Historia

FIRMILIANO († 264)

Firmiliano fue obispo de Cesarea en Capadocia. Murió en Tarso de Cilicia en 264, mientras iba al sínodo en Antioquía contra Pablo de Samosata. Fue obispo de Cesarea en 232 (Eusebio, Hist., eccl., vi. 26) y con Dionisio de Alejandría fue uno de los más eminentes eclesiásticos de su tiempo en el Oriente. Fue amigo de Orígenes (Eusebio, vi. 27) y enemigo de los novacianos (Eusebio, Hist., eccl., VI, xlvi. 3; comp. VII, V. 1). Es especialmente conocido por su enfrentamiento con Esteban I en la disputa sobre el bautismo de los herejes. En una larga carta a Cipriano de Cartago, preservada entre las cartas de Cipriano traducidas al latín, lxxv. [lxxiv], sostiene firmemente que a la herejía le falta el Espíritu y que el bautismo conferido en ella es inválido. También habla de la 'audacia, insolencia' y 'orgullo' del obispo romano y al amparo de las controversias sobre la fecha de la Pascua, deduce que Roma no necesariamente es la custodia de la verdadera tradición. Esta carta es su única obra existente. De su autenticidad, contestada en su momento en círculos católicos, no hay duda alguna, debiendo rechazarse la suposición de Ritschl de interpolaciones en la misma. Firmiliano es celebrado en la Iglesia oriental el 28 de octubre.

La siguiente cita es de la carta de Firmiliano a Cipriano de Cartago, fechada a finales de 256, y conservada entre las de Cipriano: (Ep. 75,v,1 - vi,l):

'En lo que se refiere a la afirmación de Esteban de que los apóstoles prohibían que se bautizara a los que vienen de la herejía y que transmitieron esta observancia a los venideros, habéis respondido perfectamente que no hay nadie tan necio que crea semejante tradición de los apóstoles, puesto que consta que las herejías execrables y detestables existieron más tarde [...]. Cualquiera puede saber que los de Roma no observan en todo la tradición original, y vanamente alegan la autoridad de los apóstoles; y puede verse esto en lo relativo a la celebración de los días de la Pascua y sobre otras muchas cuestiones y ritos religiosos en los que tienen alguna divergencia y no observan allí todo de la misma forma que en Jerusalén; como en otras muchas provincias varían muchos puntos según los lugares y las personas, sin que por esto se haya roto alguna vez la paz y la unidad de la Iglesia católica.'