Historia
GAUSSEN, FRANÇOIS SAMUEL ROBERT (1790-1863)

Con sus amigos, Merle d'Aubigné y Galland, Gaussen fundó una "Sociedad Evangélica" para distribuir Biblias y tratados y para interesar al público en la obra misionera entre los paganos. Poco después dicha Sociedad decidió fundar una escuela para la diseminación de las enseñanzas evangélicas y esta resolución se hizo llegar al Consejo estatal de Ginebra, así como a las iglesias, en cartas circulares firmadas por Galland, Merle d'Aubigné y Gaussen. Gaussen fue desposeído por el consistorio el 30 de septiembre de 1831, mientras que sus dos colegas fueron suspendidos. Durante largo tiempo viajó por Italia e Inglaterra, despertando fuerte simpatía por su causa en este último país, pero estimando a la Iglesia católica con extremo disgusto. En 1834 regresó a Ginebra y aceptó la cátedra de dogmática en la recién establecida escuela teológica. Se inclinó estrictamente hacia la ortodoxia reformada y se desvió de su doctrina sólo en cuanto a su teoría de la predestinación, aceptando la enseñanza de la elección por gracia pero negando el supralapsarianismo. Tres puntos de la teología evangélica fueron especialmente tratados por Gaussen: la divinidad de Cristo, las profecías y la autoridad divina de la Sagrada Escritura. En su Theopneustie (Ginebra, 1840) mantuvo que todos los pasajes en el Antiguo y Nuevo Testamento eran verbalmente inspirados, pero su teoría de la inspiración fue atacada por miembros de su propia escuela teológica y posteriormente también por Edmund Scherer, escribiendo él a consecuencia, en vindicación, Le Canon des Saintes Écritures au doble point de vue de la science et de la foi (Lausana, 1860). Fue también el autor de numerosas obras, incluyendo Leçons sur Daniel (3 volúmenes, incompleta, 1861) consistente de varias de sus clases catequéticas sobre Daniel y de Les premiers chapítres de l'Exode y Le prophète Jonas (estas dos últimas publicadas póstumamente). Sus obras disfrutaron de una amplia circulación tanto en Inglaterra como en Francia.
El siguiente pasaje está tomado de su obra Theopneustie:
Nuestro objetivo en este [artículo] es, con la ayuda de Dios y con la única autoridad de su Palabra, exponer, establecer y defender la doctrina cristiana de la inspiración divina...Definición de theopneustia': Este término es usado para designar el poder misterioso que el Espíritu divino ejerció sobre los autores de las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, para que las compusieran tal como han sido recibidas por la Iglesia de Dios de sus manos. `Poda la Escritura", dice un Apóstol, "es teopnéustica" (Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,[…]2 Timoteo 3:16).
Esta expresión griega, en la época en que san Pablo la empleó, era nueva, quizás incluso, entre los griegos. Sin embargo, aunque el término no se utilizaba entre los griegos idólatras, no ocurría lo mismo entre los judíos helenistas . El historiador Josefo, contemporáneo de san Pablo, emplea otro [término] muy parecido en su primer libro Contra Apión; al hablar de todos los profetas que compusieron... los veintidós libros sagrados del Antiguo Testamentos, añade que escribieron "según la pneustia (o la inspiración) que viene de Dios". Y el filósofo judío Filón', contemporáneo de Josefo, en el relato que nos ha dejado de su [misión como embajador] ante el emperador Cayo, haciendo uso... de una expresión muy parecida a la de san Pablo, llama a las Escrituras "oráculos teopnéusticos", es decir, oráculos dados bajo la agencia y el dictado' de Dios.
Theopneustia afirmada, no explicada. Mientras tanto, es importante para nosotros decir, y es importante que se entienda, que esta operación milagrosa del Espíritu Santo no ten¡,¡ por objeto a los escritores sagrados mismos pues éstos eran solo sus instrumentos y pronto desaparecerían sino que sus objetos eran los libros sagrados mismos, que estaban destinados a revelar los consejos de Dios ~i la Iglesia, de edad en edad, y que nunca desaparecerían.
El poder que se infundió entonces, sobre aquellos hombres de Dios y del cual, ellos mismos percibieron solo en grados muy diferentes, no se nos ha definido con precisión. Nada nos permite explicarlo. La Escritura nunca ha presentado ni su modo ni su medida romo un objeto de estudio. Lo que ofrece a nuestra fe es, únicamente, la inspiración de lo que dicen la divinidad del libro que han escrito . Fn este sentido, no reconoce ninguna diferencia entre ellos. Lo que dicen, nos dice, es teopnéustico -su libro viene de Dios . Ya tira que reciten los misterios de un pasado más antiguo que la creación, los de un futuro más remoto que la venida del Hijo del hombre, los consejos eternos del Altísimo, los secretos del corazón del hombre o las cosas profundas (le Dios; ya sea que describan sus propias emociones, relaten lo que recuerdan, repitan narraciones contemporáneas, copien genealogías o hagan extractos de documentos no inspirados, su escritura es inspirada, sus narraciones son dirigidas desde arriba. Siempre es Dios quien habla, Quien relata, Quien ordena o revela por su boca y quien emplea para ello, su personalidad en diferentes medidas porque el Espíritu de Dios ha estado sobre ellos, está escrito, y su palabra ha estado en su lengua (Ver El Espíritu del SEÑOR habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua.[…]2 Samuel 23:2). Y aunque sea siempre palabra de hombre, puesto que son siempre hombres quienes la pronuncian, es siempre, también, la Palabra de Dios, puesto que es Dios Quien los supervisa, emplea y guía. Ellos entregan sus narraciones, sus doctrinas o sus mandamientos, "no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu" (de lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, combinando pensamientos espirituales con palabras espirituales.[…]1 Corintios 2:13) y así es como Dios mismo, no sólo ha puesto su sello a todos estos hechos y se ha constituido el autor de todos estos mandamientos y revelador de todas estas verdades, sino que, además, Él ha hecho que sean dadas a su Iglesia en el orden, en la medida y en los términos que ha considerado más adecuados a su celestial propósito.
Si se nos preguntara entonces, cómo se ha llevado a cabo esta obra de inspiración divina en los hombres de Dios, responderíamos que no lo sabemos, que [no se requiere de] nosotros que lo sepamos y que es en la misma ignorancia y con una fe del mismo tipo que recibimos la doctrina del nuevo nacimiento y la santificación de un alma por el Espíritu Santo'. Creemos que el Espíritu ilumina esa alma, la limpia, la eleva, la conforta, la suaviza. Percibimos todos estos efectos; admiramos y adoramos la causa; pero hemos descubierto que es nuestro deber contentarnos con no saber nunca cómo se hace esto. Sea lo mismo entonces, con respecto a la inspiración divina.
Y si, además, fuéramos llamados a decir al menos, lo que los hombres de Dios experimentaron en sus órganos corporales, en su voluntad o en su entendimiento, mientras se dedicaban a trazar las páginas del libro sagrado, deberíamos responder que no todos sintieron los poderes de la inspiración en el mismo grado y que sus experiencias no fueron, en absoluto, uniformes. Pero podríamos añadir que el conocimiento de tal hecho afecta muy poco a los intereses de nuestra fe, dado que, en lo que respecta a esa fe, tenemos que ver con el libro y no con el hombre. Es el libro el que está inspirado y totalmente inspirado: Estar seguros de esto, debería dejarnos satisfechos.
Teopneustia: Su existencia, universalidad y plenitud' afirmadas... Nuestro propósito entonces... es probar la existencia, la universalidad y la plenitud de la inspiración divina de la Biblia.
Primero, nos interesa saber si ha habido una inspiración divina y milagrosa de las Escrituras. Nosotros decimos que sí la hay. Luego, debemos saber si las partes de la Escritura que son divinamente inspiradas lo son, igual y completamente; o, en otros términos, si Dios ha dispuesto, de una manera cierta, aunque misteriosa, que las palabras mismas de su santo Libro, sean siempre lo que deben se¡ y que no contenga error alguno. También afirmamos que esto es así. Finalmente, debemos saber si lo inspirado por Dios en las Escrituras, es una parte, de las Escrituras o es la totalidad de las Escrituras. Decimos que es la totalidad de la Escritura tanto los libros históricos como las tanto los evangelios como el Cantar de los Cantares, tanto los evangelios de Marcos y Lucas como los de Juan y Mateo; tanto la historia del naufragio de san Pablo en las aguas del Adriático, así como Ia del naufragio del viejo mundo en las aguas del diluvio; las escenas de Mamre bajo las tiendas de Abraham, así como las del día de Cristo en los tabernáculos eternos; las oraciones proféticas en las que el Mesías, mil años antes de su primer advenimiento, clama en los Salmos: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?... horadaron mis manos y mis pies... ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes" (Salmo 22:1,16-18), así como las narraciones que de ellas hacen san Juan, san Marcos, san Lucas o san Mateo.
En otras palabras, ha sido nuestro objetivo, establecer por la Palabra de Dios que la Escritura es de Dios, que la Escritura procede de Dios y que la Escritura proviene, enteramente, de Dios. Mientras tanto, sin embargo, debemos hacernos entender claramente. Al sostener que toda la Escritura es de Dios, estamos muy lejos tic pensar que el hombre [no tiene parte] en ella... ¡Allí, todas las palabras son del hombre, como allí, también, todas las palabras son de Dios! En cierto sentido, la Epístola a los Romanos es en su totalidad, una carta de Pablo y, en un sentido aún más elevado, la Epístola a los Romanos es en su totalidad, una carta de Dios... Al hacer que sus libros fueran escritos por hombres inspirados, el Espíritu Santo ha empleado casi siempre, más o menos, la instrumentalidad de su entendimiento, su voluntad, su memoria y todas las facultades de su personalidad... Y es así como Dios, Quien quiso dar a conocer los principios espirituales de la filosofía divina a sus elegidos en un libro que debía durar para siempre, hizo que sus paginas fuesen escritas, a lo largo de mil seiscientos años, por sacerdotes, por reyes, por guerreros, por pastores, por publicanos, por pescadores, por escribas, por fabricantes de tiendas, asociando a ello sus afectos y sus facultades... según lo juzgó conveniente.
Tal es pues, el libro de Dios. Su primera línea, su ultima línea, todas sus enseñanzas, entendidas o no entendidas, son del mismo Autor; y eso debería ser suficiente para nosotros. Quienes hayan sido los escritores --cualesquiera que hayan sido sus circunstancias, sus impresiones, su comprensión del libro y la medida de su individualidad en esta poderosa y misteriosa operación- todos ellos han escrito fielmente en el mismo rollo, bajo la supervisión y la guía del mismo Maestro, para quien mil años son como un día; y el resultado ha sido la Biblia.
Por lo tanto, no perderé el tiempo en preguntas ociosas; yo estudiaré el libro. Es la palabra de Moisés, la palabra de Amos, la palabra de Juan, la palabra de Pablo; pero aun así, los pensamientos expresados son los pensamientos de Dios y las palabras son las palabras de Dios. "Que por boca de David tu siervo dijiste" (el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: ¿POR QUE SE ENFURECIERON LOS GENTILES, Y LOS PUEBLOS TRAMARON COSAS VANAS?[…]Hechos 4:25)... "El Espíritu de Jehová ha hablado por mí", dijo él, "y su palabra ha estado en mi lengua" (El Espíritu del SEÑOR habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua.[…]2 Samuel 23:2).
Por tanto, en nuestra opinión, sería un lenguaje muy erróneo decir [que] ciertos pasajes de la Biblia son del hombre y ciertos pasajes de la Biblia son de Dios. No, cada versículo sin excepción, es del hombre y cada versículo sin excepción, es de Dios, ya sea que lo encontremos hablando allí directamente en su propio nombre o que emplee toda la personalidad del escritor sagrado... De hecho, sucede con la inspiración divina como con la gracia eficaz". En las operaciones del Espíritu Santo al hacer que se escriban los libros sagrados y en las del mismo agente divino al convertir un alma y hacerla avanzar por los caminos de la santificación, el hombre es, en diferentes aspectos, enteramente activo y enteramente pasivo. Dios lo hace todo allí; el hombre lo hace todo allí. Y de ambas obras puede decirse lo que san Pablo dijo de una de ellas a los Filipenses: "Dios es el que produce así el querer como el hacer" (porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito.[…]Filipenses 2:13). Así, verás que, en las Escrituras, las mismas operaciones se atribuyen alternativamente a Dios y al hombre. Dios convierte y es el hombre el que se convierte. Dios circuncida el corazón, Dios da un corazón nuevo; y es el hombre el que debe circuncidar su corazón y hacerse un corazón nuevo...
Tal es pues, la Palabra de Dios. Es Dios hablando en el hombre, Dios hablando por el hombre, Dios hablando como hombre, Dios hablando para el hombre... Ahora, ¿cómo establecerá el hombre esta doctrina? Por las Escrituras y sólo por las Escrituras.
Bibliografía:
Portavoz de la Gracia.