Historia

GILBERT DE LA PORRÉE (1070-1154)

Gilbert de la Porrée (Gilbertus Porretanus) nació en Poitiers, Francia, en 1070 y murió allí el 4 de septiembre de 1154. Estudió en la escuela episcopal de Poitiers y luego en Chartres bajo Bernardo de Chartres, de cuyo platonismo realista se apropió. En París escuchó a Guillermo de Champeaux, luego a su alumno y oponente Abelardo y en Laon a los famosos teólogos Anselmo y Radulfo. En conocimiento estuvo por encima de la media de los eruditos de su tiempo. Desde 1125 a 1136 fue canciller y oficial presidente en la escuela catedralicia en Chartres; en 1137 era profesor de dialéctica y teología en París; en 1141 se trasladó a su ciudad natal como director de la escuela episcopal y en 1142 fue también obispo. Dos celosos archidiáconos de su iglesia le denunciaron en Roma por herejía respecto a la Trinidad, convirtiéndose Bernardo de Clairvaux en uno de sus principales oponentes. El papa Eugenio III pospuso la decisión a un concilio que sería celebrado en Reims en 1148. A Gilberto se le pidió que proporcionara una copia auténtica de su comentario sobre el De Trinitate de Boecio. De allí fueron extraídas cuatro vulnerables sentencias para el concilio en Reims, según las cuales enseñaba (1) que la esencia divina no era Dios; (2) que los atributos de las personas no eran las personas mismas; (3) que las personas teológicas no podían ser predicadas en ninguna proposición (por ejemplo, sería incorrecto decir que Dios es el Padre); (4) que la naturaleza divina no se encarnó. En conocimiento de los Padres y en dialéctica Gilberto fue muy superior a sus oponentes, incluso a Bernardo. Este último elaboró una confesión de fe en oposición a Gilberto, pero los cardenales estaban contra él. Bernardo tuvo que humillarse, aunque el papa aprobó su confesión en una forma general. Gilberto acordó purificar sus manuscritos de errores y tras reconciliarse con sus oponentes regresó a Poitiers donde administró su diócesis hasta su muerte, siendo muy respetado como maestro, aunque no parece que corrigiera su libro. La filosofía de Gilberto es un realismo consistente combinado con el método dialéctico de Aristóteles. Para los místicos fue naturalmente el campeón de un peligroso racionalismo. Walter de San Víctor le llamó uno de los "cuatro laberintos de Francia." Pero su seriedad y solidez de carácter, su devoción a la Iglesia y su piedad personal son garantía de que su doctrina y actividad no fueron destructivas, aunque ejerció el derecho de libertad en la investigación científica.