Historia
FICHTE, JOHANN GOTTLIEB (1762-1814).

Fichte deriva todo conocimiento filosófico del único principio de la conciencia del Yo indivisible, que postula su propio ser en distinción de un no-Yo divisible. Su ética se basa en la absoluta libertad de este Yo como ser inteligente. La religión se reduce a la fe en el orden moral del universo, lo que desemboca en una afirmación positiva de la inmortalidad sobre la base de que ningún yo, por medio del cual el acto de la conciencia haya llegado a ser real, puede perecer. Mientras que el subjetivismo de Fichte fue pronto sustituido por otras ideas metafísicas, su influencia como reformador moral se dejó sentir en Alemania hasta el día de hoy.
El siguiente párrafo procede de su obra La doctrina de la ciencia.
'Idealismo y dogmatismo: éstos son los únicos sistemas filosóficos posibles. Según el primero de ellos, las representaciones acompañadas del sentimiento de necesidad son producto de la inteligencia (que es el presupuesto que las justifica); mientras que según el segundo sistema, son el producto de algo existente en sí mismas y que su explicación...
Ninguno de estos dos sistemas puede confutar directamente al otro, la polémica que tienen entablada se refiere al primer principio, que no puede ya deducirse de otro. El uno logra confutar el principio del otro sólo cuando sea admitido suyo propio. Se niegan total y absolutamente.
De ello se deriva una cuestión interesante: a alguien que se percibiese de este hecho, lo que no es difícil en absoluto, ¿qué le induciría a preferir uno de los dos sistemas, y no otro?... La discusión entre el idealista y el dogmático estriba propiamente en esto: si la autonomía del Yo debe sacrificarse a la de la cosa, o viceversa.
La elección de una filosofía depende, pues, de cómo uno sea, pues un sistema filosófico no es un utensilio muerto que pueda dejarse o tomarse según se nos antoje, sino que está animado por el alma de la persona que lo posee.
Un carácter débil por naturaleza o debilitado por la frivolidad, el lujo refinado y la servidumbre espiritual, no se elevará nunca hasta el idealismo... Para ser filósofo (suponiendo que el idealismo se confirme como la única filosofía verdadera), hay que haber nacido filósofo, haber sido educado filósofo y haberse educado a sí mismo para serlo. No hay arte humana que convierte a nadie filósofo.
Por ello, esta ciencia se augura muy pocos prosélitos entre los hombres ya hechos; si quiere tener alguna esperanza, deberá buscarla en la juventud, cuya fuerza innata aún no ha sucumbido a la laxitud de nuestra época.'