Historia

HAMILTON, SIR WILLIAM (1788-1856)

Sir William Hamilton, filósofo escocés, nació en Glasgow, el 8 de marzo de 1788 y murió en Edimburgo el 6 de mayo de 1856.

Sir William Hamilton, por J. Ballantyne;en Scottish National Portrait Gallery, Edimburgo
Sir William Hamilton, por J. Ballantyne;
en Scottish National Portrait Gallery, Edimburgo

Vida.
Estudió primero en la universidad de Glasgow, donde su padre había sido profesor de anatomía y botánica; tomó un curso de medicina en la universidad de Edimburgo en 1806-07 y en mayo de 1807 se matriculó en Balliol College, Oxford (licenciatura en humanidades, 1811; máster en humanidades, 1814) donde se concentró en los clásicos y en filosofía, obteniendo la reputación de ser el más entendido aristotélico de la universidad. En 1813 se estableció en Edimburgo como abogado, aunque nunca ejerció una larga práctica. En 1820 reclamó su derecho a la baronía de Preston, siendo a partir de entonces conocido como Sir William. El mismo año fue derrotado para la cátedra de filosofía moral en la universidad de Edimburgo por John Wilson (Christopher North), pero fue elegido para el profesorado de historia civil en 1821. En 1826 acometió el estudio de la frenología y ese año y al siguiente pronunció varias conferencias ante la Royal Society de Edimburgo. Fraguó su reputación como filósofo por una serie de artículos que comenzaron a aparecer en Edinburgh Review en 1829. En 1836 fue elegido para la cátedra de lógica y metafísica en la universidad de Edimburgo, desempeñando el cargo hasta su muerte. En 1843 contribuyó a la vívida controversia eclesiástica de su tiempo al publicar un tratado contra el principio de no intrusión. Le replicó William Cunningham. En julio de 1844 sufrió un ataque de parálisis que le dejó prácticamente inválido para el resto de su vida.

Su posición en filosofía.
Hamilton fue un exponente de la filosofía escocesa del sentido común y un conspicuo defensor de Thomas Reid, aunque bajo la influencia de Kant fue más allá de la tradición de la escuela del sentido común, combinando con un ingenuo realismo una teoría de la relatividad del conocimiento. Su psicología, aunque supone un avance sobre la obra de Reid y Stewart, era de la variedad "facultad", siendo luego superada por otras ideas. Su contribución a la lógica fue la teoría de la cuantificación del predicado, por la que se convirtió en el heraldo de la escuela algebraica de lógicos.

Su ley de lo condicionado.
Pero es por su ley de lo condicionado, con su correlativa filosofía de lo incondicionado, que se puso en relación con la teología. Esta ley consiste en "que todo lo que es concebible en pensamiento yace entre dos extremos, que, contradictorios entre sí, no pueden ser ambos verdad, sino que uno de ellos, debe ser verdadero... A la ley de la mente, de que lo concebible está en todo aspecto limitado por lo inconcebible, yo la denomino ley de lo condicionado." Esto supone su posición en cuanto a lo Infinito, ya que lo Infinito es "ininteligible e inconcebible." Esta doctrina en su lado filosófico es una protesta contra el escepticismo de Kant, al afirmar que la razón acaba en contradicciones irresolubles; en su lado teológico proclama la imposibilidad de conocer al Ser Absoluto. Sólo al tomar primero el aspecto filosófico se puede interpretar correctamente la relación teológica. Kant había hecho de los elementos a priori solo formas de la mente y por tanto las ideas del ser, del universo y Dios eran solo regulativas de nuestro proceder intelectual, pero en ningún sentido eran garantías de la verdad. Por tanto, Kant subrayó que en la "auto-contradicción de los aparentes conocimientos dogmáticos (thesis cum antithesi) no se puede descubrir en ninguno ninguna decidida superioridad." Esas auto-contradicciones son que el mundo tuvo un principio y que no lo tuvo; que toda sustancia compuesta consiste de partes simples y que ninguna cosa compuesta consiste de partes simples; que la causalidad según las leyes de la naturaleza no es la única causalidad que opera para originar el mundo y que no hay otra causalidad; que hay un ser absolutamente necesario y que no hay tal ser. El propósito de Hamilton era mantener que tales contradicciones no son el producto de la razón sino un intento de llevar a la razón más allá de sus propios límites. Si dejamos que lo concebible sea sólo lo relativo y limitado reconocemos que las denominadas antinomias de la razón son el resultado de intentar llevar a la razón fuera de su propio terreno, hacer de nuestros conceptos la medida de nuestra existencia e intentar reducir los incomprensible a los límites de lo comprensible.

Consecuencias agnósticas.
Hamilton prestó un auténtico servicio al criticar el lado escéptico de la Critique of Pure Reason de Kant. Estimó tan grandemente este resultado que pudo decir: "Si he hecho algo meritorio en filosofía no es más que el intento de explicar el fenómeno de esas contradicciones." En este punto Hamilton sitúa a Reid en un plano superior a Kant, acabando el primero en la certeza y el segundo en la incertidumbre. Pero para la filosofía de Hamilton quedan las siguientes preguntas: Si eludimos la contradicción al rechazar reducir lo inconcebible a los límites de lo concebible ¿cuál es la fuente de certeza de lo infinito? ¿Cómo se relacionan el conocimiento y el pensamiento con la existencia y atributos del Ser Infinito? Aquí Hamilton se enreda en la perplejidad al afirmar ser cierto lo que es todavía ininteligible. Que hay un Ser Absoluto, fuente de toda existencia finita, es, según él, una certeza, pero niega que podamos tener ningún conocimiento del hecho. Reid había mantenido la existencia del Ser Supremo como verdad necesaria y Hamilton afirma que la existencia divina es al menos una inferencia natural, aunque sostiene que no podemos conocer a la Deidad. Esto es la aplicación de la ley de lo condicionado, una conclusión inevitable al admitir que todo conocimiento implica lo relativo, la antítesis de sujeto y objeto. Esta doctrina de la ignorancia fue desarrollada por H. L. Mansel y abrazada con entusiasmo por J. S. Mill y Herbert Spencer. Así se dio un impulso al agnosticismo, cuya influencia fue atribuida en buena parte a Kant, quien redujo lo a priori a una forma de proceso mental, y a Hamilton, quien rechazó la idea de Kant, aunque consideró lo absoluto como ininteligible. Sin embargo, aunque insistió que "el Dios infinito no puede, en la actual limitación de nuestras facultades, ser captado o conocido por nosotros" añade que "la fe, la creencia, es el órgano por el que captamos lo que está más allá de nuestro conocimiento."

Las principales obras de Hamilton son: Discussions on Philosophy and Literature, Education and University Reform (Londres, 1852), que contiene sus artículos publicados en Edinburgh Review; Notes and Dissertations, publicado con su edición de Works de T. Reid (2 volúmenes, Edimburgo, 1846-63) y Lectures on Metaphysics and Logic (edición de H. L. Mansel y J. Veitch, 4 volúmenes, 1859-60), de la que un resumen de la porción metafísica (volúmenes i y ii) fue editado por F. Bowen (Boston, 1870).