Historia
GUILLERMO DE ORANGE (1533-1584)
- Familia y herencia
- Leal oposición al gobierno del rey
- Rebelión abierta y alianza con el calvinismo
- Triunfo de Guillermo
- Fracaso de Guillermo

Guillermo, hijo mayor del duque de Nassau-Dillenburg del mismo nombre, creció en un ambiente luterano. Más ricas que las posesiones ancestrales de sus padres en la región del río Lahn en Nassau eran las posesiones que, desde 1404, otra rama de la familia había obtenido en Brabante y otras partes de los Países Bajos, donde su centro principal estaba en Breda. Cuando Guillermo nació, la rama de Brabante estaba representada por Enrique, el hermano mayor de su padre, y por su único hijo, René, quien en 1530 había heredado de un tío materno los dominios de la casa de Chalon-Arlay, convirtiéndose en el mayor señor del Franco Condado y gobernador de la principalidad provenzal de Orange. René de Orange fue asesinado en 1544, dejando la conjunta riqueza de las casas de Nassau-Breda y Chalon-Orange a su primo Guillermo, que entonces tenía once años.
Ante la importancia de su herencia, el emperador Carlos V, señor de los Países Bajos borgoñeses, estipuló que los padres de Guillermo renunciaran a su patria potestad y que el joven príncipe fuera educado en su nueva tierra como católico. De ese modo Guillermo pasó sus años formativos en Breda y Bruselas, bajo la guía de tutores apropiados, siendo debidamente aleccionado en los principios propios de un joven de su posición. El francés se convirtió en su lengua cotidiana y adquirió un dominio coloquial del holandés. A pesar de sus inmensas propiedades, sus circunstancias financieras fueron estrechas desde el principio. La escasez de liquidez lo asedió continuamente, incluso después de casarse (8 de julio de 1551) con una rica heredera, la condesa Ana de Egmond-Buren, quien le proporcionó adicionales baronías, especialmente en Holanda. Esas estrecheces pecuniarias estructurales las compartía con la mayoría de su clase y con el gobierno borgoñés mismo.
Favorito de Carlos V y de la corte de Bruselas, Guillermo desempeñó fielmente los deberes sociales, militares y diplomáticos que se esperaban de él, lo que continuó haciendo con Felipe II, hijo del emperador y sucesor suyo como rey de España y señor de los dominios borgoñeses. Junto con sus posteriores enemigos, el cardenal Granvela y el duque de Alba, negoció el Tratado de Cateau-Cambrésis (1559), que, al acabar la prolongada lucha entre Borgoña-Habsburgo y Francia, liberó de la ocupación francesa su principado de Orange e hizo a los Países Bajos accesibles a los predicadores calvinistas de Francia. Felipe II al ascender al trono en 1555 había admitido a Guillermo al Consejo de Estado y ahora, antes de su partida para España, lo nombró stadtholder (gobernador y comandante en jefe) en Holanda, Zelanda y Utrecht (agosto de 1559) y después del Franco Condado (febrero de 1561). Fue en esta época cuando, por su habitual discreción, se le dio el apodo de el Taciturno, que desde entonces quedó unido a su nombre.

Si hubiera que enumerar las causas del descontento en los Países Bajos ante el gobierno español, podrían resumirse así: Dificultades pecuniarias, edictos contra la herejía, la Inquisición, la creación de nuevos obispados y el odio a la dominación extranjera. A partir de 1561, Guillermo junto con otros grandes señores que se sentían excluidos de sus derechos a compartir el gobierno del país, comenzó a protestar abiertamente contra la conducta de la administración de Bruselas, en la que Granvela, el principal consejero de la regente Margarita, duquesa de Parma, era la figura más poderosa. Al principio las cuestiones religiosas no fueron prominentes entre las causas de descontento, pero gradualmente se incrementaron al difundirse las ideas protestantes y afirmarse la determinación de Felipe II de no tolerar ninguna desviación de la ortodoxia católica. Guillermo y sus asociados, influenciados en diversos grados por las ideas del humanista Erasmo, compartían los sentimientos de la mayoría de sus compatriotas, que, aunque permanecían nominalmente católicos, se resentían de la persecución religiosa. Además, varios de los nobles, igual que Guillermo, tenían amigos y parientes entre los protestantes. El 25 de agosto de 1561 Guillermo, viudo desde 1558, reforzó su relación luterana y alemana al tomar como segunda esposa a Ana de Sajonia.
En la mente de Guillermo, príncipe de Orange, la cuestión religiosa iba adquiriendo cada vez mayor importancia. En un destacado discurso ante el Consejo de Estado, argumentó que no era posible imponer la unidad religiosa y que los príncipes no tenían derecho a gobernar sobre las conciencias de sus súbditos. Pero el rey en octubre de 1565 dio estrictas órdenes de que los mandatos contra los herejes fueran aplicados inexorablemente.

Guillermo parece haber considerado la resistencia activa inmediata, pero no hizo nada porque el héroe popular Lamoral, conde de Egmont, gobernador de Flandes y Artois, no le apoyó. Guillermo permitió que los protestantes, en abierta rebelión, le saludaran como su defensor, pero él mantuvo el orden público. Como vizconde heredero de Amberes, apagó una insurrección de los numerosos calvinistas que allí había, manteniendo cerradas las puertas a los rebeldes y las fuerzas gubernamentales. Proclamó su lealtad al rey, aunque se negó a prestar el nuevo juramento de obediencia incondicional que la regente exigía de todos los oficiales, retirándose prudentemente en abril de 1567 a la posesión familiar en Dillenburg. Muchos miles siguieron el ejemplo de Guillermo o ya le habían precedido, teniendo lugar una emigración a Inglaterra, Alemania y Francia.

De un dibujo de Felipe Ward
En mayo de 1567 el orden fue restaurado en todas partes. Sin embargo, en agosto el duque de Alba entró en Bruselas a la cabeza de un ejército bien preparado e inauguró un gobierno de terror. En septiembre se estableció un tribunal especial, el Consejo de los Tumultos, que ha pasado a la historia con el terrible nombre de Tribunal de la Sangre, para tratar todos los casos de rebelión y herejía, teniendo lugar más de mil ejecuciones (incluyendo las de Egmont y Horn). Guillermo, citado ante el tribunal, replicó con una Justificación. Pero sus posesiones en los dominios de Felipe II fueron confiscadas y su hijo Felipe Guillermo, estudiante en Lovaina, fue deportado a España.
De nuevo la causa de la libertad, no menos que la de la religión, estaba en el candelero. La oposición se iba esparciendo y Guillermo esperaba un levantamiento general cuando él apareciera como libertador. Vio su propio destino irrevocablemente unido al de los Países Bajos, no dudando ya en emprender una acción militar. Aunque decepcionado por la falta de apoyo de los príncipes luteranos alemanes o del emperador Maximiliano II, pudo, con la ayuda de parientes, levantar tropas. En abril de 1568 se llevaron a cabo dos invasiones en los Países Bajos, pero ambas terminaron mal. Una de las fuerzas atacantes fue destruida por el duque de Alba en las orillas del río Emsa. Guillermo mismo se incorporó a la escena a comienzos de octubre y marchó hacia Brabante, pero la esperada insurrección no se materializó, viéndose obligado a retirarse a Francia, donde se quedó algún tiempo con los hugonotes, la facción calvinista que estaba en rebelión contra el gobierno francés, antes de regresar, en octubre de 1569, a Alemania. Su hermano, el conde Luis, se quedó en Francia como representante personal suyo. Las fracasadas campañas al menos dieron popularidad a Guillermo, como campeón contra la opresión. Los calvinistas estaban dispuestos a perdonarle que no se levantara en armas en 1566, mientras que él los apreció por ser el núcleo de la resistencia, si bien le desagradaba su puritanismo e intolerancia. Además, el calvinismo era un "poder internacional" y de sus adherentes en Alemania y Francia había recibido su apoyo más efectivo, de ahí que tuviera lugar un acercamiento, aunque no fue hasta 1573 que él finalmente se unió a la Iglesia reformada. Fue aquí donde las doctrinas sustentadas por la Reforma se abrieron paso poco a poco en su conciencia. Desde el comienzo de su destierro, no sólo se había aplicado al estudio, que un tiempo despreciara, del evangelio, sino que pidió al landgrave de Hesse que le enviase un predicador evangélico que le ayudase en su tarea. Sus cartas demuestran que no era exclusiva, ni aun siquiera principalmente, la ambición política lo que le impulsaba a obrar, sino la profunda convicción de que era el instrumento de que Dios quería valerse para rescatar a su país de la inhumana opresión de la tiranía española.
Esos fueron sus años más oscuros. Con el duque de Alba afianzado en el poder y sus propios planes frustrados, habiendo perdido a su hermano (Adolfo) y a muchos de sus amigos, privado de su hijo, sus posesiones y sus cargos, quedó abrumado por las dificultades financieras y la caprichosa conducta de su esposa, Ana de Sajonia, de quien se divorció en 1571. La propaganda orangista era activa, pero las operaciones militares quedaron confinadas a las hazañas de los pordioseros del mar, que combatían al rey de España desde bases extranjeras. Sus bloqueos contribuyeron al empeoramiento económico en los Países Bajos y al descontento generado por la dura administración del duque de Alba, especialmente en la provincia de Holanda.

Mientras tanto, grandes partes de Gelderland y Frisia se unieron a la revuelta, al quedar retenidos el duque de Alba y su ejército en el sur para contrarrestar el principal ataque, que había partido de Francia. Luis de Nassau había capturado Mons, siendo asediado por los españoles. Guillermo marchó hacia Brabante y varias poblaciones le abrieron sus puertas. Pero las esperanzas en el apoyo francés se desvanecieron, cuando la Matanza de San Bartolomé destruyó la influencia hugonote en la corte francesa. Luis se vio obligado a capitular en septiembre y Guillermo despidió a sus mercenarios. La lucha en el sur dio al menos un respiro para que las rebeldes provincias septentrionales consolidaran su posición. Guillermo se unió a ellas, desembarcando en Enkhuizen el 21 de octubre.
Durante cuatro años (1572-76) dirigió la desesperada resistencia de las dos provincias marítimas (Holanda y Zelanda) contra los ejércitos españoles enviados para someterlas. Dos de sus hermanos, Luis y Enrique, cayeron derrotados cerca de Nimega en abril de 1574. Mientras tanto, sus emisarios actuaban en las provincias sometidas, en Inglaterra, Alemania y Francia, y el 12 de junio de 1575 se casó con Carlota de Borbón-Montpellier, antigua abadesa que se había unido a la Iglesia reformada. Guillermo necesitaba toda su autoridad, tacto y tenacidad para mantener unidos a sus seguidores e impedir intereses divisivos. Intentó frenar los excesos y mitigar la intolerancia de los protestantes, pero no pudo mantener la igualdad de católicos y reformados que anteriormente había defendido y en 1573 la adoración católica fue prohibida. Mientras durara la guerra, Guillermo fue reconocido como "principal y suprema autoridad", pero la libertad de adoración quedó específicamente excluida, aunque se reconoció la libertad de conciencia.

Un colapso temporal del poder español en los Países Bajos en 1576 dio a Guillermo una renovada oportunidad. En ausencia del gobernador general tras la muerte del sucesor del duque de Alba, Luis de Requeséns y Zúñiga, y confrontado con las amotinadas tropas españolas, el Consejo de Estado se aventuró a convocar los Estados Generales. Esta asamblea, que pretendía actuar en nombre del rey, pero usurpando de hecho poderes reales, abrió inmediatamente negociaciones con las provincias rebeldes. El resultado fue la Pacificación de Gante (8 de noviembre de 1576). Se ha supuesto que la influencia de Guillermo y sus emisarios fue responsable primordial para este acuerdo. Ciertamente esta paz, complementada por la primera Unión de Bruselas (enero de 1577), anunciaba la realización de sus ideales y ambiciones; no solo su jefatura fue confirmada y sus posesiones le fueron devueltas, sino que la unión de los denominados 17 Países Bajos bajo un gobierno nacional parecía quedar acabada. Pero la idea de una "patria común", aunque creciente, no era lo suficientemente fuerte como para vencer las particularidades o divisiones religiosas. Por el Edicto Perpetuo de 1577 el tratado de los Estados Generales con el nuevo gobernador general, Don Juan de Austria, especificaba que la religión católica había de ser mantenida en todo el país, pero por la ausencia de provisiones para el mantenimiento de la Pacificación, los diputados de Holanda y Zelanda abandonaron la asamblea.
Sin embargo, en julio de 1577 Don Juan de Austria intentó renovar las hostilidades, lo que empujó al pueblo a apoyar más a Guillermo. Las ciudades de Holanda y Zelanda que siempre se habían opuesto a él o habían sido recuperadas por los ejércitos españoles, reconocieron ahora su autoridad. La última (febrero de 1578) fue Ámsterdam. La ciudad y provincia de Utrecht la siguió y en Flandes, Brabante, Groningen y otras partes, los burgueses y comerciantes calvinistas fueron hegemónicos. En septiembre de 1577 los Estados Generales, a los que habían vuelto los representantes de Holanda y Zelanda, invitaron a Guillermo a que fuera a Bruselas, donde fue triunfalmente recibido. Bajo su influencia se creó una nueva unión, preparada para la acción conjunta de católicos y protestantes contra "el enemigo común de la patria." Mientras tanto, los Estados Generales, que continuaban actuando con poder soberano, habían formado un gobierno encabezado por el joven archiduque Matías, sobrino austriaco del rey Felipe II. Matías estuvo de acuerdo con las condiciones establecidas por Guillermo, que garantizaban un sistema constitucional de gobierno. Además en enero de 1578, fue comisionado para actuar como teniente general de Matías.

Fracaso de Guillermo.
Guillermo estaba ahora en la cumbre de su poder, pero su triunfo fue de tan corta vida como la unión general de las provincias. Su fracaso para consolidar la recién obtenida unidad se debió primordialmente a los excesos de sus aliados calvinistas, que impusieron medidas intolerantes. De este modo, los revolucionarios le hicieron el juego al nuevo gobernador del rey, Alejandro Farnesio, duque de Parma, quien era hijo de la anterior regente, Margarita de Parma. El 1 de octubre de 1578 se hizo cargo del puesto tras la muerte de Don Juan.

Sin embargo, el duque de Anjou, lejos de ayudar a la causa de la libertad, aumentó la confusión prevaleciente. Con gran dificultad Guillermo efectuó su reconciliación con los Estados Generales. Su continuada dependencia de Francia se aprecia en su cuarto matrimonio (1583) con Luisa de Coligny, hija de Gaspard de Coligny. Como resultado de la orden de Felipe II hubo un intento de asesinato de Guillermo en Amberes en marzo de 1582. Con Parma avanzando desde el sur, se retiró en julio de 1582 a Holanda, donde se trasladó a su posesión, en un antiguo convento en Delft. Allí fue asesinado por Balthasar Gérard, un católico del Franco Condado. Sus últimas palabras fueron una oración por sí mismo y por su pueblo. Fue enterrado en Delft.