Historia

GREGORIO IX (c. 1145-1241)

Gregorio IX (conde Hugo, o Ugolino, de Segni) fue papa entre los años 1227 y 1241. Nació en Anagni hacia 1145 y murió en Roma el 22 de agosto de 1241.

Gregorio IX, miniatura. Biblioteca Nacional Marciana, Venecia
Gregorio IX, miniatura. Biblioteca Nacional Marciana, Venecia
Comenzó su carrera eclesiástica bajo Inocencio III, su tío, quien le hizo cardenal-diácono y luego cardenal-obispo de Ostia. Honorio III (1216-27) le encomendó importantes misiones. Su nombre también está estrechamente relacionado con la historia del surgimiento de la orden franciscana, mientras que Domingo, fundador de los dominicos, también tuvo su apoyo. Tras la muerte de Honorio III, el cardenal Ugolino fue elegido como papa Gregorio IX.

Gregorio y Federico II de Alemania.
Rápidamente Gregorio tensó sus relaciones con Federico II de Alemania, aunque anteriormente habían sido buenas. Las causas de la tensión yacen en la tendencia general de la política imperial. En la dieta de Francfort de 1220 Federico había nombrado a su hijo Enrique rey elegido de los romanos; la administración de Sicilia había sido cedida a Federico por Honorio III y tras poner allí los asuntos en orden había acometido la tarea de recuperar los derechos imperiales en el norte de Italia, donde los lombardos los habían recortado. En esta ampliación del poder imperial Gregorio vio un peligro para la sede romana. Su malestar creció porque Federico había pospuesto el cumplimiento de su promesa para actuar en Tierra Santa. En la fecha señalada (agosto de 1227) se había puesto a la cabeza de los cruzados acuartelados en Brindisi, pero la plaga que diezmó a miles de peregrinos le contagió también a él, obligándole a permanecer en Otranto. Gregorio, sin hacer un examen detallado de las circunstancias, excomulgó al emperador (27 de septiembre de 1227), justificando la condena en una encíclica.

Federico se defendió públicamente y al año siguiente emprendió la cruzada ante las protestas del papa y en difíciles condiciones. A pesar de todo, logró, por un tratado con el sultán Kamil de Egipto (18 de febrero de 1229), más que los anteriores cruzados. La principal ganancia fue que Jerusalén pasó a manos cristianas, con derecho de fortificación. Pero el patriarca de Jerusalén, tras haberse coronado Federico como rey de Jerusalén, emitió un entredicho contra los lugares santos. En vista de esta hostilidad y ante las noticias de una usurpación del papa sobre Sicilia, Federico determinó regresar rápidamente. Pudo echar a los soldados papales y al año siguiente, por la Paz de Ceperano (28 de agosto de 1230), tras grandes concesiones, le fue levantada la excomunión.

Gregorio IX consagrando la capilla de San Gregorio, detalle de un fresco, siglo XIII, en la iglesia de Sacro Speco, Subiaco, Italia
Gregorio IX consagrando la capilla de San Gregorio,
detalle de un fresco, siglo XIII, en la iglesia de
Sacro Speco, Subiaco, Italia
Relaciones con otros países. Importancia y carácter de Gregorio.
Siguieron nueve años de paz, pero el conflicto fundamental de intereses papales e imperiales continuó, desembocando finalmente en la ruptura. Gregorio se alió con los adversarios de Federico, los lombardos, y el 20 de marzo de 1239 excomulgó al emperador por segunda vez. Tanto el papa como el emperador vindicaron su causa en público, pero Gregorio, no dispuesto a la paz, fraguó la idea en 1241 de sentenciar a Federico mediante un concilio ecuménico en Roma. Sin embargo, el plan falló ya que la flota imperial y la pisana derrotaron a la genovesa al sudeste de Elba y los prelados no italianos abordaron la escuadra vencida. Ni siquiera la aparición de los tártaros en Europa central en 1241 hizo que Gregorio se moviera de su dura oposición hacia el emperador, deteniéndose su avance en la batalla cerca de Leignitz (9 de abril de 1241). Las relaciones de Gregorio con otros países permanecieron en un segundo plano, en comparación con su lucha con Alemania. Bajo su contemporáneo Luis de Francia (1226-70) ese país se consolidó como un fuerte reino hereditario. En Inglaterra el clero reaccionó vigorosamente contra la práctica de la curia de otorgar lucrativos beneficios a los extranjeros. Gregorio también prestó atención a los planes cruzados, ocupándose en ideas misioneras. Sus tempranas relaciones con las órdenes mendicantes les procuraron ventajas, aunque la división entre los franciscanos comenzó ya en su tiempo. Convirtió la batalla contra la herejía, al finalizar las guerras contra los cátaros, en una permanente institución de la Iglesia, haciendo época para toda la Iglesia medieval al desarrollar las leyes contra la herejía en una manera que se mantuvieron en el tiempo. Su importancia para la filosofía y teología medieval se debe a que aprobó el estudio de Aristóteles. Finalmente, el pontificado de Gregorio fue de la mayor importancia en la esfera del derecho canónico ya que, por su capellán, Raimundo de Peñafort, obtuvo una colección de decretales compiladas que obtuvieron reconocimiento universal al ser una codificación del derecho canónico, contribuyendo no poco a la victoria de la autoridad legislativa del papa. En su celo por los intereses de la Iglesia católica puede ser llamado grande, pero su ceguera en su odio hacia Federico y su falta de escrúpulos por sus agresivas medidas constituyen una mancha en su reputación.