Historia

FORMOSO (c. 816-896)

Formoso, papa entre los años 891 y 896, nació en Roma hacia el año 816 y murió en esa ciudad el 4 de abril de 896.

Bula del papa Formoso, escrita sobre papiro. Museo catedralicio. Gerona
Bula del papa Formoso, escrita sobre papiro.
Museo catedralicio. Gerona
Fue elevado al oficio de cardenal-obispo en 864 y empleado por varios papas en importantes misiones. Nicolás I le envió a los búlgaros en 866, cuando el príncipe Bogoris le pidió misioneros romanos. Adriano II le envió a la Galia en 869, para negociar con el clero franco sobre el divorcio del rey Lotario y a Trento en 872, para tomar parte en la conferencia entre la emperatriz Engelberga y Luis el Germánico, sobre la transferencia de Italia al hijo mayor de éste. Juan VIII también le honró enviándole en 875 a Carlos el Calvo. Pero pronto hubo una completa reacción de la opinión de este papa hacia Formoso. Al oponerse a la política de Juan sobre los francos occidentales, fue citado por el papa ante un sínodo romano, pero al no presentarse en el plazo especificado fue condenado en un segundo sínodo, el 30 de junio de 876, a destitución y excomunión. Esta severa sentencia se basaba en las pretensiones de Formoso sobre el arzobispado de Bulgaria, en la creación de una facción que le apoyara en Roma para auparle a la sede apostólica y que había abandonado su sede durante diez semanas, cuando estuvo amenazada por los sarracenos. El hecho es que Formoso fue víctima de la oposición política. La excomunión fue reafirmada en el sínodo de Troyes en 878. Entonces se sometió al papa, siendo readmitido otra vez en la Iglesia, pero sólo bajo juramento de no regresar nunca a Roma ni de luchar para recuperar su diócesis. Hasta la muerte de Juan VIII, Formoso vivió en el reino franco occidental en Sens. El sucesor de Juan, Marino, le absolvió del juramento y le permitió regresar a Roma, restaurándole a la diócesis de Porto. En esa capacidad episcopal consagró a Esteban V en 885. En 891 consiguió ascender al trono papal.

Como papa tuvo la oportunidad de desplegar su energía en varias direcciones. Mostró gran severidad hacia el clero oriental y rechazó la petición de reconciliación de los sacerdotes ordenados por Focio, estando dispuesto a recibirlos a la comunión sólo como laicos. En la lucha entre el arzobispo Hermann de Colonia y el arzobispo Adalgar de Hamburgo-Bremen, sobre las relaciones de las diócesis de Bremen y Colonia, Formoso siguió las resoluciones del sínodo de Francfort de 892, bajo la presidencia del arzobispo Hatto de Maguncia, decidiendo que Bremen debería permanecer unida con Hamburgo; solo el arzobispo de Hamburgo, ya sea en persona o por legado, debía estar presente en el sínodo provincial en Colonia. En la batalla entre el conde Eudo de París y Carlos el Simple por el trono de los francos occidentales, Formoso se inclinó por el segundo, pidiendo el apoyo del rey alemán Arnulfo. La disolución del reino franco fue un asunto de gran importancia para la sede apostólica. Desde el comienzo, Formoso se alió con el duque Guido de Espoleto, pero la actitud agresiva de éste fue tan formidable que en 893 tuvo que pedir ayuda a Arnulfo, a quien coronó emperador en 896.

El papa Formoso y Esteban VI, de Jean Paul Laurens, 1870, Cliché H. Martens, Musée des Beaux Arts de Nantes
El papa Formoso y Esteban VI, de Jean Paul Laurens, 1870,
Cliché H. Martens, Musée des Beaux Arts de Nantes
El nombre de Formoso ha quedado ligado no tanto a sus actos como papa sino a las vilezas cometidas con su cadáver y a las confusiones dogmáticas relacionadas. Bajo Esteban VI (896-97), el partido de Espoleto logró ascendencia en Roma y usó su poder para hacer una exhibición repulsiva de su odio hacia el fallecido papa, a causa de sus simpatías germanas. Esteban VI convocó un concilio, llamado posteriormente concilio cadavérico, siendo exhumado el cadáver de Formoso y vestido de ornamentos pontificales, sentándolo en la cátedra de San Pedro y acusándolo de usurpación anticanónica de la sede papal; el sínodo le declaró desposeído, considerándose nulas y vacías todas las consagraciones que había hecho. Le quitaron sus ornamentos pontificios, le cortaron tres dedos de su mano derecha y enterraron su cuerpo en un lugar apartado, siendo de nuevo desenterrado para ser echado al río Tíber. En 897 el papa Teodoro II rechazó las decisiones del sínodo y al año siguiente Juan IX proclamó expresamente, en dos sínodos, la validez de las consagraciones dispensadas por Formoso. Sin embargo, la infatuación del partido anti-germano fue tal que Sergio III (904-911) rebasó las decisiones del escandaloso sínodo, obligando al clero ordenado por Formoso a someterse a una segunda consagración.