Historia
HARMS, GEORG LUDWIG DETLEW THEODOR (1808-1865)

Estudió teología en Gotinga desde 1827 a 1830, pero aunque estaba influenciado por el racionalismo prevaleciente, en su sermón de prueba de 1833 subrayó la justificación por la fe. Harms fue tutor privado en Lauenburg, en la casa de Chamberlain von Linstow, donde conoció a un pequeño grupo de pietistas. Compartió en ese tiempo sus ideas de una fe viva y de la justificación del pecador por la fe, pero también su indiferencia hacia las distinciones confesionales, su desprecio por el mundo y su falta de aprecio por la Iglesia y sus ordenanzas. Pronto se convirtió en la personalidad dominante en este círculo, generándose un interés especial en las misiones. En 1834 fundó una sociedad misionera en Lauenburg, que en 1836 se convertiría en una rama de la recién organizada Sociedad Misionera Alemana septentrional. En 1839 Harms regresó al hogar de sus padres y ayudó a su padre durante el invierno. En 1840 fue de nuevo tutor privado en Lüneburg, donde se había desarrollado una activa vida cristiana bajo la influencia del predicador Deichmann. Harms se convirtió en el dirigente de este grupo. Predicaba a veces, siendo también activo en los deberes prácticos del oficio ministerial, pero al mismo tiempo no perdió de vista la causa misionera, a la que atribuyó la mayor importancia para el desarrollo de la Iglesia en los tiempos actuales.
Pastor en Lüneburg.
A pesar de su fructífera actividad en Lüneburg anhelaba una posición como predicador, pero debido a la abundancia de candidatos le fue imposible lograr su deseo. Declinó una invitación como profesor a la institución misionera en Hamburgo y otra como pastor en Nueva York. Quería predicar a su propia gente de Lüneburg, viendo cumplido su deseo en 1844, cuando el consistorio lo designó ayudante de su padre. Entonces comenzó su gran actividad, produciéndose un avivamiento como pocas veces se ha visto en Alemania septentrional. Su padre había preparado el camino, pero Harms trabajó incansablemente, no sólo por sermones y cultos que ocupaban todo el domingo, sino también por su asociación personal con la congregación. Una característica de su tarea fueron las reuniones celebradas en su casa cada domingo por la tarde. Harms siempre usó el dialecto bajo alemán, el habla popular de los campesinos, y su don de contar historias populares le ayudó grandemente en esas reuniones.

Pero por encima de todo su poder principal estaba en sus sermones. Harms supo, como pocos después de Lutero, cómo predicar al pueblo, especialmente a los campesinos. La popularidad fue la línea principal de su manera de predicar, que estaba basada en la claridad y sencillez. Sus sermones no eran artísticos desde el punto de vista homilético, siendo los temas en la mayoría de los casos meros encabezamientos, estando las diferentes partes conectadas de forma holgada y con una estructura simple, no estando por encima de la media desde el punto de vista exegético. El rango de pensamiento era estrecho, ocurriendo las mismas ideas una y otra vez, a veces en las mismas palabras. El principal asunto era la necesidad de la conversión, la justificación por la fe y la prueba de la fe en la conducta cristiana. En capacidad física Harms estuvo lamentablemente falto. Su voz era hueca y a veces estridente y su manera en el púlpito era acartonada. Pero el resultado de su dedicada labor produjo un cambio en la vida de su congregación. La asistencia regular a la iglesia, las devociones en el hogar y la observancia estricta del domingo se convirtieron en normas fijas en su congregación. La obra caritativa de la congregación asumió grandes dimensiones. La gente de otras parroquias afluía a su iglesia y Harms se convirtió en su padre espiritual e incluso en su ausencia siguió siendo su fiel consejero mediante una extensa correspondencia.
La misión Hermannsburg.
De este modo Harms estableció las bases para su congregación misionera, pues ésa fue su idea desde el principio: una misión parroquial, una misión de la Iglesia estatal. En sus primeros años se le había pedido que fundara una institución misionera, pero se negó a hacerlo hasta que fue el pastor oficial de Hermannsburg en 1849, tras la muerte de su padre. En un informe al consistorio señaló las razones para fundar su propia institución misionera, en lugar de unirse a las ya existentes. Amaba la idea de las misiones coloniales, sosteniendo que los misioneros no debían dispersarse sino formar una colonia cristiana en países paganos. De esta forma, pensaba, sería más fácil reunir una congregación fuerte. Tras desarrollarse se fundaría una segunda colonia en las inmediaciones de la primera y tras la segunda una tercera, por lo que una cadena de congregaciones quedaría pronto establecida. Harms pensó que en virtud de la estrecha relación de esas colonias con la congregación madre, la solidaridad del confesionalismo luterano sería una garantía frente a las influencias desintegradoras de otras denominaciones. Pero el consistorio no pensaba lo mismo, obligándole a seguir sustancialmente el plan de otras sociedades misioneras. Vivió lo suficiente para ver el crecimiento de su empresa misionera, pero podría haber vivido más si no hubiera minado su salud por el trabajo excesivo, sin ni siquiera descanso temporal. Sus publicaciones fueron sermones y escritos devocionales, que alcanzaron extraordinaria popularidad en Alemania.