Historia
FULRADO († 784)
Fulrado, decimocuarto abad de Saint-Denis, nació en Alsacia y murió el 16 de julio de 784. Sus padres tenían grandes bienes y según Dom Calmet en la villa de san Hipólito, a cuatro leguas de Colmar. Algunos, al confundirle con Fulrado, abad de San Quintín de Vermandois, le han hecho pariente del emperador Carlomagno. Desde su niñez se distinguió por su virtud y talento, abriéndose paso a las más altas dignidades. Siendo ya abad de Saint-Denis, fue encargado por Pipino de ir a Roma, con Burchard, arzobispo de Würzburgo, para consultar al papa Zacarías sobre la disposición que debía hacerse del trono. Durante el reinado de Pipino gozó de la estima del rey y de toda Francia. Fue nombrado consejero real, capellán del palacio, arcipreste de los reinos de Austrasia, Borgoña y Neustria y gran limosnero del reino. Este último cargo lo ejerció también en los días de Carlomán y Carlomagno. Cuando el papa Esteban pidió a Pipino socorro contra las audacias del rey lombardo, Astolfo, el rey de Francia, después haber humillado al lombardo, le envió a Fulrado para llegar a un acuerdo, obteniendo la restitución del exarcado de Rávena y la Pentápolis. Astolfo se negó a cumplir el tratado, pero nuevamente vencido se vio obligado a restituir veinte ciudades y con Fulrado, que por su tino político había conseguido tan buenas condiciones, llevó a Roma las llaves de esas ciudades y las depositó en la tumba de san Pedro como donación hecha a la Iglesia. Así entraron en manos del papa, Rávena, Pésaro, Rímini, Cesena, etc. Se conserva una bula dada por el papa Esteban el 16 de febrero de 752 autorizando a Fulrado para construir monasterios en sus tierras. Fulrado fundó seis y levantó una gran número de iglesias. Muerto Astolfo, tuvo que encaminarse de nuevo a Italia para hacer desistir a Desiderio, su sucesor, del empeño que tenía de recobrar los territorios anteriormente perdidos. Otra vez más tuvo el papa que reconocer su habilidad diplomática. Fulrado asistió a la asamblea de Attigny-sur-Aisne, donde la nobleza de Francia le hizo objeto de la estima más profunda. En 777 escribía su testamento en Heristal, dejando todos sus bienes, iglesias, monasterios, etc., a la abadía de Saint-Denis. Alcuino compuso su epitafio y se le enterró en la iglesia de su abadía, pero más tarde fue trasladado a Liepvre. Dos de los monasterios que fundó estaban en Alsacia, el uno de Andaldevillers, llamado también de san Hipólito por haber llevado allí el fundador las reliquias de ese mártir, y el otro se llamó primero Fulradvillers y más tarde Leberan o Liepvre.