Historia

HATTEM, PONTIAAN VAN (1641-1706)

Pontiaan van Hattem nació en Bergen-op-Zoom el 16 de enero de 1641 y murió allí en septiembre de 1706. Estudió teología en Leiden y en 1667 obtuvo la licencia para predicar en la Iglesia reformada. Pasó algún tiempo fuera y en noviembre de 1670 estaba en Oxford. En 1672 era predicador en St. Philipsland en Zelanda. Estimaba la vida santa y piadosa más que la pureza de doctrina y en 1680 hay noticias de su heterodoxia. Fue juzgado por herejía, acusado de apartarse de la doctrina ortodoxa en sus ideas de la esencia y castigo del pecado, de la redención y justificación, de la fe, conversión, gratitud y oración. Expulsado de St. Philipsland se estableció en Bergen-op-Zoom, trabajando pacíficamente bajo la protección de las autoridades civiles. Celebraba conventículos y el círculo de sus seguidores se expandió gradualmente, incluyendo a algunos de los ciudadanos respetables de la ciudad. Predicó su nuevo evangelio incluso en Ámsterdam y La Haya, influyendo en círculos más amplios por una extensa correspondencia. Sin embargo, entre sus adherentes surgieron puntos de vista divergentes y desviaciones de la doctrina de Hattem y hacia 1760 los hattemistas habían desaparecido.

Hattem ha sido considerado frecuentemente un discípulo de Spinoza, aunque injustamente. No era un filósofo y su intención era el avance de la piedad práctica. Predicó un cristianismo pasivo. El hombre no debe buscar su salvación, porque en tal caso se busca a sí mismo; debe reconocer con corazón agradecido que Cristo le ha buscado y encontrado a él. Pero no puede creer al menos que Dios le otorgue fe, lo que muestra la mayor ingratitud al no reconocer el amor de Dios por el que se ha dado a sí mismo al hombre. Sólo los regenerados han sido purificados de esta ingratitud y pueden amar a Dios y a sus semejantes. Con la regeneración se origina una clara percepción de la verdad divina. El regenerado, en virtud de su fe, queda asegurado de su salvación y por tanto no necesita lamentar más su condición pecaminosa, pues es uno con Dios y su Hijo, pues por la fe se ve a sí mismo "en el Hijo de Dios." Ya no está más inclinado hacia el mal, sino que cumple la voluntad de Dios espontáneamente. No es el resultado de la lucha y el esfuerzo sino de la obra del Espíritu Santo en el corazón. De este modo Dios lo es todo y el hombre nada.

Dejó un tratado sobre el Catecismo de Heidelberg y Plakat: De Staten van den Lande ende Graeffeligkheyt van Zeelant... (1718). Roggeveen publicó de 1718 a 1729 Caída del ídolo del mundo o la Fe de los santos, trinufando de la doctrian de la justificación personal, con las demás obras de Hattem, en cuatro tomos.