Historia
FORTUNATO, VENANCIO HONORIO CLEMENCIANO (c. 535 - c. 600)
Las producciones poéticas de Fortunato son muy numerosas, la mayoría escritas para ocasiones especiales. De hecho se le puede llamar poeta cortesano. La hospitalidad que había disfrutado, la celebración de una boda, un funeral, todo lo ponía en verso fácil. Sus dones poéticos de ninguna manera eran ligeros, su lenguaje es pintoresco y saturado de pensamiento; sus hexámetros y pentámetros sorprenden por la pureza de su ritmo. Pero le sobra una cierta ampulosidad y artificialidad en la expresión, características del tiempo; una falta más grave es la adulación en sus eulogías, que muestran un lado desfavorable de su carácter. Ya que Fortunato alabó a un buen número de personajes importantes, sus poemas son también valiosos para el historiador. Sus descripciones de la naturaleza son excelentes, como, por ejemplo, su representación de un viaje por el Mosella desde Metz a Andernach, que había emprendido por mandato del rey de Austrasia, o igualmente un poema sobre el castillo del obispo Nicetio de Tréveris. Todavía más valiosas son tres elegías compuestas bajo la inspiración de Radegunda; una representa el trágico destino de Galsvinta, hija de un rey godo occidental; una segunda tiene como propósito consolar a Amalafried, primo de Radegunda, el último heredero turingio; la última es para consolar a Artachis, un pariente de Amalafried a la muerte de éste. Sin embargo, la gran fama de Fortunato yace en sus himnos religiosos como Vexilla regis prodeunt y Pange lingua gloriosi proelium certaminis, himnos sobre la Pasión y Quem terra pontus æthera, un himno sobre María. Fortunato también escribió un extenso poema épico sobre la vida de San Martín (De vita Martini) y algunas vidas de santos en prosa, Albino, Marcelo, Germán y otros. Fue el último gran poeta del período anterior a Carlomagno.
El siguiente pasaje procede de su obra Miscelánea, 10:
'Si preguntas cuál es la voluntad de Dios, observa que tienes los Diez Mandamientos por los cuales, a través de Moisés, ha sido manifestada la voluntad de Dios. Tienes también al Hijo de Dios, que conociendo la voluntad del Padre, hizo accesibles las cosas que estaban ocultas y puso en plena luz aquellas que estaban encubiertas. No hay, pues, excusa posible: la voluntad de Dios ha sido manifestada. El que bajó del cielo a la tierra ¿qué otra cosa quiere sino nuestra salvación? Cuando nos redimió, ¿qué quiso enseñarnos sino que imitáramos sus ejemplos de caridad y humildad, que él nos dio, movido por su extraordinaria caridad y no fingida humildad? El que escogió a la Virgen como templo y morada suya, ¿qué quiso enseñarnos sino la guarda del don de la pureza? El que practicó la justicia y no hubo engaño en su boca, el que ejercitó la misericordia, perdonó las culpas y manifestó siempre su pureza de corazón, ¿qué es lo que quiso hacer sino inducirnos con palabras y ejemplos a que siguiéramos sus huellas? Por tanto, si no queremos perecer, hemos de implorar que su voluntad se realice en nosotros, conforme a lo que dice el Apóstol: Dios es el que obra en nosotros el querer y el obrar (porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito.[…]Filipenses 2:13) y a lo que dijo también nuestro Señor: No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros (Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.[…]Juan 15:16). De no ser así, el hombre jamás podría por sí mismo encontrar a Cristo.'