Historia
GALIENO, PUBLIO LICINIO (218/219-268)

Archeologico Nazionale, Nápoles
El fundamento para este favorable juicio de Dionisio, con el que Eusebio concuerda, es evidentemente el rechazo por el nuevo emperador de los duros edictos de Valeriano contra los cristianos. Incluso se ha declarado (sin evidencia demostrada) que declaró el cristianismo como religión tolerada. El edicto emitido por Galieno en el año 260 se ha perdido y la única traducción del latín por Eusebio (Hist. eccl., VII, xiii. 2) es un edicto especial para Egipto, promulgado en 261. Concediendo que el edicto para todo el imperio fuera análogo a este decreto egipcio, meramente proveía que los obispos no serían buscados por las autoridades y que los lugares de adoración se respetarían. Por tanto simplemente restauró las condiciones que existían antes de los reinados de Decio y Valeriano, sin dar al cristianismo el más mínimo reconocimiento oficial. El hecho de que el decreto fuera dirigido directamente a los obispos no tenía precedentes, pero esto se debió claramente a la importancia e influencia que tenían. Más aún, Eusebio mismo meramente señala que Galieno alivió la posición de los cristianos, pero en ninguna parte dice que los toleró, mientras que la masa de tradición cristiana o ha ignorado el edicto o le ha prestado escasa atención. La evidencia más clara de que la actitud del Estado hacia el cristianismo no había cambiado yace en el hecho de que los soldados cristianos podían todavía sufrir el martirio por su fe (comp. Eusebio, Hist. eccl., vii. 15). Lo más que se puede decir es que el rechazo de los edictos de Valeriano prácticamente fue equivalente a una declaración de tolerancia para la Iglesia, en vista de la posición que entonces ocupaba. Al abandonar la posibilidad de aplastar al cristianismo por la persecución, Galieno determinó dejarlo solo, aunque sin cambiar su status legal. No obstante queda claro, por las ejecuciones durante su reinado y el gobierno de sus sucesores, que el Estado todavía profesaba el derecho a infligir la pena capital a los que rechazaban la adoración de imágenes del emperador o incluso por confesar el cristianismo.