Historia

GALIENO, PUBLIO LICINIO (218/219-268)

Publio Licinio Galieno nació en 218 o 219 y murió en Milán el 4 de marzo de 268. Fue emperador romano entre los años 260 y 268.

Galieno, busto en mármol, en el Museo Archeologico Nazionale, Nápoles
Galieno, busto en mármol, en el Museo
Archeologico Nazionale, Nápoles
En el año 254 fue hecho corregente por su padre, el emperador Valeriano, y gobernó con él hasta 260, cuando el anciano emperador fue hecho prisionero por los persas. A partir de entonces Galieno parece haber sido el único gobernante, pues no hay certeza de que su hermanastro, el joven Valeriano, llegara a ser Augusto. Ante la revuelta de Aureolo en Iliria, Galieno marchó contra él y puso sitio a Milán, pero cayó víctima de una conspiración de sus oficiales, encabezada por Aureliano y Heracliano. Su reino estuvo marcado por las incursiones de los bárbaros del norte y del este y por incesantes insurrecciones e intentos de usurpación. A pesar de esto fue incomparable en los objetivos que confrontó, siendo altamente ensalzado por su contemporáneo Dionisio, obispo de Alejandría, quien, escribiendo a Hermammon en 262 (Eusebio, Hist. eccl., vii. 23) comparó al emperador con el sol que brilla después de la oscuridad temporal de una nube (aludiendo al usurpador Macriano, quien había tomado posesión de Egipto), e incluso vio en él el cumplimiento de la profecía de He aquí, hago algo nuevo, ahora acontece; ¿no lo percibís? Aun en los desiertos haré camino y ríos en el yermo.[…]Isaías 43:19.

El fundamento para este favorable juicio de Dionisio, con el que Eusebio concuerda, es evidentemente el rechazo por el nuevo emperador de los duros edictos de Valeriano contra los cristianos. Incluso se ha declarado (sin evidencia demostrada) que declaró el cristianismo como religión tolerada. El edicto emitido por Galieno en el año 260 se ha perdido y la única traducción del latín por Eusebio (Hist. eccl., VII, xiii. 2) es un edicto especial para Egipto, promulgado en 261. Concediendo que el edicto para todo el imperio fuera análogo a este decreto egipcio, meramente proveía que los obispos no serían buscados por las autoridades y que los lugares de adoración se respetarían. Por tanto simplemente restauró las condiciones que existían antes de los reinados de Decio y Valeriano, sin dar al cristianismo el más mínimo reconocimiento oficial. El hecho de que el decreto fuera dirigido directamente a los obispos no tenía precedentes, pero esto se debió claramente a la importancia e influencia que tenían. Más aún, Eusebio mismo meramente señala que Galieno alivió la posición de los cristianos, pero en ninguna parte dice que los toleró, mientras que la masa de tradición cristiana o ha ignorado el edicto o le ha prestado escasa atención. La evidencia más clara de que la actitud del Estado hacia el cristianismo no había cambiado yace en el hecho de que los soldados cristianos podían todavía sufrir el martirio por su fe (comp. Eusebio, Hist. eccl., vii. 15). Lo más que se puede decir es que el rechazo de los edictos de Valeriano prácticamente fue equivalente a una declaración de tolerancia para la Iglesia, en vista de la posición que entonces ocupaba. Al abandonar la posibilidad de aplastar al cristianismo por la persecución, Galieno determinó dejarlo solo, aunque sin cambiar su status legal. No obstante queda claro, por las ejecuciones durante su reinado y el gobierno de sus sucesores, que el Estado todavía profesaba el derecho a infligir la pena capital a los que rechazaban la adoración de imágenes del emperador o incluso por confesar el cristianismo.