Fadrique Furió y Ceriol, escritor español, nació en Valencia en 1532 y murió en Valladolid en 1592.
Fadrique Furió y Ceriol, grabado de Philippe GalleSus padres, viendo las muestras de su gran ingenio, le enviaron a París, en donde fue discípulo de Talón, Turebo y Petrus Ramus. Perfeccionó sus estudios en la célebre universidad de Lovaina, en donde imprimió sus Instituciones Retóricas (1554), obra rarísima. Se mostró decidido partidario de la traducción de la Biblia en lengua vulgar en un diálogo, también muy raro, pero reimpreso en Alemania, titulado De libris sacris in vernaculam linguam convertendis. Esta apología de las traducciones de la Sagrada Escritura fue condenada por el concilio de Trento y si Furió y Ceriol se vio libre de las iras de la Inquisición, fue debido a la decidida protección que le prestó Felipe II, que le tenía en gran aprecio y a quien le había calurosamente recomendado su padre Carlos V. La cuestión política fue tratada por Furió y Ceriol en su obra magna De la institución del príncipe, de la que sólo poseemos una parte titulada Del Consejo y consejeros del príncipe, impresa en Amberes en 1559. Esta obra de gran mérito fue traducida al italiano (1560) y al latín (1568 y 1646). Contiene en germen todas las teorías utópicas de Maquiavelo, Moro y Campanella, pero mitigadas y acomodadas a una ortodoxia algo clásica. Menéndez y Pelayo escribió de él: "Furió y Ceriol es una de las individualidades más enérgicas y uno de los espíritus más francos y desembarazados de nuestro siglo XVI." En los últimos años de su vida formó un proyecto de paz con los Países Bajos, que no fue aceptado por Felipe II.
Del Consejo y consejeros del príncipe son los siguientes párrafos:
'Muy cierta señal es de torpe ingenuo -dice- el hablar mal y apasionadamente de un contrario, o de los enemigos de un príncipe, o de los que siguen diversa secta, o de peregrinas gentes, agora sean judíos, agora moros, agora gentiles, agora cristianos; porque el grande ingenio ve en todas tierras siete leguas de mal camino; en todas partes hay bien y mal; lo bueno loa y abraza, lo malo vitupera y desecha, sin vituperio de la nación en que se halla...
No hay más de dos tierras en todo el mundo: Tierra de buenos y tierra de malos. Todos los buenos, agora sean judíos, moros, gentiles, cristianos o de otra secta, son de una mesma tierra, de una mesma casa y sangre; y todos los malos de la misma manera. Bien es verdad que, estando en igual contrapeso el deudo, el allegado, el vecino, el de la misma nación y el extranjero, entonces la ley divina y humana quieren que proveamos primero a aquellos que más se allegan a nosotros; pero pesando más el extranjero, primero es él que todos los naturales...
Esta es regla cristiana y sin excepción, que todo hipócrita y todo avariento es enemigo del bien público, y también aquellos que dicen que todo es del rey, y que el rey puede hacer su voluntad, y que el rey puede poner cuantos pechos quisiere, y aun que el rey no puede errar.'