Historia

FILOPÓN, JUAN

Juan Filopón fue un filósofo, teólogo y filólogo griego del siglo VI. De su vida se saben pocos detalles, salvo que nació en Alejandría y fue alumno del exégeta aristotélico Ammonio y del gramático Romanos. Era un hombre de saber, versatilidad e incansable energía, aunque no se adhería a la tradición ni al dogma, inclinándose por un tratamiento filosófico del dogma cristiano, al que se suscribía con frecuencia en posición dudosa. Se ganó la desaprobación por su interpretación de la Trinidad en su Árbitro, un diálogo en diez libros de los que quedan solo fragmentos, al afirmar que hipóstasis y naturaleza es lo mismo, por lo que Cristo no tenía sino solo una naturaleza, a menos que se asumieran dos hipóstasis. En la Trinidad postuló tres hipóstasis independientes comprendidas bajo una unidad, que era tal en virtud de ser un concepto genérico. No había, por tanto, unidad en la Trinidad salvo la que presuponía la tríada de hipóstasis y se infería de sus predicados comunes. Esta enseñanza le acarreó la acusación de triteísmo, aunque él no fue, como afirmó Leoncio, el fundador del triteísmo sino meramente uno de sus representantes.

Su principal obra existente todavía es su De aeternitate mundi (edición V. Trincavellus, Venecia, 1535), en la que ataca a Proclo, Aristóteles y Platón, buscando la explicación de la creación racionalmente, sin la ayuda de la Biblia. En su Sobre la resurrección, conocida sólo por extractos de Focio, Nicéforo y Timoteo, hace una concesión a la filosofía, por su distinción entre una creación sensorial y otra supra-sensorial. La segunda obra preservada es su Commentariorum in Mosaicam mundi creationem libri septem (edición de B. Corder, Viena, 1630), basada en antiguos escritores sobre el Hexamerón, especialmente de Basilio, pero enriquecida con una masa de teorías de la naturaleza y la filosofía desarrolladas por el autor. Debe mencionarse también su Disputatio de paschale, impresa junto con la obra precedente, defendiendo la tesis de que en el decimotercer día del mes y en el día antes de la Pascua, Cristo celebró una comida mística con sus discípulos, pero no comió de hecho el cordero pascual.