Historia

HEGESIPO

Hegesipo fue un escritor cristiano del siglo II del que nada se sabe, salvo lo que nos dice Eusebio. No menciona nada de su nacimiento o lugar de residencia, aunque concluye de sus escritos que era de origen judío. Un origen oriental se muestra en el hecho de llegar a Roma por mar y detenerse en Corinto en el camino. Fue un prominente campeón de la fe, con Justino, contra el avance del gnosticismo. Al dar la lista de obispos de Roma bajo Antonino Pío, Eusebio destaca que Hegesipo estuvo en Roma cuando Aniceto, quedándose allí hasta el episcopado de Eleuterio (Hist. eccl., IV, xi. 7); pero se trata de un error, porque en el capítulo xxii cita el pasaje de Hegesipo que prueba solo que vivió hasta el tiempo de Eleuterio, no quedándose en Roma más tiempo. Bajo Marco Aurelio es citado una vez más a la cabeza de los escritores contemporáneos ortodoxos y la Chronicon Paschale afirma que murió bajo Cómodo.

Eusebio le cita frecuentemente como testigo de la fe verdadera y siempre de una obra, conocida como Upomnemata y compuesta de cinco libros, escritos en diferentes tiempos y reunidos en uno. Un cuidadoso examen de lo que Eusebio dice y lo que cita lleva a la conclusión de que no fue una historia en sentido estricto, sino una apología histórica, con el propósito de recoger las tradiciones recibidas de los apóstoles. Es evidente que no se observa el orden histórico, porque el relato de la vida y muerte de Santiago está en el quinto libro de la obra, que contiene mucho material del siglo II e incluso de su segunda mitad. Se trata de un arreglo libre del autor, no siguiendo orden definido, aunque penetrado del mismo designio y las mismas creencias. El resultado, según Eusebio, es una serie de narrativas y descripciones de la historia de la Iglesia, que cubre desde el apóstol Santiago hasta Eleuterio en Roma. Incluye la muerte de Santiago, la elección de su sucesor, Simeón; relatos del dirigente insurgente Tebutis y de los hijos de David y parientes de Jesús en Galilea, con su destino bajo Domiciano; el martirio de Simeón bajo Trajano e información sobre la Iglesia del periodo en el que Hegesipo escribe, especialmente en Corinto y Roma; la tradición de la doctrina y el episcopado; refutación de las herejías y algo sobre sectas judías y literatura judeo-cristiana. Lo que dice sobre su propio tiempo tiene autoridad histórica en el sentido estricto; su relación de sucesos anteriores tiene valor condicional al ser tradición oscura, pero es de sustanciosa importancia al reflejar las ideas sostenidas a mediados del siglo II. El propósito de su escrito es meridianamente claro. Se trata de demostrar la unidad de la fe en las iglesias de las ciudades importantes y sus obispos, tanto pasados como presentes. La causa por la que escribe es la existencia de la herejía, que él reprueba, no sólo por su contradicción de la verdadera doctrina, sino por su origen externo y despreciable. Su aparición en la escena le parece tan peligrosa, que ese conflicto ya no es solamente el propósito de su libro, sino el de su vida entera.

Cuando se tiene en cuenta que las herejías del tiempo profesaban ser legítimos brotes del cristianismo primitivo, queda justificado el trabajo de investigación de Hegesipo sobre el estado de la Iglesia y sus tradiciones en las grandes ciudades. La tradición de la fe, en la línea de la sucesión episcopal, debe servir para cortar de raíz las pretensiones de las sectas. La unidad de esa fe, entregada de generación en generación, contrasta con la variedad de líneas y pensamientos de los herejes. Entre los herejes judíos antiguos están Tebutis, Simón y su facción, Cleobio, Dositeo, Gorteo y Masboteo. Esos son la primera generación, apareciendo en la segunda los seguidores de Menandro, Marción, Carpócrates, Valentín, Basílides y Satornil. La persona y obra de Hegesipo es importante históricamente como paradigma, al subrayar la catolicidad de las iglesias y del episcopado, alimentada por su tradición y relaciones mutuas.