Historia

GEILER DE KAISERSBERG, JOHANN (1445-1510)

Johann Geiler (Geyler) de Kaisersberg, predicador alemán, nació en Schaffhaussen el 16 de marzo de 1445 y murió en Estrasburgo el 10 de marzo de 1510.

Johann Geiler
Johann Geiler
Su vida.
Fue educado en las ramas elementales en Ammersweier, una pequeña localidad en las inmediaciones de Kaisersberg en la alta Alsacia, donde su padre era secretario. A la edad de 15 años se matriculó en la universidad de Friburgo. En 1462 consiguió el bachillerato y dos años más tarde la maestría. Como tal enseñó sobre Aristóteles y gramática latina y durante un corto tiempo fue deán de la facultad filosófica. En 1471 fue a Basilea para estudiar teología. Tras promocionar enseñó sobre exégesis y Pedro Lombardo y en 1475 logró el doctorado en teología. A solicitud de los estudiantes el consejo de la ciudad de Friburgo le indujo a regresar a la universidad allí y según la costumbre se convirtió en primer rector de la universidad para la época invernal de 1476-77. Pero su talento le inclinó hacia el oficio de predicador y Peter Schott, ammeister de Estrasburgo, le convenció para que se quedara allí, donde había falta de buenos predicadores. Con la firme determinación de reformar la depravada moral de la ciudad, desempeñó su llamamiento (1478) y permaneció en Estrasburgo hasta el final de su vida.

Su predicación y esfuerzos reformadores.
Predicó sin temor y sin hacer acepción de personas. En la inauguración de un sínodo convocado por el obispo Alberto censuró a los convocados por su egoísmo y mundanalidad y exigió una reforma de la moral entre el clero. En favor de la Iglesia entró en varias disputas con los magistrados por negarse a otorgar la comunión y un funeral cristiano a personas condenadas a muerte; también se opuso a la tendencia de los legisladores civiles para invadir la libertad de los ciudadanos que intentaban legar su propiedad a la Iglesia. Sin embargo, sus vehementes ataques fueron a veces impotentes y sin resultado. Del mismo modo denunció los abusos de la vida eclesiástica, como, por ejemplo, los jolgorios y orgías en las festividades eclesiásticas, las mascaradas a comienzos de Cuaresma, el deseo de asuntos mundanos durante las horas eclesiásticas y la venta en los vestíbulos de las iglesias. En esas batallas encontró un obstáculo casi insuperable en la tenacidad con la que el pueblo retuvo la tradición y la connivencia que el clero tenía hacia ello. Algunas veces sus invectivas contra el consejo de la ciudad en el púlpito fueron tan violentas que fue citado a declarar; como respuesta publicó 21 artículos que contenían sus demandas de reforma. Con la misma firmeza reprobó los abusos entre las clases eclesiásticas. Muchos escogían la profesión clerical sólo por su ociosidad. Deploró la acumulación de beneficios y la preferencia dada a los nobles sin tener en cuenta sus méritos. No menos fieramente atacó los abusos en los monasterios, los pecados de los ricos, la degeneración en círculos militares, la lujuria en el vestir, las modas y la inmoralidad. Sin embargo, es un error contemplar a Geiler como un precursor de la Reforma. Su idea de la vida estaba centrada en el catolicismo y el medievalismo. A pesar de la alta estima por la Biblia consideró su explicación sujeta al consenso de los teólogos. Contra el despertar del humanismo permaneció siendo un escolástico de la vieja escuela. Recomendó las indulgencias y las buenas obras para el logro de la salvación y estimó a los santos como intercesores ante Dios.

Cuando el conde Federico de Zollern, un devoto alumno y amigo de Geiler, fue escogido obispo de Augsburgo, invitó a sus amigos de Estrasburgo, entre ellos Geiler, para que le prepararan para su oficio. El eminente predicador aceptó y predicó en Augsburgo varios meses antes de ser llamado de nuevo por su congregación. Entonces se dedicó enteramente a los asuntos de su propia ciudad. Junto con su amigo Jacob Wimpfeling intentó reformar el sistema escolar, pero sus esfuerzos no tuvieron éxito y Geiler, a pesar de su valoración como predicador, llego a la conclusión al final de su vida de que una reforma general del cristianismo era imposible. Según él, los únicos logros posibles eran reformas aisladas a pequeña escala.

Sus sermones.
La mayor parte de la literatura que es considerada actualmente obra de Geiler no procedió directamente de su pluma. Sus sermones fueron o copiados y preparados para la publicación, o a veces simplemente escritos sobre sus notas latinas, de las cuales se reconstruyeron sus sermones en alemán o se usaron esas notas tras su muerte. Siempre será una pregunta hasta dónde sus publicaciones son auténticas. Algunos de sus editores son desconocidos; de los conocidos se puede mencionar a Jacob Otther de Spira; el médico Johann Adelphus Mülling; Johann Pauli, el conocido autor de la humorística colección Schimpf und Ernst; Heinrich Wessmer y Peter Wickram. Los sermones de Geiler duraban usualmente una hora. En el púlpito tuvo ocasión de mostrar su talento de oratoria popular en la lengua vernácula y sus espontáneas invenciones de anécdotas, comparaciones, juegos de palabras y proverbios dieron a sus sermones su encanto. Son o bien sermones sobre el evangelio arreglados en la forma de homilías o consisten de series que están agrupadas alrededor de una idea común. A los escolásticos debe su afición para analizar su material en divisiones y subdivisiones y su tendencia a citar autoridades reconocidas. Su interés se centra principalmente en los sucesos cotidianos de la vida privada y pública. La sátira y el humor son sus principales armas. Hace sus sermones interesantes por sorprendentes símiles que a veces forman el punto central de una larga serie de sermones. Pero incluso cuando bordea lo burlesco es siempre serio. Es cierto que a veces va demasiado lejos en sus símiles y alegorías, pero la alegoría fue la moda de su tiempo y el gusto de sus oyentes no era refinado. Rindió un gran servicio a la lengua alemana al usarla exclusivamente en sus sermones y no una mezcla de latín y alemán, como era la costumbre de su tiempo.