Historia

GUNDISALVO, DOMINGO

Domingo Gundisalvo, filósofo español del siglo XII, fue arcediano de Segovia y uno de los más notables colaboradores de la escuela de traductores de Toledo, que había fundado el arzobispo don Raimundo. Según Duhem, tradujo en latín, probablemente entre 1125 y 1140, la Física de Aristóteles, sirviéndose de ella los de la escuela de Chartres; con el judío Salomón, la Metafísica de Avicena y los comentarios a la Física, con Juan Hispalense y Gerardo de Cremona, los que compuso el mismo médico árabe a los tratados aristotélicos De coelo, De mundo y De anima. Se sabe también que tradujo y utilizó para sus obras originales diversos escritos de Alfarabi y Algazel, y la Fuente de la vida de Avicebrón que tradujo con la ayuda del mencionado Juan Hispalense. La formación de Gundisalvo da una pista sobre los caracteres de su filosofía. No es en las fuentes directas donde recibe el conocimiento de la antigüedad griega, sino de los comentarios de la filosofía griega, en los Padres latinos y en las traducciones árabes o hebraicas. Gundisalvo es notable, además, por haber compuesto varias obras de filosofía y por la participación que tiene en el resurgimiento de la cultura filosófica en occidente, pudiendo considerársele como el verdadero precursor de la nueva escolástica.

Quedan de él cinco tratados filosóficos: De processione mundi, incluido por Menéndez y Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles, tomo i, páginas 691-711), De anima por A. Löwentahl. Los tres restantes han sido publicados por Correns, Die dem Boëthius fälsehlieh sugeseriebne Abhandlung des d. Gundisalvi "de unitate"; por J. Bülow, Des D. G. Schrift von der Unsterblichkeit der Seele y por Baur De divisione philosophiae. Al estar situado Gundisalvo en el momento de iniciarse el segundo periodo de la filosofía de la Edad Media, conserva aún las características de la época anterior, o sea, predominio del fondo platónico agustiniano; pero a su vez preludia las grandes síntesis, por su organización del Corpus philosphicum, por su tendencia a la vez psicológica y metafísica y por una mayor concesión a las tesis aristotélicas. Distingue en primer lugar la teología (scientia divina) de la filosofía (scientia humana) pero no establece separación alguna entre el saber demostrado por razones naturales, que es el dominio de ésta, y la ciencia propiamente dicha (nulla est scientia quae philosophiae non sit aliqua pars). En su clasificación ocupan un lugar especial la scientia litteralis (gramática), la scientia civiles, poética (con la historia) y la retórica, y la lógica, que debe seguir a éstas. La lógica, en efecto, es considerada ya como una parte de la filosofía. Las tres disciplinas constituían el trivium del sistema pedagógico medieval. La filosofía propiamente dicha (scientia sapientiae) se divide en: a) Teorética física (medicina, iudicia, nigromantia, imagines, agricultura, navigatio, specula, alchimia) matemática, aritmética, geometría y óptica, música, astrología, scientia de aspectibus, de ponderibus y de ingeniis y, por último, la metafísica. b)Práctica, que comprende la política, la económica y la ética. El tratado de clasificación de las ciencias de Gundisalvo, escrito probablemente después de 1140, es el mismo libro que Daniel de Morlay, discípulo de Gerardo de Cremona, atribuye a Aristóteles con el título de Liber assignanda ratione unde ortae sunt scientiae, fue plagiado por Miguel Escoto y utilizado por los grandes y pequeños escolásticos del siglo XIII. En cuanto a sus ideas sobre la filosofía, la influencia espirituliasta es preponderante. Aunque afirma que el hombre es un microcosmos o un ser psico-fisiológico, la unión de alma y cuerpo, sin embargo, es concebida de una manera análoga al dualismo platónico. El mundo inteligible, en el que reside propiamente la verdad, es el punto hacia el cual es atraída el alma; la separación del cuerpo le asegura su perfección y a ella tiende ya en vida, como lo denotan los estados de éxtasis o arrobamiento místico. Si bien elimina todo residuo panteísta y emanatista de su doctrina ontológica, conserva la teoría de la gradación de los seres. Siendo la unidad el fondo constitutivo de cada cosa, a Dios compete por excelencia la unidad, que es en él creatrix, manifestándose la unitas creata en tres grados: la inteligencia, el alma del mundo y el mundo de los cuerpos; en todos los seres finitos que constituyen este mundo existe una materia y una forma. Sin embargo, Gundisalvo hace algunas concesiones al aristotelismo. Defiende la teoría de la abstracción y la distinción entre el conocimiento individual y universal de los objetos y admite la scientia prima, cuyo contenido es el estudio del ente y de sus naturales consecuencias (substancialidad, esencia, causa y acto). De estas enseñanzas de este filósofo se encuentran huellas a cada paso que avanza el periodo siguiente y muchas veces sin la claridad y ortodoxia que caracterizan el pensamiento y la expresión de Gundisalvo.