Francisco Javier, miembro fundador de la Compañía de Jesús, nació en el castillo de Javier, cerca de Pamplona, Navarra, el 7 de abril de 1506 y murió en la isla de San-chan, en la costa del sur de China el 2 de diciembre de 1552.
Francisco Javier
Procedía de una aristocrática familia de Navarra. Mientras se preparaba para una alta carrera eclesiástica en la universidad de París, conoció a Ignacio de Loyola, quedando pronto bajo su influencia y siendo uno de los que el 15 de agosto de 1534 hicieron voto en Montmartre, formando el núcleo de la posterior Compañía de Jesús. El campo de trabajo que se le asignó a Francisco Javier fue las misiones a los paganos. El rey Juan III de Portugal deseaba misioneros jesuitas para las Indias Orientales, por lo que Francisco fue ordenado y zarpó de Lisboa el 7 de abril de 1541. Desde agosto de ese año hasta marzo de 1542 permaneció en Mozambique, llegando a Goa, la capital de las colonias portuguesas en la India, el 6 de mayo. Su primera actividad misionera fue entre los paravas, pescadores de perlas a lo largo de la porción meridional de la costa oriental del Indostán. Procuró ganar al rey de Travancore al cristianismo, en la costa occidental, y también visitó Ceilán. Insatisfecho con los resultados de su actividad, se volvió hacia el este en 1545, haciendo un viaje a Macasar, en las islas Celebes. Habiendo llegado a Malaca en octubre de ese año y esperado durante tres meses en vano un navío para Macasar, dejó la meta de su viaje y se fue a Ambón y otras islas de las Molucas, regresando a la India en 1548. Los siguientes quince meses estuvo ocupado con varios viajes y medidas administrativas en la India. Su desagrado con la vida poco cristiana de los portugueses, lo que impedía seriamente su obra misionera, le llevó de nuevo al Extremo Oriente. Dejó Goa el 15 de abril de 1549, se detuvo en Malaca, visitó Cantón y el 15 de agosto llegó a Japón, desembarcando en Kagoshima, el principal puerto de la provincia de Satsuma, en la isla de Kiushiu. Fue recibido en forma amistosa y se le permitió predicar, pero al no conocer la lengua nativa tuvo que limitarse a leer en voz alta la traducción de un catecismo. Su estancia no fue sin fruto, como lo atestiguan congregaciones establecidas en Hiudo, Samaguchi y Bungo. Tras pasar más de dos años en Japón regresó a la India, estando de vuelta en Goa en enero de 1552. En abril estaba de nuevo en camino, esta vez hacia China, pero murió en el viaje.
Mapa de los viajes misioneros de Francisco Javier
Francisco Javier realizó una gran tarea misionera como organizador y pionero. Por sus compromisos en la India con los cristianos de Santo Tomás, él desarrolló los métodos misioneros jesuitas que posteriormente serían funestos para su orden; la instrucción que dispensaba en relación con el bautismo era superficial, combinando la misión con la política y aprobando la extensión del cristianismo por la fuerza (comp. su carta al rey Juan III de Portugal, Cochin, 20 de enero de 1548). No obstante tuvo altas cualidades como misionero; tenía un ardiente celo, nunca perdió la conciencia de actuar para el servicio de Dios, estaba dotado con grandes talentos lingüísticos y su actividad estuvo marcada por un incansable deseo de ir hacia adelante. Sus esfuerzos dejaron una huella en la historia misionera de la India. Al señalar el camino de la India oriental a los jesuitas, su obra es de importancia fundamental con respecto a la historia de la propagación del cristianismo en China y Japón. Los resultados de su tarea no fueron livianos (las meras cifras pueden ser ignoradas, al ser difíciles de verificar), pero lo que importa son los objetivos propuestos. La Iglesia católica respondió a su llamamiento, sobrepasando los efectos de su esfuerzo a la orden jesuita. La incorporación sistemática y agresiva por la Iglesia católica de grandes masas de gente, sobre amplias bases, en tiempos modernos data de Francisco Javier. Fue beatificado por Pablo V el 25 de octubre de 1619 y canonizado por Gregorio XV el 12 de marzo de 1622.