Historia
FRANCISCO DE ASÍS (1181/82-1226)
- Infancia y juventud
- El comienzo de la fraternidad
- Obra y extensión de la fraternidad
- Los últimos años de Francisco
- La primera regla
- La regla de 1221
- La tercera regla
- El "Testamento"

Sacro Speco, Subiacoe
Su padre, Pietro, que era un comerciante acomodado, le dio una buena educación. El nombre Francesco ('el francés'), que pronto sustituiría a su nombre de pila, se dice que le fue dado por su padre poco después de nacer, al regresar a Asís de un viaje por Francia, pero según otro relato se debió a su temprana adquisición de la lengua francesa. Francisco mostró poca inclinación hacia los negocios de su padre, viviendo la vida despreocupada de los jóvenes de su tiempo. En 1201 se unió a una expedición militar contra Perugia, siendo hecho prisionero y pasando varios años como cautivo. Es probable que su conversión a pensamientos más serios fuera gradual. Se dice que cuando comenzó a evitar las costumbres de sus antiguos compañeros y le preguntaron burlonamente si se iba a casar, él les respondió: 'Sí, con la más bella novia que nunca hayáis visto', queriendo decir 'la señora pobreza', como después diría. Pasó mucho tiempo en lugares solitarios, pidiendo a Dios que lo iluminara. Paulatinamente comenzó a cuidar de las víctimas más repulsivas en los lazaretos cerca de Asís y tras una peregrinación a Roma, donde mendigó a la puertas de las iglesias para los pobres, tuvo una visión en la que escuchó una voz llamándole a restaurar la Iglesia que estaba en decadencia. Él relacionó esto con la arruinada iglesia de San Damián, cerca de Asís, vendiendo su caballo junto con algo de ropa del negocio de su padre y dando las ganancias al sacerdote con este propósito. Su padre, indignado, intentó hacerle entrar en razón, primero con amenazas y luego con castigos físicos. Tras un diálogo en presencia del obispo, Francisco renunció a todos los planes de su padre, quitándose incluso sus atuendos y vagando durante un tiempo por los montes alrededor de Asís. Al regresar a su localidad, donde pasó dos años, restauró varias iglesias arruinadas, entre las que estaba la pequeña capilla de Santa María de los Ángeles, en las afueras de la localidad, que luego sería su lugar favorito.
El comienzo de la fraternidad.
Al final de este periodo (según Jordanus en 1209), escuchó un sermón sobre No os proveáis de oro, ni de plata, ni de cobre para llevar en vuestros cintos,[…]Mateo 10:9 que le causó gran impresión, hasta el punto que resolvió dedicarse enteramente a una vida de pobreza apostólica. Vestido con toscos atavíos, descalzo y según el precepto evangélico sin bordón ni bolsa, comenzó a predicar el arrepentimiento. Pronto se le unió un prominente ciudadano, Bernardo di Quintavalle, y otros compañeros, que en el plazo de un año eran once. Los hermanos vivían en el abandonado lazareto de Rivo Torto, cerca de Asís; pasaban mucho tiempo viajando por los distritos montañosos de Umbría, siempre alegres y cantando y causando una honda impresión en sus oyentes por sus sinceras exhortaciones. Su vida era extremadamente ascética, aunque tales prácticas no estaban en principio prescritas en la primera regla que Francisco les dio (probablemente hacia 1209), que parece fue simplemente una colección de pasajes bíblicos, subrayando el deber de la pobreza. A pesar de la obvia similitud entre este principio y las ideas fundamentales de los seguidores de Pedro Valdo, la fraternidad de Asís logró ganar la aprobación del papa Inocencio III. Muchas leyendas se han elaborado sobre la audiencia de Francisco con el papa. El relato de Matthew Paris, según el cual el papa habría mandado al andrajoso fraile a que cuidara cerdos, reconociendo su mérito por su obediencia, tiene, a pesar de su improbabilidad, un cierto interés histórico, que muestra la antipatía natural de la orden benedictina hacia las plebeyas órdenes mendicantes.

Pero la vida de la fraternidad no era ociosa, sino de diligente labor, cuando recibieron la aprobación papal en 1210. Su trabajo abarcaba el servicio a pobres y enfermos, predicación para laicos y sacerdotes y misiones en un círculo cada vez más amplio, que finalmente incluyó a musulmanes y herejes. Cada Pentecostés se congregaban en la pequeña iglesia de la Porciúncula en Asís, para informar de sus experiencias y fortalecerse mutuamente. Hay una considerable inseguridad sobre los detalles históricos y cronológicos de los últimos quince años de la vida de Francisco. Pero a esos años pertenecen los relatos del origen de las primeras casas en Perugia, Cortona, Pisa, Florencia y por doquier (1211-13); los primeros intentos de misión entre los musulmanes, el envío de cincos hermanos, que fueron martirizados, a Marruecos, y el viaje que Francisco realizara a España, que se vio obligado a abandonar sin cumplir sus objetivos por enfermedad; los primeros asentamientos en España y Francia y los primeros intentos, infructuosos al principio, de establecerse en Alemania; el supuesto encuentro de Francisco con Domingo de Guzmán en Roma en el tiempo del cuarto concilio de Letrán (1215) pertenece al dominio de la leyenda; incluso Sabatier muestra que tal encuentro realizado en 1218 está abierto a serias dudas. Son históricos los relatos del viaje de Francisco a Egipto y Tierra Santa, donde intentó convertir al sultán Kameel y dio valientes pruebas de su disposición a sufrir por la fe; la discordia interna que encontró en la orden al regresar a Italia en 1220; el origen de su segunda y considerablemente ampliada regla, que fue reemplazada dos años mas tarde por la forma final, esbozada por el cardenal Ugolino y posiblemente el reconocimiento por el papa Honorio III (en 1223) de la indulgencia de la Porciúncula, un documento sobre el que Sabatier, que en su momento lo rechazó, luego se pronunció sobre su autenticidad según destacados fundamentos.

Francisco tuvo que sufrir por las disensiones mencionadas y la trasformación que tuvo lugar en la constitución originalmente simple de la fraternidad, haciéndola una orden regular bajo estricta supervisión de Roma, especialmente después de que el cardenal Ugolino fuera nombrado, se dice que a petición de Francisco, protector de la orden por Honorio III, viéndose obligado a abandonar más y más su plan original. Incluso la dirección independiente de su fraternidad fue, parece ser, finalmente retirada de él, quedando, al menos hacia 1223, en manos de Elías de Cortona, un político ambicioso que secundó los intentos del cardenal protector para transformar el carácter de la orden. No obstante, los éxitos externos de los hermanos, tal como se informaba en los capítulos generales anuales, eran gran ocasión de ánimo para Francisco. Cesáreo de Spira, el primer provincial alemán, un celoso defensor del estricto principio de pobreza del fundador, comenzó en 1221 desde Augsburgo, con veinticinco compañeros, a ganar para la orden el territorio bañado por el Rin y el Danubio y unos años después la propaganda franciscana, comenzando desde Cambridge, abarcó las principales ciudades de Inglaterra. Pero ninguno de esos fructíferos informes pudo eliminar totalmente de la mente de Francisco la tristeza de sus últimos años. Pasó mucho tiempo en soledad, orando o cantando alabanzas a Dios por sus hechos maravillosos. El cántico conocido como Laudes creaturarum, en el que invoca al Hermano Sol, a la Hermana Luna con las estrellas, al Hermano Viento, a la Hermana Agua, al Hermano Fuego y finalmente a la Hermana Muerte, a elevar sus voces para la gloria de Dios, es de ese periodo. La etapa eremítica que supuso el comienzo de muchos fundadores monásticos estaba reservada para el fin de su vida, tan llena de incansable actividad. Pasó lo poco que le quedaba de vida parcialmente en Monte Alverno en el Arno superior, donde ayunó cuarenta días en busca de la unión con Dios, quedando impresas en su cuerpo las heridas de Cristo, parcialmente en Rieti bajo cuidado médico y parcialmente en su amada Porciúncula, en Asís, esperando la liberación de su carne. Dos años después de su muerte fue canonizado por Gregorio IX, el antiguo cardenal protector de la orden.

La regla más antigua, mencionada antes, no se preservó en su forma original, pareciendo no contener mucho más que los tres mandatos bíblicos en Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme.[…]Mateo 19:21, Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas cada uno.[…]Lucas 9:3 y Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.[…]Mateo 16:24. El intento de reconstrucción por Müller le atribuye un contenido demasiado extenso, aunque Sabatier va demasiado lejos en la otra dirección cuando la limita a esos tres dichos de Cristo, que, según Celano, formaron el núcleo de la regla con algunas prescripciones más detalladas. La teoría de Sabatier de que fueron añadiduras graduales, dependiendo esencialmente de decisiones del capítulo general anual, necesita más evidencia que la confirme; los biógrafos más antiguos nada dicen de ninguna etapa intermedia entre la regla primitiva y la de 1221. La primera, basada en la idea de pobreza y trabajo abnegado por la causa de Cristo, fue la de una asociación de clase similar a la de los Pauperes Catholici o "pobres de Lyón". Tenía poco o nada en común con las antiguas reglas monásticas, benedictina o agustina.
La regla de 1221.
Está más adaptada a las necesidades de una orden monástica creada para los fines generales de la Iglesia y basada sobre los tres votos usuales, pero poniendo especial hincapié en el de la pobreza. Fue elaborada por Francisco mismo, pero bajo la influencia del cardenal Ugolino, así como del entendido y práctico Cesáreo de Spira y supuestamente por el hermano León, quien desde 1220 en adelante fue el constante compañero del fundador. El contenido de la regla primitiva estaba incluido en ésta, pero disperso entre una gran parte de mandatos detallados, además de muchos pensamientos edificantes y productos piadosos del corazón, probablemente obra de Francisco. Pero hay mucho en la nueva regla que respira un espíritu diferente. El humilde fundador, aunque rechazó el título de general de la orden, y aparece simplemente como "ministro-general", a veces con la adición "siervo de toda la fraternidad" aparece ahora a la cabeza de una jerarquía monástica regular, consistente de ministros provinciales sobre las provincias, custodios sobre los distritos más pequeños y guardianes sobre las casas. Se modelaron reglas definidas para el noviciado, el hábito, horas de oración y la disciplina de las casas según la antigua tradición monástica. En lugar de las convocatorias anuales informales de la fraternidad hay ahora capítulos regulares en tiempos fijados. De especial interés son las provisiones para la pobreza apostólica de la vida ascética general, que muestran que esta regla es esencialmente un desarrollo de la disciplina más antigua, con la obligación de la pobreza hecha más estricta mientras que las otras prácticas ascéticas quedan mitigadas, parcialmente porque de los nuevos Fratres minores se esperaba que estuvieran diligentemente ocupados en trabajos agotadores.

sobre madera, c. 1250, Maestro de San Francesco Bardi,
Galería Uffizi, Florencia
La tercera regla, confirmada por Honorio III el 29 de noviembre de 1223, tiene todavía menos de la propia obra de Francisco. El tono edificante y las citas de textos bíblicos, han desaparecido de la misma. En lugar del fuerte énfasis sobre las amonestaciones de Cristo a sus discípulos con las que comenzaba la regla de 1221, se comienza con la enumeración de los tres votos tradicionales monásticos. El carácter de la orden como mendicante, sometida a un ideal de estricta pobreza aparece aquí, es cierto, pero esas concesiones al espíritu de las reglas anteriores están entremezcladas con un número de otras prescripciones que claramente muestran el carácter externamente oficial de los nuevos estatutos enmarcados en interés del papado y en conformidad con los otros órganos de la jerarquía. Un cardenal es designado por el papa como protector de la orden para supervisar su actividad. Las condiciones para entrar son más concretamente establecidas; el breviario romano se cita expresamente como base obligatoria de las devociones diarias y los predicadores tienen una posición más dependiente que antes. En una palabra, la vida ha quedado regulada y ya no tiene la antigua libertad itinerante de los primeros años, marcada por la pobreza apostólica, el amor y la devoción de corazón al Señor, sino más bien es un cuidadosamente arreglado sistema cuasi-monástico, despojado de mucha de su original libertad.
El "Testamento".
Francisco, como puede verse por más de un pasaje en los registros de sus últimos años, no quedó contento con esos cambios. Como demostración de su desagrado dejó lo que se denomina su "Testamento", cuya lectura ocasional junto con la regla se impuso a los hermanos. Su tono es más bien quejumbroso que enojado; echa la vista atrás, con un espíritu de lamento, a los días primeros del primer amor. Exhorta a la obediencia al papa y a los cabezas de la orden, pero al mismo tiempo subraya la necesidad de seguir sus principios, especialmente la imitación de la pobreza de Cristo. Manda a los hermanos que se opongan a la introducción de cualquier futura influencia secularizadora y al mismo tiempo se les prohíbe pedir cualquier privilegio especial al papa. A pesar del mandato directo en el "Testamento" de considerarlo una nueva regla, la sección observante de los franciscanos prácticamente lo estimó más vinculante que la regla formal, mientras que los defensores de una menor observancia le prestaron poca atención, especialmente su prohibición de solicitar privilegios eclesiásticos.
El siguiente es el Laudes creaturarum:
¡Altísimo, omnipotente, Buen Señor!
Tuyas son las alabanzas y la gloria y el honor
y toda bendición.A ti solamente, ¡Oh Altísimo!, corresponden,
y hombre alguno es digno
de pronunciar tu nombre.Loado seas, Señor Mío,
por todas las criaturas,
especialmente por mi señor Hermano el Sol;
pues por él haces el día y nos alumbras.
Y él es bello y radiante con gran esplendor;
Y de Ti, Altísimo, lleva la significación.Loado seas, Señor mío, por el Hermano Viento
y por el Aire
y la Nube,
por la Hermana Luna y las Estrellas;
en el cielo las has formado
esclarecidas, preciosas y bellas.Loado seas, Señor mío, por el Hermano Viento
y por el Aire y el Nublado
y el Sereno y todo tiempo
según el cual das a las criaturas su sustento.Loado seas, Señor mío, por la Hermana Agua,
la cual es muy útil
y humilde y preciosa y casta.Loado seas, Señor mío, por el Hermano Fuego,
por el cual alumbras la noche;
y es él bello y alegre
y robusto y fuerte.Loado seas, mi Señor, por la Hermana
nuestra Madre Tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce frutos diversos,
con coloridas flores y hierba.Loado seas, Señor mío, por aquellos
que por tu amor perdonan
y sostienen enfermedad y tribulación.
Bienaventurados los que se sostienen en paz;
porque, por Ti, ¡Oh Altísimo!
han de ser coronados.Loado seas, Señor mío, por nuestra Hermana
la muerte corporal,
de la cual hombre alguno
podrá escapar.
Y ¡ay de aquellos que morirán en pecado mortal!
Y Bienaventurados aquellos
a quienes encontrará haciendo tu santísima voluntad
que la muerte segunda no les hará daño.¡Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias
Y servidle con grande humildad!