Historia
GERSON, JEAN DE (1363-1429)
- Primeros años
- Su filosofía. Misticismo
- Su orgullo como teólogo. Influencia del sentimiento patriótico
- Doctrina de Gerson sobre el papado y los concilios
- Concilio de Constanza
- Últimos años

Era el hijo mayor de un matrimonio de campesinos, Arnolphe le Charlier y Elisabeth Chardenière (para una carta de su madre a sus dos hijos mayores comp. Schwab, p. 54; Jadart, páginas 119-120), y su educación fue posible por el patrocinio del duque de Borgoña. Tras su preparación en Reims fue a París en 1377 y entró en el colegio de Navarra. Al terminar su carrera en artes en 1381 acometió la de teología ese mismo año. En 1383 y 1384 fue procurador de la nación gala; en 1387 era miembro de la embajada de la universidad a Clemente VII contra el dominico Jean de Montson, que negaba la inmaculada concepción. En 1392 era doctor en teología y en 1395 sucedió a su maestro Pierre d'Ailly en la cancillería. Este oficio, que ejerció el resto de su vida, le dio la oportunidad de ejercer una influencia duradera no solo sobre la instrucción teológica, sino también sobre la académica en general. La posición eclesiástica que acarreaba favoreció su inclinación natural en la esfera de la práctica eclesiástica, la predicación y la cura de almas. En el siguiente pasaje habla sobre el propósito de la predicación:
'Muchos creen que los sermones deben predicarse solamente para que la gente aprenda y sepa algo que antes no sabía. De aquí el dicho irónico, "¿Qué me importa la predicación? Ya conozco más bien del que estoy dispuesto a realizar". Pero esta gente está en el error; porque los sermones no se predican únicamente por esta razón, para que uno pueda aprender algo, sino también por esta otra razón: para mover el corazón e inclinarlo hacia el deseo de amar, desear y obrar lo que es bueno. Por consiguiente, lo que el apóstol desea es, no tanto que aprendamos lo que hay en Cristo, como que poseamos la misma mente que hubo en él. Mas los que escuchan los sermones con el único objeto de aprender algo nuevo, son como aquellos de quienes escribe el apóstol, que siempre están aprendiendo y, sin embargo, nada saben.'

Comenzó su actividad escolástica con una notable reforma del curso teológico en su lado práctico (comp. la carta a su maestro d'Ailly, De reformatione theologiæ, Opera, i. 1, p. 120; y dos cartas a los eruditos del colegio de Navarra, p. 106). Sólo al final de su vida hay ciertos tratados preservados que tratan con problemas lógicos o metafísicos. Gerson era nominalista, pero quería mediar entre esa tendencia y el realismo; nuestras ideas de las cosas primero tienen necesidad en la noción de Dios, coincidiendo en este punto el ser y el pensamiento. La filosofía es una revelación de Dios también, pero el conocimiento necesita ser completado por la fe, que no es meramente un acto de cognición, sino un asunto de volición. Por lo tanto, el objetivo de la teología es práctico, siendo para Gerson el misticismo la verdadera teología. La función del escolasticismo es simplemente suplir la forma para el tratamiento del misticismo. Pero éste, a su vez, puede preservar su solidez, es decir, su carácter eclesiástico, sólo mediante tal tratamiento. El misticismo radical, incluyendo el de Jan van Ruysbroeck, fue atacado celosamente por Gerson. Sus prototipos eran Hugo y Ricardo de San Víctor y Buenaventura; en ocasiones retrocede hasta Bernardo, Agustín y el gran Dionisio. Sus principales escritos místicos (Opera, volumen iii, de Du Pin) pertenecen en grado notorio al periodo de su actividad en la política eclesiástica; el Considerationes de theologia mystica surge de sus clases y su segunda parte muestra que lo escribió en el otoño de 1407, durante un viaje como embajador a Génova. El proceso místico culmina en el amor, la actitud fundamental de la mente, innata en el hombre. En su más alto desarrollo, que no es una unión 'actual' con Dios pero sí la más estrecha moral concebible, implica también el más alto conocimiento. Pero las presuposiciones de los teólogos impiden a Gerson extraer la conclusión de este conocimiento. Él habla de un conocimiento perfecto sin amor y de un amor sin perfecta percepción. Sólo el teólogo puede alcanzar el misticismo perfecto. Y restaurar al teólogo a su derecho natural, capacitándole para ejercer este derecho, fue el objetivo de su multiforme actividad literaria y práctica.
Su orgullo como teólogo. Influencia del sentimiento patriótico.
El predominio del gobierno papal en la Iglesia había situado al derecho antes que a la teología y la facultad de los canonistas por encima de la de los teólogos, amenazando ahora el cisma con destruir completamente el halo venerable de los doctores en teología parisinos; con un papado estrictamente francés también vislumbraron, después de haberse enorgullecido de haber pronunciado decisiones para los papas de toda la Iglesia, el peligro que hundiría el nivel de las escuelas teológicas como Aviñón y Toulouse. Junto a su ambicioso patriotismo otro factor igualmente poderoso, producto de los tiempos, jugó un papel, tal como era la necesidad política en favor de la entusiasta idea de un reino francés; sin embargo, el crecimiento nacional de ese mismo reino fue, en realidad, el golpe fatal para la reconocida fama de la universidad. Los teólogos buscaron la unión de elementos heterogéneos en un solo dogma: Francia como la Nueva Jerusalén y su reino, desde el bautismo de Clodoveo, consagrada por un llamamiento eclesiástico universal. La unión de ambos factores es lo que define el carácter de un hombre como Gerson en su importancia histórica, siendo lo que domina su actividad en la política eclesiástica que le situó entre los dirigentes de su época.
Doctrina de Gerson sobre el papado y los concilios.
Gerson entró en el campo de la política eclesiástica de la mano de su maestro d'Ailly, lo cual le provocó al principio un serio conflicto, ya que se le pidió que siguiera a la casa de Borgoña, mientras que d'Ailly estaba del lado del príncipe de Orleáns, siendo la oposición política entre ambas casas, desde el pontificado de Benedicto XIII, más y más enconada en asuntos eclesiásticos. Gerson quiso mediar, especialmente en su Trialogus in materia schismatis. Sin embargo, él pertenecía al campo borgoñés y en una gran alocución de Estado en 1405 se atrevió a prescribir la ley al 'tirano' de Orleáns. En la evolución de los hechos, se convirtió en un patriota hasta el concilio de Pisa. No asistió al mismo en persona, pero en su De unitate ecclesiastica y De auferibilitate papæ ab ecclesia sostuvo su legitimidad en los términos más enérgicos; tras los decretos del concilio, sus tratados son las fuentes originales más importantes para el 'conciliarismo'. En este punto Gerson no es original, sino que depende en lo principal de Conrado de Gelnhausen y de Enrique de Langenstein; fue su elaboración casuística de sus principios y por otro lado su divergencia por el peligro de su negación antijerárquica, lo que les hizo populares. Gerson es tan poco 'liberal' que atribuye validez permanente al papado y la jerarquía, al ser lo inmutablemente ordenado por Dios para la Iglesia. Sin embargo, hace una distinción entre el oficio en sí (formaliter) y el oficio en su administración personal en cualquier tiempo (materialiter); y como toda ley se interpreta por el propósito de la ley, la jerarquía está subordinada a la idea más completa de la Iglesia universal. Más aún, no es una mera teoría, sino que tiene su ilustración visible en el concilio general que es, potencialmente al menos, infalible. El concilio está compuesto, eso sí, solo de las autoridades jerárquicas, pero cada creyente debe ser capaz de encontrar expresión en el mismo. El papa individualmente está sujeto al concilio y si es necesario se puede convocar sin él. De hecho, cabe en la mente de Gerson que suceda la contingencia de que un papa debidamente elegido pueda ser ejecutado si la salud de la Iglesia lo requiere.

En Constanza, Gerson experimentó la gratificación de ver sus doctrinas erigidas en artículo de fe, ejerciendo un papel directriz como cabeza de la delegación de la universidad de París en los días críticos tras la huida de Juan XXIII. Pero desde ese tiempo en adelante su fama rápidamente palideció. En el juicio de Hus fue acusador. Tras ello, aparte de ciertos informes y alocuciones protocolarias, su nombre ya no se menciona en los documentos oficiales. Las fuerzas del concilio escaparon de su control. De hecho, el canciller de la primera universidad del mundo, de quien se habría esperado una influencia sobre aquella impresionable asamblea, erró su objetivo. Había concebido la noción de que el concilio decidiera sobre una cuestión que era realmente francesa, pero que fue elevada a la categoría de un problema moral y teológico. El 23 de noviembre de 1407 una mano asesina, a salario de Juan de Borgoña, hijo y heredero de Felipe, acabó con el duque Luis de Orleáns, hermano de Carlos VI y al año siguiente Jean Petit, profesor de teología en París, justificó este asesinato por ser un tirano y un traidor. Gerson estaba tan devotamente entregado a la causa borgoñesa que mantuvo silencio y después sostuvo la política del asesino. Pero en París estos sucesos acabaron en un levantamiento popular, al que siguió una reacción. Los ojos de los patriotas se abrieron, alejándose permanentemente de la casa de Borgoña. Gerson pensaba en particular que toda la miseria de la nación surgía de la sangrante violación de la ley y la moralidad, por lo que aplicó todo su poder para que se hiciera satisfacción, sin la cual sería imposible una paz verdadera. Pero al hacer esto se puso al servicio del lado opositor, lo que fue una influencia decisiva en la delineación de la política de la delegación francesa en el concilio y salvo pequeñas vacilaciones mantuvo esta influencia sobre toda la sesión. El obispo de París, el 23 de febrero de 1414, se vio obligado a condenar la 'doctrina' de Petit, esperándose que el concilio confirmara este veredicto. Al luchar por su objetivo, Gerson mostró una persistencia que revela un idealismo puro elevado por encima de la pasión partidista. Fue su gesto heroico, pero también la trágica sombra de su vida, pues en el curso de los ardientes procedimientos que se extendieron desde los años 1415 a 1417 se quedó prácticamente solo. Del concilio, al que él se había acercado gozosa y esperanzadoramente, se retiró con la más amarga protesta (comp. Dialogus apologeticus y Tractatus quomodo etan liceat in causis fidei a summo pontifice appellare seu ejus judicium declinare). Y, en lugar de regresar a su amada patria, tuvo que vagar exiliado por temor a su antiguo protector, el duque de Borgoña.
Últimos años.
Por mediación de Alberto de Baviera primero encontró refugio en Rattenberg sobre el Inn, después en Neuburgo. En el otoño de 1418 se trasladó a territorio austriaco, probablemente a Mölk, ofreciéndole incluso el duque Federico de Austria el profesorado en Viena. Tras el asesinato de Juan de Borgoña (10 de septiembre de 1419), Gerson se retiró a la tranquila canonjía de San Pablo en Lyón, empleando su quietud en labores literarias. Entre la abundancia de sus escritos, parcialmente edificantes, parcialmente dogmáticos y morales, que pertenecen a este periodo final se pueden mencionar Consolatio theologiæ, el poema Josephina, en honor de San José, la armonía del evangelio Monotesaaran, el Dialogus sophiæ et naturæ super cælibatu, el tratado De concordia metaphysicæ cum logica; el Collectorium super Magnificat y el Tractatus super cantica canticoram. Apareció en público solo para pronunciar una alocución ante un sínodo provincial en Lyón (1421). Que enseñara a los niños es probablemente un mito. Se le erigió un monumento en la iglesia de San Lorenzo. El pueblo le honró como bienaventurado y se le atribuyeron milagros. Pero este recuerdo no sobrevivió en el tiempo, porque la iglesia de San Lorenzo fue devastada durante la Revolución Francesa. Solo su título de Doctor christianissimus pervivió en el mundo del saber.