FRANKENBERG, JOHANN HEINRICH, CONDE DE (1726-1804)
Johann Heinrich Frankenberg nació en Gross Glogau, Silesia, el 18 de septiembre de 1726 y murió en Breda, Holanda, el 11 de junio de 1804.
Johann Heinrich FrankenbergFue educado en el colegio jesuita de su ciudad natal, en la universidad de Breslau y en el colegio germano-húngaro en Roma y a su regreso a Alemania fue coadjutor del vicario apostólico y arzobispo de Görz. El 27 de enero de 1769 María Teresa le designó arzobispo de Malinas y miembro del Consejo belga de Estado y en 1778 Pío VI le invistió con la dignidad de cardenal. Cuando José II abolió los seminarios episcopales en 1786 y fundó seminarios estatales en Lovaina y Luxemburgo, Frankenberg fue el primero en su firmeza en proclamar el descontento del clero. Sin embargo, el emperador promulgó además que sólo aquellos que hubieran terminado un curso de cinco años en una de sus instituaciones eran elegibles para las órdenes mayores, a lo que el cardenal renovó sus objeciones vanamente, manteniendo que el nuevo seminario estaba instituido únicamente para la difusión del jansenismo. Sin embargo, el descontento de los alumnos desembocó en antagonismo abierto al seminario y la institución quedó prácticamente desorganizada. Frankenberg, que era sospechoso de ser el instigador del problema, fue citado a Viena para dar cuenta de sus acciones, siendo mantenido bajo custodia durante un tiempo; pero la turbulencia en Bélgica se incrementó y quedó finalmente libre, siendo saludado como mártir a su regreso. Continuó sus protestas contra el seminario general y restauró su institución arzobispal del saber; pero se publicó una orden prohibiéndole enseñar teología bajo multa de 1.000 taleros. Él declaró esta orden inválida y por tanto fue obligado a ir a Lovaina, inspeccionar el seminario general y dar un informe de sus objeciones contra el mismo. Obedeció la orden y el 26 de junio de 1789 esbozó una opinión en la que declaró a los profesores, libros de texto y método de instrucción no ortodoxos y jansenistas. Esta decisión fue publicada y se usó como medio de agitación. Frankenberg fue entonces acusado por el ministro imperial conde Trautmannsdorf de haber incitado al pueblo, pero él respondió que había actuado sólo como un verdadero pastor de la fe y solicitó del emperador para la Iglesia católica la restauración de su privilegio para educar al clero así como a la juventud del país. Los disturbios en Bélgica al final asumieron el carácter de un levantamiento y Frankenberg fue acusado de ser su dirigente. El ministro le acusó de conspiración y le ordenó devolver diversas insignias de honor, por lo que el cardenal apeló al emperador, pero José murió antes de que la carta le llegara. Cuando los revolucionarios franceses invadieron Bélgica, Frankenberg los resistió valientemente, por lo que fue sentenciado por la Convención a deportación, muriendo como un fugitivo.