Historia

HERMAS

El Pastor. Manuscritos y versiones.
El nombre asignado por la tradición al autor de un libro grandemente estimado en la Iglesia antigua e incluido con frecuencia en el Nuevo Testamento se conoce comúnmente como el Pastor, sin duda por la apariencia y el título asumido por el ángel que comunica una parte de las revelaciones contenidas en el mismo. Según la división recibida la obra incluye cinco "Visiones", doce "Mandatos" y diez "Similitudes". La obra completa existe en el original griego, pero el material en manuscrito se ha incrementado notablemente en los últimos siglos. Hay tres manuscritos defectuosos del griego: el Pastor estuvo originalmente al final del Sinaiticus, donde más allá de Mand. IV, iii. 6 se ha perdido; del Codex Athous-Lipsiensis un griego, Constantine Simonides, robó tres hojas (5, 6 y 9) del Monte Athos y las vendió en Leipzig con una copia falsificada del resto en 1855, siendo después encontradas las hojas 1-4, 7,9 en Athos extendiéndose sólo a Sim. ix. 30; un papiro de Fayyûm, ahora en Berlín, contiene dos pequeñas y muy mutiladas secciones, Sim. ii. 7-9 y iv. 2-5. De las traducciones la Vulgata latina existe en numerosos manuscritos (publicados primero por Faber Stapulensis, París, 1513). Otro latino, el Palatina, se encuentra en un manuscrito. Hay también una versión etiópica descubierta por D'Abbadie y publicada en 1860 basada en el texto afín al Sinaiticus. Las ediciones más antiguas, dependientes totalmente de la Vulgata, no tienen valor. Hilgenfeld fue el primero en publicar una edición realmente crítica.

Contenido del libro.
El libro es una serie de visiones, con su interpretación, que procuran inducir a Hermas y por él a la Iglesia al arrepentimiento. El tiempo para ello es limitado y acabará con la terminación de la edificación de la "Torre" (la Iglesia). Dios ha hecho que la obra cesara durante un tiempo, para que los hombres se arrepientan; pero la pausa no durará mucho, pues nuevas severas persecución y el fin del mundo están cerca. Lógicamente el libro se divide en dos partes, incluyendo la primera Vis. i-iv, llamando dos visiones al arrepentimiento y otras dos explicando su necesidad. Vis. v es una introducción a la segunda parte, que contienen doce "Mandatos" revelados a Hermas. Cubren (1) la fe en el único Dios; (2) la sencillez y el amor al prójimo; (3) la verdad; (4) la castidad; (5) la paciencia y la misericordia; (6) los ángeles buenos y malos; (7) el temor de Dios; (8) el dominio propio; (9) la confianza en Dios (10) la tristeza y el gozo; (11) los falsos profetas y (12) el combate con los malos deseos. Las primeras ocho "Similitudes" son también visiones, que proclaman la cercanía de la terminación de la Iglesia y el llamamiento al arrepentimiento. Sim. ix es una especie de recapitulación, con algunas modificaciones y Si. x es un epílogo a toda la obra.

Autor y fecha.
No hay acuerdo para identificar al autor o la fecha de composición. Por un lado el Fragmento Muratoriano afirma explícitamente que la obra fue escrita en el tiempo de Pío I (es decir, hacia 140) por su hermano; por otro lado, el libro contiene indicaciones de una fecha anterior, tal como la mención de Clemente en Vis. II, iv. 3, que situaría la obra en el siglo I. Hay dificultades para cualquiera de las dos teorías. Hay bastante en el libro que no se adapta a finales del siglo I. La Iglesia ya ha perdido su primer fervor; los traidores, hipócritas y buscadores de placer se han infiltrado y los comienzos del gnosticismo ya son visibles.

Sin embargo, si se adopta la idea de muchos (Ewald, Ritschl, Dorner, Heyne, Hilgenfeld, Harnack, etc.) de una fecha cercana a mediados del siglo II, surgen otras dificultades. El autor no conocía un episcopado monárquico en Roma; los jefes de la facción gnóstica no han aflorado y no hay huellas ni siquiera de Marción, quien llegó a Roma en 138 o 139. La mención de Clemente no ha sido explicada satisfactoriamente, siendo difícil considerar que el libro obtuviera tal prominencia universal en la Iglesia si fuera un producto tan tardío. Ireneo lo cita como Escritura y lo mismo el pseudo-Cipriano (Adv. aleatores). Clemente de Alejandría hace un considerable uso del mismo y Orígenes lo tuvo por inspirado.

Teorías de la autoría.
Bajo esas circunstancias se ha prestado especial atención a la teoría de que no fue compuesto de una vez. Los primeros intentos para dividir la autoría, de Thiersch (1858), De Champagny (1863) y Gueranger (1874), no fueron muy fructíferos. Una hipótesis más adecuada la presentó Hilgenfeld en 1881, asumiendo tres autores, el Hermes pastoralis que elaboró el núcleo (Vis. v-Sim. vii); el Hermes apocalypticus que escribió Vis. i-iv y el Hermes secundarius, quien refundió el conjunto en su forma actual. Esta idea no encontró muchos seguidores. Link (1883) y Baumgärtner (1889) se opusieron firmemente a cualquier división de la autoría, pudiendo considerarse demostrada su posición. La idea de Harnack asigna la obra entera al mismo autor, pero elaborada gradualmente, con sucesivas revisiones y adiciones, desde un pequeño comienzo no más tarde del año 110 hasta el 140. La evidencia externa carece de tal propósito, pero resuelve algunas de las dificultades internas.

Posición doctrinal.
La posición doctrinal del libro no es judeo-cristiana; para el autor el cristianismo es la única religión universal absoluta. No es paulino en sus ideas. Es más representante del cristianismo popular romano de su época, faltándole clara precisión dogmática. La noción de gracia perdonadora queda en el trasfondo de la obra; el pecado se perdona en el bautismo, pero a los bautizados se les pide que no pequen más y si lo hacen el perdón se puede esperar sólo bajo circunstancias excepcionales. Es difícil definir la cristología del libro; Harnack la considera adopcionista, pero su idea de que identifica al Hijo con el Espíritu Santo (a duras penas posible en vista de la fórmula bautismal) se basa probablemente en una confusión con la frase "Espíritu de Dios" aplicada Cristo, en el sentido de un ser espiritual santo. El conjunto de la enseñanza sobre este punto es ambigua, pero no realmente diferente de la del Nuevo Testamento. Es notorio que el elemento religioso ya es secundario al ético y que hace acto de presencia la doctrina de las obras de supererogación.