Historia
FOX, GEORGE (1624-1691)

Su padre, Christopher Fox, era tejedor, siendo llamado 'el justo Christer' por sus vecinos; su madre, Mary Lago, era 'de la estirpe de los mártires', en alusión probablemente a la familia de Glover de Mancetter. Penn la describe como 'una mujer de talento por encima de su clase.' Es dudoso si Fox tuvo alguna escolarización; su ortografía fue siempre tosca, pero su analfabetismo ha sido exagerado. Desde su infancia, Fox tuvo una disposición seria y espiritual. 'Cuando tenía once años sabía lo que era la pureza y la justicia, pues mientras fui niño se me enseñó a mantenerme puro. El Señor me enseñó a ser fiel en todas las cosas y a actuar fielmente en dos maneras, internamente hacia Dios y externamente hacia los hombres.' (Journal, p. 2). Según crecía, sus padres 'pensaron hacerle sacerdote' pero fue puesto como aprendiz de zapatero y cuidador de ganado. Con diecinueve años la conducta de dos compañeros que profesaban ser religiosos le entristeció porque bebían, escuchando él una voz interior que le decía: 'Ya ves cómo los jóvenes y los viejos caminan en la vanidad en la tierra, pero tú debes renunciar a todos, jóvenes y viejos, y guardarte de todos y ser extraño a todos.' Eso ocurrió el 9 de septiembre de 1643, comenzando entonces una búsqueda solitaria rodeado de tentaciones mentales y problemas, durante la cual 'fui muchas veces al vicario para buscar consuelo, pero no lo encontré.' Desapareció durante nueve meses, dividiendo su tiempo entre Lutterworth, Northampton y Newport Pagnel, evitando el contacto con otros. Dejando a los sacerdotes fue en pos de los disidentes, entre los cuales halló 'algo de ternura', pero nada que pudiera saciar su necesidad. 'Y cuando todas mis esperanzas en ellos y en todos los hombres se habían disipado, de manera que nada externo podía ayudarme, ni decirme lo que hacer, entonces escuché una voz que dijo: 'Solo hay uno, Jesucristo, que puede hablar a tu condición.' En junio de 1644 se trasladó a Barnet, donde le entró la duda de si había hecho bien al dejar su hogar, profundizándose su melancolía hasta casi caer en la desesperación. Tras dejar Barnet fue a Londres, donde visitó a su tío Pickering, un bautista. Al saber que sus parientes estaban preocupados por su ausencia, regresó a Drayton.
Desde su regreso fija el comienzo de su comunidad religiosa (1644). Sin embargo, se trata de un juicio retrospectivo. Sus parientes querían que se casara y otros le propusieron que se uniera a las fuerzas parlamentarias, a lo cual se negó alegando ser 'tierno', palabra que en su fraseología significaba religiosamente inclinado. Fue atraído a Coventry, una fortaleza puritana, donde encontró simpatía. Al regresar a Drayton en 1645 pasó un año en infructuosos contactos con el clero local. El vicario de Drayton, Nathaniel Stephens (rector desde 1659), hombre estudioso y bondadoso, le prestó atención, pero a Fox le disgustaba que expusiera sus conversaciones en el púlpito. El antiguo vicario de Mancetter, Richard Abell, le aconsejó que 'usara tabaco y cantara salmos.' John Machin, expositor en Atherstone, le recomendó medicación y una sangría, intentando la sangría pero sin éxito.

Un domingo, mientras caminaba por el campo 'el Señor me hizo entender que ser preparado en Oxford o Cambridge no era suficiente para equipar y cualificar a los hombres para ser ministros de Cristo', sino que la calificación necesaria era espiritual. A partir de entonces dejó de asistir a la iglesia, yendo al campo con su Biblia. Durante más de un año deambuló por los condados vecinos, mezclándose con separatistas de todas las clases, pero 'nunca se comprometió con ninguno.' El rumor de una 'mujer ayunadora' le llevó a Lancashire, pero su curiosidad quedó pronto satisfecha. De regreso pasó por Dukinfield, localidad de Cheshire, donde, según Edwards, se había organizado la primera iglesia independiente en Inglaterra. Entre sus miembros, que habían sido recientemente (1646) perturbados por una campana sobrenatural, Fox 'declaró la verdad' en 1647. Sewel afirma que ese fue 'el primer comienzo de la predicación de Fox.' Continuó en Manchester, consistiendo de 'una pocas, pero poderosas y punzantes palabras.' Una conferencia de bautistas y otros en Broughton, Leicestershire, le dio la oportunidad de dirigirse a una gran concurrencia de personas. Desde entonces fue muy solicitado; 'un tal Brown' le profetizó grandes cosas y cuando murió, Fox estuvo en trance, lo que fue de asombro durante catorce días. Asistía a las reuniones y tomaba parte en las discusiones que entonces abundaban. La primera mención de su intervención en una 'casa del campanario' fue una gran disputación en Leicester (1648), cuando 'presbiterianos, independientes, bautistas y hombres del libro de oración' tomaron parte; el debate acabó en una abrupta conclusión, pero se reanudó en una posada. En el mismo año menciona 'una reunión de Amigos' en Little Eaton, cerca de Derby.
En este periodo el misticismo de Fox no se limitaba a asuntos espirituales. Afirmaba haber recibido conocimiento directo de cualidades ocultas de la naturaleza, por lo que 'tenía presente' en su mente si debería 'practicar la medicina para el bien de la humanidad.' En este aspecto, como en otros, recuerda a Jacob Böhme, cuyos escritos, según afirma un contemporáneo, fueron 'los principales libros' comprados por los seguidores de Fox. Pero esa fase pasó y él se dedicó a la reforma espiritual. El idealismo de Fox no era el de un visionario, estando su mente fijada en realidades. Fue una dura prueba para él llegar a la conclusión de que las disputas religiosas de su tiempo, incluso las que había entre protestantes y católicos, tocaban temas triviales. Con mucha modestia de convicción, pero con atrevida sinceridad, luchó por llegar al núcleo de las cosas. Los métodos no convencionales que adoptó, su negativa a quitarse el sombrero y el desagrado por los cumplidos, eran dictados por una varonil simplicidad. En cuanto a su manera de vestir, rechazaba los ornamentos. Sus 'bombachos de cuero' los refiere en su diario en 1651. Croese afirma que toda su indumentaria era de cuero y Sewel lo corrobora, negando que tuviera algo que ver con su antigua ocupación de zapatero.
Su primer encarcelamiento fue en Nottingham en 1649, por el delito de alborotar en la iglesia. En el documento de cargo es descrito como 'un joven', teniendo entonces 25 años. Aunque se queja de lo nauseabundo de su celda, la conducta de las autoridades fue amable en comparación con la furia de los habitantes de Mansfield Woodhouse en una ocasión similar posterior. Procuró entrevistarse (1649) con Samuel Oates y otros predicadores bautistas generales, en Barrow-upon-Soar, Leicestershire. Barclay está en lo cierto cuando afirma que había bastante en común entre sus objetivos y los métodos e ideas arminianas para que la aproximación fuera posible; pero 'su bautismo en agua' frenó el acercamiento. No parece que la sociedad de Fox procediera más de los bautistas que de otros grupos, aunque muestra influencia de ideas bautistas. El primer nombre documental de la sociedad fue 'Hijos de Luz', que Barclay traza a una fuente bautista. Sin embargo, pronto fue sustituto por 'Amigos de la Verdad', abreviado en 'Amigos'. Su apodo popular se lo dio en Derby el 30 de octubre de 1650 el ingenio de Gervase Bennet. Fox había exhortado a los magistrados a que 'temblaran ante la palabra del Señor', por lo que Bennet les replicó a Fox y Fretwell con el nombre de 'cuáqueros.' El término entró en el diario de la Cámara de los Comunes en 1654.

por Egbert van Heemskerk el Viejo
El 18 de octubre de 1669 se casó con Margaret Fell, de Swarthmoor Hall, una dama de alta posición social, con la que no tuvo descendencia. Barclay la llama 'la Lady Huntingdon de la nueva sociedad.' Había sido inducida por la enseñanza de William Lampett, que entonces tenía la coadjuditoría perpetua de Ulverston, quien es descrito por Fox como 'un ranter.' Poco a poco Fox fue ejerciendo influencia sobre ella y en la primera carta que le escribió a él se aprecia el sabor ranter. La residencia de su marido en Swarthmoor Hall, Lancashire, se convirtió en cuartel general del movimiento, los predicadores itinerantes, de los que Fox tenía treinta en 1653 y sesenta al año siguiente (viajando usualmente en parejas), que le enviaban los informes a ella. A su propio costo Fox construyó y dotó la casa de reuniones en Swarthmoor, que llevaba la inscripción 'Ex Dono: G:F. 1688.'
La organización cuáquera fue ganando en cohesión y estabilidad durante un periodo de legislación represiva que tuvo una fatal continuidad en otros grupos no conformistas. Fox no esperaba indulgencia y no respetó el Conventicle Act. 'Ahora es el momento' dijo Fox ' de permanecer firmes... id a vuestros lugares de reunión como en otros tiempos.' Durante el intervalo entre la restauración de 1660 y la tolerancia de 1689, los Amigos mantuvieron reuniones regulares y su número aumentó. Cuando los predicadores fueron encarcelados, la gente se reunía en silencio, no pudiendo los legisladores demostrar que las reuniones eran ilegales. Los lugares de reunión fueron clausurados o demolidos, reuniéndose en el exterior o entre las ruinas. En Reading (1664) y Bristol (1682) casi todos los miembros adultos fueron encarcelados, manteniendo las reuniones los niños. Igual firmeza mostraron en los asuntos de juramentos y matrimonios. El admirable sistema de Fox de registrar nacimientos, matrimonios y entierros comenzó en 1652, surgiendo probablemente por la práctica de las iglesias bautistas. No había limosnas indiscriminadas sino un constante esfuerzo para mejorar la condición de los miembros más pobres.

Fox murió en la casa de Henry Gouldney, en White Hart Court, Gracechurch Street, siendo enterrado el 16 de enero en Whitecross Street. Once Amigos tomaron parte en el servicio fúnebre celebrado en la casa de reuniones; cuatro dieron testimonio al pie de la tumba, entre cuatro mil personas. Se puso una lápida sobre la tumba, que fue quitada en 1757, cuando el cuerpo fue vuelto a ser enterrado para facilitar la ampliación del cementerio. Se colocó una piedra con las inciales G. F. en el muro, pero sería destruida como 'nehustán' (Quitó los lugares altos, derribó los pilares sagrados y cortó la Asera. También hizo pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque hasta aquellos días los hijos de Israel le quemaban incienso; y la llamaban Nehustán.[…]2 Reyes 18:4) por Robert Howard.
Thomas Ellwood, el amigo de Milton, describió a Fox como 'bien parecido en semblante, grave en el gesto, varonil y cortés en la conversación.' Penn dice que era 'educado más allá de la buena crianza'. Se nos dice que era 'poderoso en la predicación, ferviente en la oración', 'perspicaz de los espíritus de otras personas y dueño de sí mismo', hábil 'para dar una palabra a su debido tiempo según las condiciones y capacidades de la mayoría, especialmente a los que estaban cansados y buscaban descanso', 'valiente al exponer la verdad, osado al defenderla, paciente al sufrirla e inamovible como una roca.'
Es bien conocido el epigrama de Macaulay sobre Fox, al decir que fue 'demasiado desordenado para la libertad, pero no lo suficientemente desordenado como para Bedlam [asilo mental de aquel tiempo].' De Morgan juzga que aunque Fox no fue 'racional', ciertamente fue un hombre 'nacional'. No hay duda de la solidez y fuerza de su fibra moral. Es notorio que Wesley, que conocía la Apology de Barclay, nunca menciona a Fox. Pero el cuaquerismo se anticipó al metodismo en muchos puntos importantes, así como en el curioso detalle de dirigir los asuntos de las reuniones mediante respuestas a preguntas.
La bibliografía de los escritos de Fox contiene entre otros: A Journal, or Historical Account of the Life... of... George Fox (1694); A Collection of... Epistles (1698); Gospel-Truth... a Collection of Doctrinal Books (1706); The Great Mistery (1659).
La siguiente escena, del diario de Fox, revela su insólita manera de dirigirse a las gentes:
'Paseando con varios amigos levanté la cabeza y divisé las agujas de tres campanarios. La visión me llegó al alma y pregunté a los amigos qué eran y me dijeron: Lichfield. En un gran prado había pastores que apacentaban sus ovejas. De repente el Señor me ordenó que me desatara los zapatos y me los quitara. Me quedé sorprendido, ya que estábamos en invierno; pero las palabras del Señor eran como fuego en mi interior, así que me quité los zapatos; y me ordenó que los diera a los pastores, a quienes debía encargarles que no se los dieran a nadie a menos que les fueran pagados. Los pobres pastores temblaban y estaban sorprendidos.
Luego caminé más o menos una milla hasta encontrarme en la ciudad, y tan pronto estuve en ella me llegó nuevamente la voz del Señor que me gritaba: «¡Ay de la condenada ciudad de Lichfield!» En consecuencia, recorrí las calles de un extremo al otro gritando con todas mis fuerzas: «¡Ay de la condenada ciudad de Lichfield!» Era día de mercado, así que fui donde se efectuaba y yendo de un lado para otro entre los puestos de venta, me detenía y gritaba como antes: «¡Ay de la condenada ciudad de Lichfield!» Y nadie me puso las manos encima; pero, mientras así gritaba a través de las calles, me pareció ver que un reguero de sangre corría por ellas y el lugar del mercado parecía un estanque de sangre.
Y de esa forma, finalmente, algunos amigos y gente amable se me acercaron y me dijeron: «George, ¿dónde están tus zapatos?» Les respondí que no tenía importancia. Y regresé donde estaban los pastores, les di algunas monedas y tomé de nuevo mis zapatos.'