Historia
FILÓN (c. 20 a. C. - c. 42 d. C.)

Obras.
Perdidas y espurias.
De sus obras, Eusebio (Hist. eccl., ii. 18) da una correcta pero incompleta enumeración, pero algunos de los escritos mencionados y otros en los relatos posteriores de Jerónimo, Focio y Suidas, existen, como mucho, en fragmentos solamente. Salvo escasos fragmentos se ha perdido la importante obra 'Consuelos para los judíos', sin duda idéntica con la 'Apología de los judíos', mencionada por Eusebio; igualmente los tres libros de 'Preguntas y respuestas sobre el Éxodo', los dos libros de la 'Alegoría de las leyes sagradas', un libro 'Sobre las recompensas' y otro 'Sobre Números'. Pedro Alejo rechazó la acusación de un olvidado teólogo sociniano del siglo XVII de que un autor cristiano a finales del siglo II compuso los escritos de Filón y se los atribuyeron a él. Esta insostenible hipótesis fue resucitada en el siglo XVIII por un hipercrítico de ascendencia judía, de nombre Kirschbaum, quien asumió, sin embargo, un gigantesco fraude de varios autores cristianos. Más consideración se debe dar a los ataques sobre obras individuales, tales como De incorruptibilitate mundi, contra las 'Disertaciones sobre Sansón y Jonás' del armenio, la Interpretatio Hebraicorum nominum, y el Liber antiquitatum Biblicarum impresas en el siglo XVI con el nombre de Filón. Las tres últimas ciertamente no son auténticas. Otros críticos han levantado objeciones de peso sobre la autenticidad de De vita contemplativa, que atribuyen al monje Falsario de finales del siglo III, a causa (1) de su relación con el escrito Quod omnis probes liber del cual es la continuación, (2) el autor está más limitado en sus ideas cósmicas que Filón y tiene en mente el modo monástico de pensamiento y (3) nunca fue mencionado antes de Eusebio, quien trata de establecer la prioridad histórica del Therapeutæ. Sin embargo, este argumento da demasiada importancia al silencio antes de Eusebio, además de que la dicción es decididamente del periodo de Filón y la ascendencia del manuscrito, así como el carácter judío de su contenido, hablan de su autenticidad.
Exegéticas
Las obras incuestionables o genuinas de Filón se dividen en tres grupos: las exegéticas sobre el Pentateuco, las filosóficas y las políticas. El primero se subdivide en cosmogónicas, históricas y legislativas. De la cosmogónica De mundi opificio es una explicación alegórica de la creación en Génesis. Los escritos históricos, llamados también alegóricos o genealógicos, presentan una elucidación histórico-alegórica de Génesis capítulo por capítulo. Los de contenido legislativo presentan consideraciones éticas con referencia al Decálogo y el ritual hebreo basadas en los textos de Éxodo, Levítico y Deuteronomio.
Filosóficas y políticas.
Las obras filosóficas pertenecen al periodo temprano de Filón, siendo impugnadas por la crítica a causa de la diferencia de contenido con las de obras posteriores como De incorruptibilitate mundi, Quod omnis probus liber y De vita contemplativa. A las tales pertenece Quæstiones et solutiones in Genesin et Exodum, una breve exposición catequética del Pentateuco originalmente en cinco libros, parcialmente preservada en una traducción latina y parcialmente recuperada en otra armenia. Y del armenio De providentia en dos libros y Alexander seu de ratione brutorum. Los escritos políticos o histórico-apologéticos para las clases cultivadas de judíos y paganos, con tendencia en favor de los primeros, abarcan De vita Dosis, los 'Consuelos para los judíos', 'A Flaco' y 'Embajada a Gayo' (Calígula), siendo las dos últimas muy importantes por los datos autobiográficos, formando los libros iii y iv respectivamente parte de una obra más extensa de cinco libros 'Sobre el destino de los judíos bajo el emperador Gayo', llevando el cuarto y el quinto el título común 'Sobre las virtudes'.
Doctrinas.
Relaciones y alcance.
Filón permanece como la figura más destacada y el punto culminante de un largo desarrollo marcado por la confluencia del monoteísmo judío y la cosmogonía hebrea. Este movimiento está representado en Alejandría a mediados del siglo III a. C. por el peripatético Aristóbulo, quien ya había mostrado la tendencia a alegorizar y a hacer abstracción de la deidad a partir del antropomorfismo bíblico, mediante la incorporación de entidades intermedias. Se dice que la alegorización de Filón recogió en una poderosa vía todas las corrientes de la hermenéutica alejandrina del pasado, desembocando de nuevo en múltiples corrientes en la exégesis posterior judaica y cristiana. Él conocía a todos los filósofos griegos importantes, a los cuales cita libremente, el primero de todos a Platón, de quien deriva su contenido filosófico, aunque en su método extravagante de alegorización imitó a los estoicos. Estos alegorizaron los mitos griegos, a fin de filosofar las múltiples formas de religión popular y reducirlas a simples principios fundamentales, haciendo lo mismo Filón al manejar las prescripciones legales y formas cúlticas de los judíos, en interés del monoteísmo. En su adherencia a un Creador y Gobernador vivo y personal del universo, revelado a través de Moisés, y que escoge a Israel de entre los pueblos del mundo como peculiar posesión, Filón es inamovible. Moisés es el profeta de los profetas y su ley la esencia de la sabiduría y doctrina de virtud; renunciando a su privilegio de construir una cosmología independiente, presenta sus idas cosmológicas en la forma de un gran comentario práctico-especulativo sobre el Pentateuco. Desaprueba las sectas heréticas del judaísmo y dedica calurosa alabanza a los píos esenios. El énfasis de Filón es positivo, siendo la fe y la piedad las virtudes supremas. Su fe positiva está saturada con un ardiente misticismo, no el de la absorción en la contemplación divina, sino el que está sostenido por un lado en su ética monoteísta y por otro en su conciencia filosófica, siempre alerta para penetrar en la naturaleza de las cosas. Filón fue el primer teólogo monoteísta en el sentido cosmopolita y el predecesor de la escuela de Alejandría.
Sobre Dios como es en sí mismo.
En su doctrina de Dios distingue estrictamente entre Dios en sí mismo y Dios revelado, tal como exige su concepto teísta del Antiguo Testamento y su dualismo platónico de espíritu y materia. Por un lado, rechaza el concepto panteísta y la deificación de las criaturas, por otro, la idea antropomórfica y antropopática. Dios en sí mismo es absoluto, incorpóreo y fuera del universo material, abarcándolo todo, pero sin ser abarcado. Está fuera del tiempo y el espacio y su ser es incognoscible. El único nombre por el que Dios puede ser designado es ser puro (to on o ho on). Aunque sin atributos reales, sin embargo no pueden evitarse en contraste con el ser creado ciertas características, como la inmutabilidad, unidad, simplicidad, libertad absoluta y belleza, sin falta de nada, auto-suficiencia, por la que permanece en relación con la nada, no siendo ninguna de las cosas creadas. Dios es llamado 'el Bien' sólo en el sentido de que es la fuente de todo lo bueno; 'Luz' en el sentido figurado, sólo como la fuente divina, mucho más brillante que las luces visibles, igual que el sol excede a las tinieblas.
Dios revelado; creación.
Dios en tanto se revela, por otro lado, es también inmanente en su relación con el universo, llenando todas las cosas, penetrándolas sin dejar vacío. Es el autor del universo y la primera causa de la que depende el mundo de los espíritus y el sensorial. De sus relaciones con el universo surgen una serie de atributos, tales como la omnipotencia, en virtud de la cual es topoderoso y la causa eficiente de todo, omnisciencia, sabiendo el presente y el futuro, y sabiduría, por la que trasciende el consejo y razón de los humanos. Tres corolarios se desprenden de su poder creativo: la materia, los medios y el objeto. (1) La sustancia era la materia (hyle), la nada relativa (me on). El tiempo evoluciona de la materia informe y no en el tiempo, sino con el tiempo, fueron creados cielos y tierra. La creación en seis días hay que tomarla figuradamente, siendo seis un símbolo de perfección y representando el orden creativo y no el tiempo. Esta concepción de la creación, tomada del Timeo de Platón, no es más que fundamentalmente el plan racional absoluto de la creación que surge del Logos de Dios. Este Logos es el medio por el que el universo fue creado, siendo el objeto la benevolente auto-impartición amorosa y libre de Dios a sus criaturas.
Potencias intermedias; el Logos.
Entre el Dios infinito y el universo finito e imperfecto hay un ancho abismo, que es removido al llenarse con potencias divinas (dynameis), que son seres peculiares mediadores o conceptos, representados por un lado como poderes activos, revelaciones o atributos de Dios y por otro como seres personales de categoría espiritual. Inabarcables en número se someten a clasificación, a saber, bienhechores y poderes primitivos. A la cabeza de los primeros está el agathotes, por el que Dios hizo el universo y a la cabeza de los segundos el arche, por quien lo gobierna. Pero por encima de esas dos categorías, en la cumbre de todos los seres intermedios, constituyendo su principio de unidad, aparece el Logos divino. Él es el padre y guía, el primogénito. Si los otros son ángeles, él es el arcángel. Él permanece en relación inmanente con Dios y procede de él, mientras que los demás proceden del Logos. A veces es llamado segundo Dios o imagen de Dios, siendo su administrador, instrumento y mediador. Como mediador, a través de él fue hecho el mundo. En él subsistieron al principio de la creación cielos y tierra. Él es el asiento de las ideas que por participación o separación proyecta de sí mismo. A través de él Dios imprime las potencias intermedias, que tienen su fundamento en el Logos, sobre la materia; de ahí que sea llamado 'sello de Dios'. Como lazo de unidad, Dios sostiene y dirige todo a través de él. Es también el sumo sacerdote y abogado de los hombres ante Dios. El sinónimo 'palabra' (rhema; Y dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz.[…]Génesis 1:3; Por la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca.[…]Salmos 33:6; Y te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no sólo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del SEÑOR.[…]Deuteronomio 8:3), usado a veces por Filón, indica que el Logos era para él equivalente al término bíblico del instrumento de la creación y del gobierno del mundo del Antiguo Testamento.
Hombre.
Al terminar la obra de la creación, Dios hizo primero al hombre celestial por medio del Logos, es decir, el hombre ideal preexistente, en su estado pretemporal, espiritual, asexuado y eterno, inmaculado y a la imagen divina. Posteriormente, al hombre terrenal, no hecho por el Logos solo sino con la ayuda de potencias inferiores, siendo deficiente su imagen perfecta de Dios y sujeto a la posibilidad de pecar. De hecho, este alma elevada (nous) vino del aliento creativo y vivificante de Dios, pero en la creación de su alma inferior (con su razón terrenal, nous geïnós), al igual que con su cuerpo, cooperaron varias potencias angélicas o demiurgos. Tras vivir el hombre terrenal siete años en el Paraíso o esfera de las virtudes, especialmente la piedad y la sabiduría, fue diferenciado sexualmente por la formación de la mujer, entrando en el estado de tentación y pecado. Los resultados de la caída son parcialmente físicos y parcialmente éticos, incrementándose los últimos por la degeneración de los descendientes de Adán, impuros desde el nacimiento. Una parcial imagen de Dios permanece en el libre albedrío y la percepción racional, reteniendo por ellas conexión ininterrumpida con Dios, particularmente por el Logos a través del cual se revela Dios. Muchos fallan en entender a Dios por su propia culpa; sólo los consagrados que saben cómo elevarse sobre lo terrenal pueden entrar en relaciones más estrechas con él. En la revelación especial de las Escrituras, Moisés es el mediador terrenal de una revelación que muestra a Israel como el escogido y poseído por Dios, tal como el Logos es el mediador celestial.
Escrituras.
Las Escrituras, teniendo Filón en mente la Septuaginta, son capaces de un doble sentido y no deben ser entendidas más que alegóricamente. El sentido inmediato es el literal, apto para mentes más débiles, siendo la capa externa que el sentido mediato o alegórico penetra y llena, al igual que el alma hace con el cuerpo. Los criterios para preferir lo alegórico son: (1) cuando lo literal representa algo indigno de Dios, (2) cuando hay aparente contradicción y (3) cuando el texto es figurativo. En una serie de ejemplos se implica un sentido más profundo: (1) por una duplicación de expresión, (2) una palabra o palabras redundantes, (3) repetición con ligera variación y (4) juegos de palabras o similar.
Ética.
En la doctrina de la ley moral Filón permanece como un estricto monoteísta, basado en el Antiguo Testamento. En la doctrina de la virtud se adhiere a Platón y los estoicos. La ley moral divina es el orden natural y moral que abarca el mundo. La ley de Moisés es la transcripción visible de la ley natural. El ceremonial hebreo demanda en todos los puntos una interpretación espiritual o alegórica. Las virtudes se arreglan en orden de importancia según el esquema platónico-estoico, con la excepción de que la piedad es suprema. El ascetismo estricto de los terapeutas y esenios es alabado por el cultivo de las virtudes. Al Logos se le da un importante papel en la esfera ética, como maestro de virtudes, conquistador de males y modelo celestial para los hombres. Trabaja por un lado en la conciencia humana como juez y por otro como mediador ante Dios en favor del hombre.
Escatología.
En su doctrina sobre la inmortalidad y la retribución, en tanto incide en los individuos, Filón descansa en fundamentos helenísticos, pero en su expectativa para el futuro del pueblo de Dios es particularmente judío. El hombre ha sido diseñado para ser inmortal, mediante la virtud de su naturaleza y semejanza divina. La inmortalidad actual se obtiene por la virtud, especialmente la piedad, aunque también por la filosofía, captada y realizada en esta vida. Aunque la vida del pecador continúa después de la muerte, no es realmente inmortal pues esta propiedad pertenece sólo a los que llevan su bendición obtenida en este mundo hasta la más alta esfera del otro, donde Dios habita. El destino de los impíos es el castigo que el pecado conlleva dentro de sí en este mundo, tal como el miedo, la tristeza y el conflicto, continuando así en el próximo. La miseria que está en el pecado es el lugar de su condenación y no el Hades. Filón no sabe nada de un infierno como lugar de tormento del diablo y los ángeles malos.
Influencia posterior.
La filosofía religiosa de Filón ejerció una profunda influencia sobre la teología cristiana y el desarrollo del cristianismo, siendo denominada su doctrina del Logos 'el prólogo judío del cristianismo'. Pero estas generalizaciones sólo se pueden apoyar hasta donde coinciden los conceptos y expresiones de Filón con los del Nuevo Testamento y algunos de los escritores cristianos antiguos. Las enseñanzas de Filón difieren, tanto como es posible, de las doctrinas fundamentales cristianas sobre la persona y obra de Cristo. En su manejo de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento su preocupación es la alegorización espiritual o la esperanza nacional, quedándose corto de una interpretación ética más profunda. Su doctrina del Logos es sólo nominalmente una con la del Nuevo Testamento, siendo el primero una potencia cósmica sin auténtico carácter personal y el último un ser personal de significación ética. El primero no está relacionado con las expectativas nacionales teocráticas de Israel, el segundo es el Hijo del Padre, el Mesías. Sin embargo, la influencia de Filón es profunda en el dogma y exégesis de los Padres de la Iglesia, como lo fuera en Josefo y exégetas posteriores del Tárgum y el Midrash, los cabalistas y los filósofos religiosos de la Edad Media, de manera que la influencia de la fraseología y exégesis alegórica de Filón se aprecia en un considerable número de los escritores cristianos antiguos, particularmente en la escuela de Alejandría. También en los padres griegos, especialmente en Bernabé, Justino, Teófilo de Antioquía, Clemente, Orígenes, Eusebio y entre los latinos, Ambrosio y Jerónimo.