Historia
GRANADA, FRAY LUIS DE (1504-1588)

Museo Lázaro Galdiano, Madrid
En estos años escribió sus primeros libros, que desaparecieron en su mayor parte y fueron como el bosquejo de otros que conocemos, según se desprende del epistolario de su amigo íntimo, Juan de Ávila, que escribió al arzobispo de Granada, Pedro Guerrero, "bien sería que (los misioneros) llevasen a los pueblos rosarios de cuentas y si fuesen benditos sería mejor. Item algunos libros devotos, como los de fray Luis", el 10 de marzo de 1547. La tradición supone que durante su prelacía en Scala-Coeli escribió el primer bosquejo de su tratado de la adoración y la meditación. En 1547, como prior y predicador general, asistió al capítulo que la provincia celebró en el convento real de predicadores de Jerez de la Frontera y el duque de Medina-Sidonia, Juan Alonso Pérez de Guzmán, que tomó posesión en dicha asamblea del patronato sobre los dominicos andaluces, que le había sido concedido, y oyendo predicar a fray Luis lo eligió como su predicador, cargo que desempeñó poco tiempo. La tradición le supone nuevamente fundador del convento de Santo Domingo de Badajoz, del que fue prior, pero que, según el subsidio de la provincia de 1547, era por dicha fecha convento formal y con rentas, ya que contribuía con 9.729 maravedíes. Durante esta prelacía escribió su libro Guía de pecadores y consiguió para su comunidad notables mercedes de su amigo el duque de Feria.
Es difícil precisar la razón verdadera de la marcha de fray Luis a Portugal, aunque ofrece grandes probabilidades la versión de que sus superiores quisieran substraerle a la persecución que la Inquisición española empezaba contra los místicos, a quienes se creía contagiados de luteranismo por sus exhortaciones a la vida interior y a la necesidad de que a las obras externas acompañase la piedad interna. Los más tachados eran Juan de Ávila, Francisco de Borja, los dominicos de Granada y el arzobispo Carranza, cuyo proceso fue el coronamiento de la campaña. El docto historiógrafo de Granada, fray Justo Cuervo, ha demostrado, cotejando los ejemplares primitivos de las obras de fray Luis, Ávila y Francisco de Borja, que recogió la Inquisición con las que luego corrieron, el exceso de suspicacia y prevención con que se procedió contra aquéllos, a los que no se redujo a prisión por haber fallecido ya uno y hallarse fuera de su alcance, en Portugal y Roma, los otros dos. Trasladado fray Luis a Portugal, a petición del infante don Enrique, cardenal-arzobispo de Évora, que le nombró su confesor y teólogo, el general de los dominicos, Esteban Usodimare, le transfirió en 1556 a la provincia de Portugal, afiliándole al convento de Évora. Un año después fue elegido provincial en el capítulo que se celebró en el convento de Batalha, a pesar de su condición de español, siendo su primera obra la erección en priorato del santuario de Nuestra Señora de la Luz, en la villa de Pedrogaán, a la que se siguió la del convento de San Antonio en Montemayor del Alentejo y la anexión del rico monasterio de Amade a Santo Domingo de Lisboa para con sus rentas sostener los estudios de aquél. A la terminación del provincialato en 1562, hubo de ir a Lisboa, donde residía el cardenal don Enrique, ya regente del reino, y la reina doña Catalina, que le había elegido por confesor, y en dicho convento permaneció hasta su muerte, siendo predicador de la corte en los reinados de don Sebastián y don Enrique. A la muerte de éste se mantuvo bastante al margen de las luchas dinásticas por la sucesión de la Corona portuguesa, y a pesar de su convencimiento de la legitimidad de los derechos de Felipe II y su amistad con el duque de Alba, conquistador del reino, de quien fue confesor y a quien asistió en su última hora, no quiso prestarse a las comisiones que otros dominicos insignes, como el gran orador Hernando del Castillo, desempeñaron para atraer partidarios al soberano español, lo que enfrió bastante la admiración que por él sentía aquél y le originó no pocos ni pequeños disgustos, pues los españolistas le comenzaron a tachar de afecto al prior de O'Crato, surgiendo graves desavenencias en el seno de la provincia, las que motivaron un breve pontificio que deponía al vicario general Antonio de la Ceida, y nombraba para sucederle al maestro fray Luis en 1581. A pesar de los buenos oficios del duque de Alba, Felipe II no quiso consentir en la prelacía del gran orador, y valiéndose del nuncio en Lisboa hizo declarar falso el breve y retirar del vicariato a fray Luis, quedando éste a merced del bando españolista triunfante, que amargó cuanto pudo con sus persecuciones los siete últimos años de la vida de aquél, a pesar de haberle devuelto su aprecio el rey al visitar a Lisboa en aquella ocasión. Se le privó de su fiel compañero y amanuense Francisco de Oliveira, con quien se extremaron de tal forma los malos tratos, que, deseoso de salir de ellos, pidió y obtuvo del general Sixto Fabri el permiso para retirarse a una cartuja el 2 de febrero de 1584. En 1588 la visita del mencionado general a Portugal remedió no poco estas cosas, siéndole devuelto a fray Luis su compañero y amonestados seriamente sus perseguidores. Enfermo de una hernia, ciego y sin dientes, por lo que no podía predicar, fray Luis se dedicó en sus últimos años a la dirección de religiosas y a escribir libros, y con el fin de ser útil al convento de Lisboa, tuvo el rasgo de aprender harmonía y servir en el órgano a la comunidad.

Academia de San Fernando, Madrid
Aunque escribió sermones y biografías e hizo traducciones notables, fray Luis debe su fama a dos obras, la ya mencionada Guía de pecadores, que es una norma de vida en el camino de la virtud, y La introducción del símbolo de la fe, que consiste en una apología del catolicismo. Aunque tienen poco de original su valor reside en la claridad de exposición, usando un castellano puro, pero sin pedantería.