompensas para la transición al catolicismo. Desde 1624, se pusieron en marcha medidas contra la nobleza y en julio de 1627 se emitió una patente imperial con el fin de que nadie fuera tolerado a menos que fuera católico, independientemente de su rango o posición, otorgándose a la nobleza un plazo de seis meses para el cambio y un término correspondiente para la venta de sus propiedades, en el caso de desobedecer esas órdenes. En el curso de algunos años el protestantismo fue eficazmente suprimido en Bohemia. Procedimientos similares se emplearon en Moravia y la baja Austria, donde, sin embargo, la nobleza quedó exenta de la conversión compulsiva; no fue hasta 1641 cuando se pusieron en marcha medidas más severas contra ellos, porque alegaron estar en alianza con los suecos. En la Austria superior la Contrarreforma se fechó sólo desde 1624, siendo virtualmente terminada en 1626.
Las últimas manifestaciones activas de las ideas protestantes en Austria central quedaron eliminadas en 1628 por la expulsión de los nobles protestantes, que llegaron a 800 en número. En Silesia, también, obviando las anteriores promesas, el protestantismo fue combatido desde 1627 en adelante, aunque en este caso sólo jurisdicciones particulares se convirtieron en católicas de nuevo, que los avatares de la guerra pusieron completamente en manos del emperador. Desarrollar la contrarreforma en Hungría no estaba en el poder de Fernando, pero según pasó el tiempo el cardenal Peter Pázmány, arzobispo de Gran, dirigió una Contrarreforma pacífica, alcanzando tales resultados que a todos los efectos la mayoría de la nobleza se hizo de nuevo católica. En lo que concierne a los asuntos internos de Austria, la victoria de la Contrarreforma fue igualmente la derrota de los Estados y su política; los príncipes ya no necesitaban temer las reclamaciones autonómicas de los Estados.