Historia

HARRACH, KARL PHILIPP (1795-1878)

Karl Philipp Harrach nació en Praga el 16 de noviembre de 1795 y murió en Breslau el 25 de noviembre de 1878. Destinado a una carrera militar por su padre, tras terminar su educación en la academia de ingeniería en Viena ingresó en el ejército austriaco en 1813. Tomó parte en las campañas de 1813 y 1814, pero al no encontrar satisfacción en el servicio dimitió y compró la propiedad de Rosnochau, cerca de Oberglogau, en la Silesia prusiana. Allí se dedicó a la agricultura hasta los últimos años de su vida. Gradualmente se identificó con la Iglesia evangélica, a la que se unió formalmente en 1852, determinando, en su celo, emplear una considerable porción de su riqueza en propósitos religiosos. A este respecto fue animado por Johann Heinrich Wichern, padre de las misiones en Alemania. Durante una temporada de residencia en Berlín, Harrach gastó grandes sumas en el progreso de las misiones domésticas, siendo igualmente generoso en Breslau. Fue miembro de la junta de directores de la sociedad provincial de Silesia para las misiones domésticas, que nacieron a principios de la década de los sesenta del siglo XIX, legando a ese fin un capital de 60.000 marcos, además de 30.000 para el propósito de educar a jóvenes como profesores de las escuelas evangélicas en la provincia de Silesia.

Harrach también concibió el plan de ayudar a los estudiantes teológicos al darles una oportunidad de una educación estrictamente científica sobre el fundamento del evangelio. Esta idea tomó forma concreta bajo la guía de Tholuck, quien estaba desde antes animado por el mismo deseo. De acuerdo con su plan se fundó un Konvikt para nueve estudiantes teológicos de Silesia y tres de otras provincias en Halle en 1865, siendo Tholuck su primer presidente. Todos los gastos de los estudiantes quedaron pagados y a los de Silesia se les exigió dedicar sus servicios a la Iglesia evangélica en su provincia natal. Harrach también manifestó su interés en el avance de la vida cristiana, al suplir los fondos para la continuidad de las visitaciones parroquiales en Silesia, que habían sido instituidas por Federico Guillermo IV, pero que habían cesado a principios de los sesenta por razones financieras.