Historia

GREGORIO X (c. 1210-1276)

Gregorio X (Teobaldo Visconti), papa entre los años 1271 y 1276, nació en Piacenza, Lombardía, hacia 1210 y murió en Arezzo el 10 de enero de 1276.

Gregorio X entrega mensajes a los hermanos Polo para el Gran Kan mongolMiniatura de Il Milione
Gregorio X entrega mensajes a los hermanos Polo para el Gran Kan mongol
Miniatura de Il Milione
El concilio de Lyón, 1274.
Fue canónigo de Lyón y archidiácono en Lieja sin ser aún presbítero. Fue elegido papa el 1 de septiembre de 1271. La sede romana había estado vacante durante casi tres años (desde la muerte de Clemente IV el 29 de noviembre de 1268), dividiéndose los cardenales reunidos en Viterbo en una facción francesa y otra italiana, siendo imposible llegar a un acuerdo hasta que finalmente lo lograron con la elección de Teobaldo Visconti. En ese momento él estaba en Tierra Santa como cruzado. Al llegar las noticias de su elección partió de Acre el 19 de noviembre y llegó a Brindisi el 1 de enero de 1272 y, tras detenerse en Viterbo, entró en Roma el 13 de marzo. Fue ordenado sacerdote el 19 de marzo y el 27 recibió la consagración en San Pedro como Gregorio X. El 31 de marzo convocó un concilio general para el 1 de mayo de 1274 a fin de acabar con el cisma de oriente, para extirpar el poder sarraceno de Tierra Santa y para acabar con la corrupción moral generalizada en clero y laicos. Formalmente se decidió el 13 de abril de 1273 que el concilio se reuniría en Lyón. De los príncipes invitados sólo Jaime I de Aragón asistió personalmente, pero muchos embajadores estuvieron presentes y unos mil seiscientos prelados, entre los que había quinientos obispos. La primera sesión del concilio, que es contado por la Iglesia católica como el decimocuarto concilio ecuménico, se abrió el 7 de mayo de 1274 y la sexta y última el 17 de julio.

El siguiente texto es la declaración del segundo concilio de Lyón sobre la procedencia del Espíritu Santo:

'Confesamos con firme y devota profesión que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, no como de dos principios, sino como de un solo principio, no de dos espiraciones, sino de una única espiración. Esto ha profesado hasta ahora, lo predicó y enseñó, lo sostiene firmemente, lo predica, profesa y enseña la sacrosanta Iglesia romana, madre y maestra de todos los fieles; esto sostiene la verdadera e inmutable doctrina de los Padres ortodoxos y de los Doctores, tanto latinos como griegos. Pero porque algunos, a causa de la ignorancia de dicha incontestable verdad, han caído en diversos errores, Nos, deseando cerrar el camino a dichos errores, con aprobación del sacro Concilio, condenamos y reprobamos a todos los que osen negar que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, o afirmar con temerario atrevimiento que el Espíritu Santo proceda del Padre y del Hijo como de dos principios y no como de uno solo.'
(Canon De summa Trinitate et fide catholica)
Intentos de cruzada.
Gregorio tenía interés particular por Tierra Santa, obteniéndose grandes recursos de Francia e Inglaterra que permitieran al nuevo patriarca de Jerusalén (el arzobispo Tomás de Cosenza), a quien Gregorio había nombrado, proveer para el sostenimiento del ejército cristiano. Más aún, a iniciativa del rey Carlos de Sicilia, se alcanzó una tregua en Cesarea entre el sultán Bibars y el rey Hugo de Chipre, al menos en lo que a Nazaret y Ptolemaida concernía. A partir de allí se presentaron toda clase de circunstancias. El príncipe Eduardo de Inglaterra dejó Tierra Santa; el nuevo patriarca demostró ser un incompetente y continuó la lucha entre Hugo de Chipre y María de Antioquía por la corona de Jerusalén. El concilio fracasó en apoyar las operaciones en el este. El papa ideó obtener un diezmo de los ingresos eclesiásticos de seis años para la causa de la cruzada, pero no se tomó ninguna acción práctica al respecto.

Unión con la Iglesia oriental.
El emperador Miguel Paleólogo de Bizancio había enviado embajadores a Lyón para obtener la ayuda de Gregorio contra los designios agresivos de Carlos de Sicilia, mostrando gran cordialidad hacia los planes eclesiásticos del papa. Los delegados bizantinos aceptaron el filoque en el credo; se reconoció la primacía de Roma en un comunicado imperial que fue leído en público y en nombre del emperador se juró solemnemente abjurar de todo cisma. En resumen, la sumisión a Roma fue completa.

Escudo de armas de Gregorio X
Escudo de armas de Gregorio X
Relaciones con Alemania.
El concilio también fue importante para las relaciones de Gregorio con Alemania. Cuando tras la muerte de Ricardo de Cornualles (2 de abril de 1272) el pretendiente, Alfonso de Castilla, demandó la corona imperial, el papa se mantuvo distante, como había hecho con la exigencia de Felipe de Francia, que estaba respaldada por Carlos de Sicilia. Por otro lado, a finales de julio de 1273 escribió a los electores alemanes para que celebraran una nueva elección prontamente y les amenazó, si así no se hacía, con nombrar un rey. El conde Rodolfo de Habsburgo fue elegido en Francfort el 1 de octubre de 1273. El rey Ottocar de Bohemia presentó una protesta contra la elección después de que Gregorio aprobara la petición de Rodolfo para la corona imperial. El papa no logró que Ottocar de Bohemia se sometiera a Rodolfo, pero sí pudo obtener la renuncia de Alfonso de Castilla a sus aspiraciones al imperio. Rodolfo de Habsburgo fue reconocido por Gregorio en una proclamación por escrito fechada el 26 de septiembre de 1274. Tras ulteriores concesiones en Lausana (21 de octubre de 1275) se fijó el día de la coronación para el 2 de febrero de 1276.

Reforma eclesiástica.
Al menos se hicieron algunos intentos, aunque no hubo reforma fundamental, para remediar la corrupción moral de la época. La más importante de las leyes aprobadas fue la tocante a la elección papal, por la que serían los cardenales quienes se reunirían en cónclave para una nueva elección. Finalmente, mientras el concilio estaba celebrándose se cerraron las negociaciones con Felipe de Francia para la cesión a la curia del condado de Venaissin, que permaneció como posesión papal hasta 1791. De todo esto pareciera que Gregorio X consiguió grandes resultados, pero no fueron duraderos. La unión con los griegos pronto demostró ser una ilusión y el tiempo de las cruzadas ya había pasado.