Historia

FICHTE, JOHANN GOTTLIEB (1762-1814).

Johann Gottlieb Fichte nació en Rammenau, cerca de Bischofswerda, Alemania, el 19 de mayo de 1762 y murió en Berlín el 27 de enero de 1814.

Johann Gottlieb Fichte, litografía
Johann Gottlieb Fichte, litografía
Era hijo de un pobre tejedor y asistió a la escuela pública en Meissen y a la escuela caritativa en Schulpforts. Más tarde estudió en las universidades de Jena y Leipzig. Durante varios años fue tutor privado en Leipzig, Zurich y Varsovia. En 1792 fue a Königsberg para escuchar a Kant, cuyo trascendentalismo había adoptado. Aquí escribió en cuatro semanas su Versuch einer Kritik aller Offenbarung (Königsberg, 1792), que apareció anónimamente y fue atribuido a Kant. Cuando la autoría del libro se dio a conocer, nació la reputación de Fichte como filósofo. Tras una corta residencia en Zurich, asumió un profesorado de filosofía en Jena en 1794 y aquí publicó Grundlage der gesammten Wissenschaftslehre (Jena, 1794), su nuevo sistema de filosofía; Die Bestimmung des Gelehrten (1794); Grundlage des Naturrechts (2 partes, 1796) y System der Sittenlehre (1798). Tanto sus escritos como sus conferencias causaron una profunda impresión, pero también crearon una sospecha de ateísmo. En 1798 publicó un pequeño ensayo titulado Ueber den Grund unsers Glaubens an eine göttliche Weltregierung, en el que declaraba que el orden moral del mundo es Dios y que no hay otro Dios. A pesar de su firme negación de la acusación de ateísmo fue destituido de la universidad unos pocos meses después. En junio de 1799 fue a Berlín donde, salvo durante un verano en Erlangen en 1805 y una visita a Königsberg en 1806-07, pasó el resto de su vida. En este período entregó Die Bestimmung des Menschen (Berlín, 1800), Grundzüge des gegenwärtigen Zeitalters (1806), conferencias dadas en Berlín en 1804-05, Ueber das Wesen des Gelehrten (1806), conferencias pronunciadas en la universidad de Erlangen en 1805 y Reden an die deutsche Nation (1808), un famoso curso de conferencias pronunciado en Berlín en el invierno de 1807-08. Tomó parte prominente en la fundación de la universidad de Berlín y fue profesor de filosofía en la nueva institución desde su apertura (1810) hasta su muerte. Los frutos de su trabajo académico allí se hallan en Die Wissenschaftslehre in ihrem allgemeinen Umrisse (1810) y en Die Thatsachen des Bewusstseins (Tubinga, 1817).

Fichte deriva todo conocimiento filosófico del único principio de la conciencia del Yo indivisible, que postula su propio ser en distinción de un no-Yo divisible. Su ética se basa en la absoluta libertad de este Yo como ser inteligente. La religión se reduce a la fe en el orden moral del universo, lo que desemboca en una afirmación positiva de la inmortalidad sobre la base de que ningún yo, por medio del cual el acto de la conciencia haya llegado a ser real, puede perecer. Mientras que el subjetivismo de Fichte fue pronto sustituido por otras ideas metafísicas, su influencia como reformador moral se dejó sentir en Alemania hasta el día de hoy.

El siguiente párrafo procede de su obra La doctrina de la ciencia.

'Idealismo y dogmatismo: éstos son los únicos sistemas filosóficos posibles. Según el primero de ellos, las representaciones acompañadas del sentimiento de necesidad son producto de la inteligencia (que es el presupuesto que las justifica); mientras que según el segundo sistema, son el producto de algo existente en sí mismas y que su explicación...
Ninguno de estos dos sistemas puede confutar directamente al otro, la polémica que tienen entablada se refiere al primer principio, que no puede ya deducirse de otro. El uno logra confutar el principio del otro sólo cuando sea admitido suyo propio. Se niegan total y absolutamente.
De ello se deriva una cuestión interesante: a alguien que se percibiese de este hecho, lo que no es difícil en absoluto, ¿qué le induciría a preferir uno de los dos sistemas, y no otro?... La discusión entre el idealista y el dogmático estriba propiamente en esto: si la autonomía del Yo debe sacrificarse a la de la cosa, o viceversa.
La elección de una filosofía depende, pues, de cómo uno sea, pues un sistema filosófico no es un utensilio muerto que pueda dejarse o tomarse según se nos antoje, sino que está animado por el alma de la persona que lo posee.
Un carácter débil por naturaleza o debilitado por la frivolidad, el lujo refinado y la servidumbre espiritual, no se elevará nunca hasta el idealismo... Para ser filósofo (suponiendo que el idealismo se confirme como la única filosofía verdadera), hay que haber nacido filósofo, haber sido educado filósofo y haberse educado a sí mismo para serlo. No hay arte humana que convierte a nadie filósofo.
Por ello, esta ciencia se augura muy pocos prosélitos entre los hombres ya hechos; si quiere tener alguna esperanza, deberá buscarla en la juventud, cuya fuerza innata aún no ha sucumbido a la laxitud de nuestra época.'