Historia

HERMES, GEORG (1775-1831)

Georg Hermes, filósofo y teólogo alemán, nació en Dreierwalde, cerca de Tecklenburg, Westfalia, el 22 de abril de 1775 y murió en Bonn el 26 de mayo de 1831.

Georg Hermes
Georg Hermes
Vida.
Se graduó en filosofía y teología en Münster, siendo nombrado profesor en el instituto de esa ciudad en 1798 y ordenado sacerdote al año siguiente, aunque continuó enseñando. En 1807 comenzó a enseñar sobre teología en la academia de Münster, particularmente sobre la introducción a esa disciplina, que consideraba de gran importancia porque su objeto era mostrar la razonabilidad del cristianismo. En 1819 fue llamado a la universidad de Bonn como profesor de teología dogmática. Su actividad y fruto llegaron a su cima allí, formando una escuela propia. Hacia 1830 su influencia era dominante en la facultad teológica en Bonn, extendiéndose inclusa a Breslau y Braunsberg. Tuvo seguidores en otras facultades, como P. J. Elvenich (1796-1886) en filosfía, quien fue profesor en Breslau en 1829 y se hizo Antiguo católico en 1870. Algunos de sus seguidores entre los teólogos fueron J. W. J. Braun, Johann Heinrich Achterfeld (1788-1877), quien sería profesor de teología en Braunsberg en 1818 y profesor en Bonn en 1830. Cuando el conde Spiegel fue hecho arzobispo de Colonia la influencia de Hermes se hizo más patente, ya que el arzobispo lo nombró canónigo honorario y capellán examinador. Esta segunda posición le permitió la oportunidad de elevar el nivel educativo entre el clero y quitar de posiciones influyentes a los hombres que no compartían sus ideas. La designación de Döllinger como profesor de historia de la Iglesia se dice que fue impedida por él. Los obispos de las provincias renanas favorecieron a sus alumnos, al ser sacerdotes estudiosos, serios y diligentes.

Su teología.
Hermes desarrolló sus ideas teológicas en Untersuchungen über die innere Wahrheit des Christentums (Münster, 1805), Philosophische Einleitung in die christkatholische Theologie (1819; 2ª edición, 2 volúmenes, 1831-1834) y Christkatholische Dogmatik (edición de Achterfeld, 3 volúmenes, 1834-36). Acepta, sin ningún género de dudas, cada doctrina de la Iglesia católica. "Un hombre puede creer sólo lo que ha sido reconocido como verdadero por la evidencia proporcionada por la razón." Esta evidencia obliga a reconocer la existencia de Dios y sus atributos. De Dios el hombre recibe las verdades sobrenaturales que constituyen el contenido del cristianismo; están en la Biblia y en la tradición, y la Iglesia, como maestra, las explica correcta e infaliblemente.

Este sistema parece implicar un reconocimiento pleno de la revelación y la tradición. No obstante, la razón juega un importante papel, no por ser el juez de las verdades reveladas sino al demostrar que son auténticas per se e históricamente; tan pronto como se proporciona esta evidencia la razón debe, por supuesto, someterse a su autoridad en los asuntos que conciernen a la salvación. Sin embargo, supone que la razón duda de las verdades de la revelación y no se siente obligada a considerarlas una autoridad más elevada. En ese caso el camino hacia la revelación queda bloqueado y el órgano que la entiende se pierde. El sistema de Hermes es por tanto perjudicial para el principio de autoridad de la Iglesia católica. Además, es objetable desde otro punto de vista. Si un hombre que piensa claramente debe llegar necesariamente a la fe cristiana, puede demostrar su verdad a cualquiera que sea capaz de pensar lógicamente. El proceso de razonamiento sería suficiente para hacer de alguien un cristiano.

Condena del hermesianismo.
Tras su muerte la enseñanza de Hermes fue atacada por diversos hombres y firmemente defendida por sus discípulos, que fueron conocidos como hermesianos. En 1835 un breve papal condenó como no ortodoxa la enseñanza de Hermes sobre la naturaleza de la fe, la Biblia, la tradición, la revelación, las pruebas de la existencia de Dios, al necesidad de la gracia y el pecado original. Sus seguidores no negaron que las sentencias, mencionadas por el breve, si se tomaban aisladamente, eran condenables, como de hecho la actitud científica en conjunto. Sin embargo, su réplica era que si Hermes viviera las repudiaría completamente. Mantuvieron en un artículo publicado en Augsburger Allgemeine Zeitung (1835) que la enseñanza de su maestro había sido malinterpretada en Roma y que su condena sería perjudicial para los intereses de la Iglesia católica. En abril de 1837 Braun y Elvenich fueron a Roma para convencer al papa de que el breve papal no presentaba las doctrinas de Hermes; pero el intento fracasó, ya que la mayoría de los teólogos alemanes estaban ahora en contra de la enseñanza de Hermes. Se quedaron en Roma hasta abril de 1838 y escribieron en defensa de su posición Meletemata theologica (Hanover, 183), que el papa prohibió que fuera publicado en Roma. Todos los intentos para mostrar que la doctrina de Hermes difería de la condenada en el breve fracasaron. El sistema de Hermes permaneció condenado y sus seguidores fueron excluidos de los oficios eclesiásticos; Braun y Elvenich fueron retirados de sus profesorados, aunque honorablemente y con estipendios plenos. También el gobierno prusiano se sometió en varias formas en pro de la paz; por ejemplo, en el asunto de otorgar a los obispos el derecho a tomar la iniciativa para quitar a un profesor teológico con el consentimiento del gobierno. El arzobispo de Breslau, Förster, fue el primero en usarlo contra Boltzer en 1860.

La explicación de la favorable recepción de las obras de Hermes y su condena posterior yace en el cambio de actitud hacia la filosofía, desde el racionalismo Wolf-Kantiano al romanticismo de Schelling. Windischmann, el primero en atacar a Hermes, había efectuado este cambio, aumentándose constantemente en la Iglesia católica. Junto a ese cambio en filosofía está la tendencia reaccionaria que comenzó hacia ese tiempo contra la política liberal eclesiástica de los obispos renanos, particularmente el arzobispo de Colonia, Spiegel, quien se había propuesto proporcionar a su clero una mejor educación. Su sucesor, Droste-Vischering, había desaprobado ya a Hermes mientras era obispo de Münster, prohibiendo a sus estudiantes teológicos proseguir sus estudios en cualquier parte salvo en Müntzer. El gobierno prusiano intentó en vano rescindir esta orden y tuvo que suspender el seminario en 1820. El breve papal otorgó a Droste-Vischering una oportunidad para combatir el sistema de Hermes y el liberalismo al mismo tiempo y la derrota que ambos sufrieron es una indicación de que las tendencias reaccionarias se habían puesto en marcha.