Historia

FRANCISCO I (1494-1547)

Francisco I (Francisco de Angulema), rey de Francia, nació en Cognac el 12 de septiembre de 1494 y murió en Rambouillet el 31 de marzo de 1547.

Francisco I de Francia rodeado de su familiaMiniatura original existente en la sala de grabados del Museo de Berlín
Francisco I de Francia rodeado de su familia
Miniatura original existente en la sala de grabados del Museo de Berlín
Hijo de Carlos de Valois, conde de Angulema, y de Luisa de Saboya, pasó con su madre, que vivía pobremente en Cognac, a habitar el castillo de Amboise, requerido por el rey Luis XII. A poco de comenzar éste su reinado, y con apenas siete años, fue investido con el título de duque de Valois. Entre sus preceptores figuraron Pedro de Rohan, el mariscal de Gie, Artus Gouffier y Francisco de Rochefort; su propia madre cuidó en extremo de su educación, enseñándole italiano, español y la versificación, fomentando sus lecturas, en las que abundaron las de novelas de caballería que debieron excitar la imaginación del futuro rey, que con sus compañeros Anne de Montmorency, Chabot de Brion, etc., se consagraba también con ardor a la caza y a todo género de ejercicios físicos, así como a las mascaradas y aventuras galantes. En 1512 peleó contra los españoles en Guyena y al año siguiente estuvo al frente del ejército en Picardía. El 18 de mayo de 1514 se casó con Claudia, hija de Luis XII y de Ana de Bretaña, y si bien el matrimonio del primero con María de Inglaterra, efectuado el mismo año, inquietó al duque de Angulema por la posibilidad de que pudiera sobrevenir un heredero al trono, no se confirmaron sus temores, ya que el rey no tuvo sucesión, y murió el 1 de enero de 1515. El 25 del mismo mes el duque de Angulema fue proclamado rey con el nombre de Francisco I, a los 21 años de edad. Abandonó enseguida las riendas del gobierno a su madre, al condestable Carlos de Borbón y al canciller Du Prat y emprendió una campaña contra Italia, movido por el deseo de poseer el Milanesado. El ejército de Maximiliano Sforza, ayudado por la infantería suiza, fue derrotado en Marignano (13 y 14 de septiembre de 1515) y Francisco I entró triunfalmente en Milán, renunciando aquél al ducado mediante una pensión de 30.000 ducados. Por el tratado de Viterbo, el papa León X abandonó a Francia, Parma y Piacenza, y firmó el concordato de 1516. En el mismo año Francisco I firmó con los cantones suizos el tratado de Friburgo, llamado de la Paz perpetua y el 13 de agosto de 1516 el tratado de Noyon, con el rey Carlos I de España, señor de los Países Bajos.

Encuentro de Francisco I y Enrique VIII en el Camp du drop d'orIlustración de Cassell's Illustrated History of England
Encuentro de Francisco I y Enrique VIII en el Camp du drop d'or
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Pero como su mayor ambición era impedir que se constituyese la soberanía mundial de los Habsburgo, a la muerte del emperador Maximiliano (1519) pretendió la corona imperial y al ver defraudadas sus esperanzas empezó la guerra con Carlos V por la supremacía de Europa. Entonces comenzó la famosa rivalidad entre las casas de Francia y Austria, que tantas guerras había de originar; Francisco I solicitó la ayuda de Enrique VIII, rey de Inglaterra; ambos soberanos se encontraron en el Camp du drop d'or en 1520, pero esta entrevista no dio resultado alguno y falto de aliados y en ruinoso estado financiero, pues él y su corte gastaban en lujo y disipación los fondos destinados a la guerra, la primera campaña de Francisco I contra Carlos V (1521-1526) fue desastrosa para el primero. Falló el ataque a los Países Bajos, su caudillo Lautrec fue derrotado en Bicocca (Milán) el 29 de abril de 1522 y el condestable de Borbón le traicionó uniéndose a los ejércitos del emperador; el propio Francisco I partió con sus huestes a Italia para reconquistar el Milanesado, logrando apoderarse de Milán. Vencido en Pavía y hecho prisionero (24 de febrero de 1525) escribió a su madre una carta de la que se ha hecho célebre la frase: "Señora, todo se ha perdido, menos el honor", pero en realidad lo que escribió a Luisa de Saboya es: "Para que podáis haceros cargo de mi infortunio, sabed que de todo sólo me ha restado el honor y la vida, que está en salvo." Estuvo cautivo en Madrid, donde le visitó su hermana Margarita, hasta el 14 de enero de 1526, en que firmó la Concordia o Paz de Madrid, cuyas condiciones dejó de cumplir una vez liberado (19 de marzo de 1526). El papa Clemente VII, receloso de la preponderancia del emperador Carlos V, firmó con Francisco I la Liga de Cognac o Liga Santa (22 de mayo de 1526), en la que entraron asimismo Venecia, Florencia, el duque de Milán y Enrique VIII. Renovada la lucha, tuvo lugar el asalto a Roma por las tropas imperiales (6 de mayo de 1527) que saquearon la ciudad por espacio de tres días. Esta segunda campaña contra el emperador (1527-29) no fue más afortunada para Francisco I que la anterior; tanto el ejército de Lautrec, que en 1528 avanzó hasta Nápoles, como el que penetró en Lombardía (21 de junio de 1529), fueron derrotados y en la paz de las Damas o de Cambrai (5 de agosto de 1529) se obligó a Francisco I a pagar una fuerte contribución de guerra y entregar Tournai a Carlos V. Se casó entonces Francisco I con la hermana mayor de Carlos V, Leonor de Austria, y durante la época de paz que siguió, buscó una nueva alianza, uniéndose a Enrique VIII, a Gustav Vasa, a los príncipes protestantes de Alemania, y firmó un tratado de comercio con el sultán Solimán II. Cuando creyó que Carlos V tenía debilitado su ejército por su expedición contra los pitaras tunecinos y con el pretexto del asesinato de un agente francés en Italia, dio Francisco I principio a su tercera campaña (1536-38), ocupando el Piamonte, mientras Montmorency expulsaba a los imperiales de Provenza, pero la intervención del papa Pablo III hizo que se llegase a una tregua de diez años (18 de junio de 1538) que fue rota a los cuatro. En 1542, a raíz de la infausta expedición de Carlos V contra Argel, fue cuando Francisco I puso en pie de guerra cinco ejércitos, pero al excitar a los turcos a devastar Italia, atrajo sobre sí la animadversión de toda Europa y a pesar de la brillante victoria de Cerisoles (14 de abril de 1544) obtenida sobre las tropas imperiales por el conde Francisco d'Enghien, Carlos V y Enrique VIII avanzaban victoriosos hacia París. Por fin, el 18 de septiembre de ese año se vio Francisco I obligado a firmar la paz de Crespy con Carlos V y en 1546 la de Ardres con Enrique VIII.

Luisa de Saboya, madre de Francisco I
Luisa de Saboya, madre de Francisco I
Según sus biógrafos, Francisco I fue el caballero más apuesto del reino; poseía una esmerada educación y era muy aficionado a la poesía y las bellas artes. No solo protegió a los escritores de su tiempo, entre los que figuran especialmente Marot y Rabelais, sino que él mismo cultivó la poesía, distinguiéndose en el género ligero. Sus composiciones muestran un estilo cuidado y gracioso, aun cuando la concepción no sea muy elevada. Su reinado no careció de importancia histórica y a pesar de las irregularidades y su arbitraria administración, supo asegurar fuertemente la autoridad del poder real; sobre la Iglesia, por el concordato de Bolonia, que le concedió el nombramiento de obispos; sobre los señores, cuyos poderes judiciales redujo, atrayéndolos a la fastuosidad de la vida de la corte; sobre el parlamento y la administración provincial, que confió a intendentes que le obedecían ciegamente. Reconstituyó el ejército nacional, impuso el uso de la lengua francesa en los actos judiciales y creó el estado civil por la ordenación de Villers-Cotterets (1535). Era de temperamento ardiente y hombre de extremado amor propio, cualidades oscurecidas algunas veces por su desenfrenada voluptuosidad y sus atisbos de ambición despótica. Durante largas épocas abandonó el gobierno en manos de su madre primero, a la que hizo duquesa de Angulema y de Anjou y que tuvo sobre él gran influencia durante toda su vida. Con Luisa de Saboya llevaron las riendas del gobierno, de Boisy, Du Prat, Florimond Robertet y a la muerte de su madre en 1531 dominaron el ánimo de Francisco I las influencias de Chabrot de Rion, el cardenal de Lorena, y, sobre todo, el condestable Anne de Montmorency, a quien el éxito de la campaña de 1536 le valió una extraordinaria supremacía hasta 1541. Los principales favoritos en los últimos años de su reinado fueron el almirante de Annebaut y el cardenal de Tournon, hombres que salvaron la hacienda de la bancarrota. La influencia política de sus dos esposas, Claudia (muerta en 1524) y Leonor de Austria, con quien se casó en 1530, puede decirse que fue nula, así como la de Francisca de Foix, con la que mantuvo relaciones en los primeros años de su reinado. En cambio, fue muy intensa de su favorita Ana de Pissleu, a la que concedió el título de duquesa de Etampes. No parece probable que fuera el amante de Diana de Poitiers, al igual que la historia de la Belle Ferronnière es una invención de un médico del siglo XVII llamado Guyon.

Francisco I, medalla (1537). Museo Lázaro Galdiano, Madrid
Francisco I, medalla (1537). Museo Lázaro Galdiano, Madrid
Para comprender la política de Francisco I es necesario hacerse cargo de lo que entonces constituía la agitada vida de la corte. Pasaba el tiempo en cacerías, viajes y diversiones; permanecía largas temporadas alejado de París, errando de castillo en castillo y aun durmiendo en aldeas o bien su tienda de campaña. Esta vida mantenía en el soberano y en sus huestes una actividad febril, que, unida al deseo de aventura y gloria y al atractivo de Italia, explica en gran parte la política belicosa de Francisco I, acuciada por el deseo de resistir a la ambición de Carlos V. La fastuosa vida que llevaba el monarca costaba anualmente millón y medio de escudos. Favoreció el desarrollo de la imprenta, fundó el colegio de Francia, encargó la compra de gran número de manuscritos, instituyó bibliotecas y aumentó las cátedras de numerosos centros docentes. Protegió a los artistas franceses poniéndolos en contacto con los representantes del Renacimiento italiano, que llamó a París: Leonardo da Vinci, Benvenuto Cellini, etc. Favoreció especialmente la arquitectura, hizo construir varios castillos y mandó realizar importantes mejoras en el de Blois. En 1546 Pierre Lescot comenzó la reconstrucción de un nuevo Louvre en sustitución del Louvre feudal, pero la gran preocupación de Francisco I fue la construcción y embellecimiento del palacio de Fontainebleau, en el que trabajaron Ruggieri, Fontana y Bellini. Merecieron gran favor del monarca Jean y François Clouet, y, además los italianos Primaticio, Rosso Rossi y Andrea del Sarto. Fue enemigo acérrimo del protestantismo, habiendo publicado en su contra el edicto de Fontainebleau (1 de junio de 1548), pero no tuvo reparo en aliarse con los protestantes alemanes ni con los turcos con tal de merecer su apoyo contra Carlos V. Murió de una enfermedad sospechosa, sin dejar hijos de Leonor de Austria. Con Claudia de Francia tuvo tres varones: Francisco (1518-1526), Enrique (1518-1559) y Carlos (1522-1545) y cuatro hijas: Luisa (1515-1517), Carlota (1516-1524), Magdalena (1520-1537) y Margarita (1523-1574). Los treinta años de su reinado señalan un periodo de transformación completa en el estado político y económico y en la vida artística y moral del país.