Historia
HELDING, MICHAEL (1506-1561)

La confirmación papal no se obtuvo hasta abril del año siguiente; mientras tanto los asuntos de la sede fueron dirigidos por el príncipe Jorge de Anhalt; al entregar el oficio a Helding en diciembre, el príncipe le arrancó la promesa de que no haría ningún cambio en la doctrina establecida, no entrando en reformas sin el consentimiento de todo el capítulo y siguiendo una política de conciliación hacia los sacerdotes casados. El príncipe Jorge se quedó en Merseburg para supervisar el desarrollo de la Iglesia bajo su nuevo obispo y cuando éste, pasado el primer período de precaución, pareció entrar en un proceso que procuraba restablecer la antigua autoridad, Mauricio intervino y le obligó a abstenerse de todo ataque abierto a la fe reformada. Helding intentó por medios amistosos ganarse al clero; estableció sacerdotes católicos en su catedral, introdujo el ceremonial católico y desde el púlpito de la catedral predicó indirectamente contra la "secta" protestante. La ruptura entre Mauricio y el emperador y el súbito cambio que siguió en los asuntos públicos le convencieron de la inutilidad de intentar restaurar la fe católica en su ciudad. No pudo impedir que su clero solicitara la ordenación del consistorio de Leipzig y uno de ellos asumió el control virtual de la diócesis. No obstante se las arregló para conferir muchos beneficios a la sede por su sabia administración y labores caritativas. En 1555 estuvo presente en la dieta de Augsburgo y dos años más tarde desempeñó un importante papel en la conferencia de Worms, donde, con Pflug y Canisio encabezó la diputación católica. Produjo confusión en las filas de los protestantes al exigirles una declaración de su posición sobre la doctrina de Calvino y Zwinglio respecto a la Cena, de Osiander sobre la justificación y de Flacius sobre la libertad de la voluntad y las buenas obras. El último punto dio origen a la violenta controversia entre los teólogos de Jena y los filipistas, desembocando en la secesión de la facción de Flacius y el fracaso de la conferencia, un resultado que alegró a los católicos. En 1558 Helding fue hecho presidente de la cámara imperial en Spira y tres años más tarde cabeza del concilio Áulico en Viena. El mismo año dirigió con Pflug un memorial al emperador, recomendando la concesión de la comunión en ambas especies y el matrimonio de los sacerdotes. Helding ocupa un lugar prominente entre los predicadores católicos del siglo XVI. Aunque sostuvo la posición católica, fue extremadamente hábil para expresar sus opiniones en palabras que a veces fueron aceptables para los protestantes. En sus sermones en Merseburg muestra respeto por la autoridad de las Escrituras y una concepción general de la naturaleza del oficio sacerdotal y de las relaciones entre sacerdotes y laicos que muestran al agudo y experimentado apologista, apelando a una audiencia cuyas simpatías eran evangélicas.