Historia
GILBERTO DE SEMPRINGHAM (c. 1083-1189)
Sus trabajos llamaron la atención de Robert Bloet, obispo de Lincoln († 10 de juniode 1123), en cuya casa ministró como empleado. Más tarde vivió en la corte del sucesor de Roberto, Alejandro († 25 de febrero de 1148). Las ganancias le permitieron dar sus ingresos de Tirington a los pobres; pero rechazó la archidiaconía que un prelado le presionó para que aceptara. Fue probablemente algún tiempo antes de que recibiera las órdenes de diácono, y fuertemente en contra de su voluntad se convirtió en sacerdote.
Gilberto fundó su orden, que en principio iba destinada solo para mujeres, antes de la muerte de Enrique I (1135); pero la dificultad de encontrar internas adecuadas lo llevó a admitir hombres, varios de los cuales escogió de sus primeros alumnos. El obispo Alejandro le ayudó a establecer su primera casa cerca de la iglesia de St. Andrew en Sempringham; y como la fama de la piedad de Gilberto se extendió, este ejemplo fue seguido por los nobles ricos y finalmente por Enrique II. Por consejo de William, abad de Rievaulx († en 1145 o 1146), Gilberto cruzó el canal para obtener del papa sanción para las órdenes que había elaborado para gobernar a sus seguidores; pero al principio no tuvo éxito. Cuando el paso de los años le concienció de dejar su responsabilidad, visitó Francia, dejando a su rebaño bajo el cuidado de sus 'principales amigos' los cistercienses. En la gran asamblea cisterciense en Citeaux (septiembre de 1147 o 1148) se encontró con Eugenio III, quien se afligió porque ya era demasiado tarde para hacerlo arzobispo de York. En esta u otra ocasión Gilberto contrajo amistad con Bernardo y Malaquías († 2 de noviembre de 1148), el famoso arzobispo de Armagh, de cada uno de los cuales recibió el cayado de abad.
Al regresar a casa, Gilberto completó los arreglos para la ordenación de algunos de sus canónigos y revisó las reglas de su orden. Más tarde encontró un sucesor en un antiguo alumno, Roger de Sempringham, preboste de Malton Church. A Roger, Gilberto juró obediencia y recibió el hábito de canónigo de sus manos en Bullington o Bollington.
Gilberto apoyó a Becket contra Enrique II y le envió dinero abiertamente en su exilio, por lo cual fue llamado ante la curia del rey en Londres. Las cosas le podían haber ido mal si no hubieran llegado mensajeros del rey, que estaba en el extranjero, con órdenes de reservar a Gilberto para el juicio real. Gilberto fue tenido en tal consideración que cuando llegó a la corte el rey solía visitarlo; la reina Eleanor y sus hijos le estimaban grandemente y cuando Enrique oyó hablar de su muerte durante la guerra contra sus hijos rebeldes, exclamó: 'Sabía que debía estar muerto por los males que se han aumentado sobre mí.' Los últimos años de Gilberto fueron perturbados por la mala conducta de dos de sus ayudantes más confiables, Gerard y Ogger Carpenter. A Ogger, de padres pobres y tres hermanos, Gilberto lo había educado desde su infancia. Su rapacidad e ingratitud provocaron a su patrón una reprimenda del papa Alejandro III y el anciano tuvo que escribir a Roma en su propia defensa. Casi todos los obispos ingleses escribieron en la misma líneas, como hizo también Enrique II, que rechazó los sobornos de los enemigos de Gilberto, aunque admitió la falta de disciplina en la que la nueva orden había caído. La debilidad de Gilberto aumentó con la vejez; pero cuando tenía más de cien años solo le falló su vista. Recibió la extremaunción en la noche de Navidad de 1188 en la abadía 'Kaadeneia'; luego, temiendo que su cuerpo fuera enterrado en otro lugar, se hizo llevar a Sempringham, 'cabeza de sus monasterios.' Aquí los gobernantes de todas sus iglesias vinieron a recibir su última bendición. Luego, con su sucesor solo en su diván, permaneció en una especie de estupor, del cual despertó repitiendo las palabras: 'Reparte, da a los pobres', Con liberalidad ha dado a los pobres; su justicia permanece para siempre; su poder será exaltado con honor.[…]Salmo 112:9. 'Este es tu deber para el futuro', agregó al observador a su lado. A la mañana siguiente murió a la hora de los maitines. Fue enterrado, envuelto en indumentaria sacerdotal, entre los altares mayores de Santa María y San Andrés en Sempringham. El rey Juan y muchos otros nobles visitaron su tumba (9 enero de 1201), y después de las debidas investigaciones fue canonizado por Inocencio III (11 de enero 1202), especialmente gracias a los esfuerzos del arzobispo Hubert Walter, a quien va dedicado el principal relato de su vida. Su cuerpo fue trasladado, 13 de octubre de 1202, en presencia del arzobispo Hubert y de muchos otros prelados y nobles.
Durante su vida, Gilberto había fundado trece iglesias conventuales y, al morir, su orden era de setecientos hombres y mil quinientas mujeres. Cada casa estaba gobernada por dos ancianos 'probados' y dos 'hermanas maduras.' El peligro moral inherente en su sistema, del que más años tarde Walter Map habló con tanta aprensión, se manifestó antes de 1166, como se ve en la repugnante historia de la 'monja de Wotton' contada por Ælred de Rievaulx.
Los escritos de Gilberto incluyen un tratado, De Constructione (o de Fundatione) monasterioum, reglas y regulaciones para su propia orden, que fueron confirmadas por Eugenio III, Adriano IV y Alejandro III y una carta a su orden. De Visch agrega un volumen de cartas y ciertos discursos, 'conciones' o 'exhortaciones'.
La vida de Gilberto, escrita por uno de sus propios autores y dedicada al arzobispo Hubert, se conserva junto con muchos otros documentos relacionados con el personaje, en un manuscrito del siglo XV. El autor había conocido personalmente a Gilberto y escribió a petición del abad Roger. Dos vidas más cortas están impresas en Acta Sanct. de los bolandistas para el 4 de febrero, págs. 570-573, una de los cuales es una reimpresión de Capgrave. Tanto el Cottonian como el Digby MSS. dan cuenta de la canonización de Gilberto. El último está precedido por una carta dedicatoria al arzobispo Hubert (folios 4-6). También incluye dos tratados sobre los milagros de Gilberto. Se concluye con la correspondencia relativa a la canonización y traslado de Gilberto y una serie de interesantes cartas escritas a él o en su favor por Enrique II, Alejandro III, Enrique, obispo de Winchester († 6 de agosto de 1171), Guillermo, obispo de Norwich († 16 de enero de 1174), el arzobispo Roger de York († 20 de noviembre de 1181), el cardenal Hugo y otros prelados, que parecen situar la disputa con Ogger entre 1170 y 1175.
La orden que él fundó, los gilbertinos o canónigos de Sempringham (Ordo Gilbertinorum canonicorum, Ordo Sempringensis) fue suprimida por Enrique VIII, tras haber tenido veintidós dobles conventos. Nunca se esparció fuera de Inglaterra. En su sistema de dobles conventos la orden presenta un paralelo parcial con la de Fontévrault, mientras que el empleo de hermanos laicos para ayudar a los monjes y de hermanas laicas para ayudar a las monjas recuerda a la religio quadrata de Cluny.