Historia
GOAR
Goar fue un reputado misionero en el medio Rin. Según su biografía en el Acta Sanctorum vino de Aquitania al Rin, en el reinado del rey franco Childeberto I (511-558) y construyó una celda y una capilla en el lugar de la antigua población de St. Goar (en la orilla izquierda del Rin, donde pasó su vida en ejercicios espirituales y el cuidado de viajeros, convirtiendo a no pocos paganos. Su propia hospitalidad fue la razón de una queja de dos clérigos de Tréveris; pero él se defendió tan contundentemente ante Rústico, obispo de esa sede, que el rey Sigeberto (561-576) quiso hacerlo obispo en lugar de Rústico. Goar declinó el ofrecimiento, volvió a su celda y murió en ella siete años después. La leyenda, que retrocede solo hasta el siglo IX, tiene poco valor histórico. Según un documento de Ludovico Pío, fechado en 820, Pipino y su esposa Berta construyeron una celda sobre la tumba del santo, diciéndose que Pipino asignó su jurisdicción al abad Asuer de Prüm, mientras que Carlomagno, en 788, destinó la celda como residencia para Tassilo de Baviera. En el siglo XI se convirtió en casa de canónigos, continuando hasta la Reforma.