Historia
HETERIO
Heterio, monje y obispo de Osma en la segunda mitad del siglo VIII, fue puesto al frente de esa diócesis siendo aún mozo, lo que se da por prueba de sus rápidos progresos en ciencia y vida en la escuela del Beato de Liébana. La unión entre ambos personajes es indisoluble en la historia eclesiástica del siglo VIII, por haber sido su trabajo común contra la causa del adopcionismo, sin que se pueda definir bien lo que corresponde a cada uno de ellos. Elipando, el más fuerte representante de dicha herejía, los juntó en sus anatemas, al sentir su eficaz resistencia a las doctrinas adopcionistas que, apoyado en su autoridad de arzobispo de Toledo, iba difundiendo por España. "Anathematizamus" decía en una epístola a los obispos de las Galias "antifrasium Beatum carnis lascivia deditum et onagrum et erium (Eterium) doctorem bustualium qui Dei filium secundum humane servitutis formam adobtionem carnis nequaquam habuisse predicant." En otra carta dirigida a cierto abad de Asturias llamado Fidel llama a la doctrina católica que él negaba herejía Beaciana. Conocieron juntamente Heterio y Beato este documento después que ya había circulado por Asturias, en ocasión en que ambos habían concurrido (26 de noviembre de 785) a la profesión de la reina viuda Adosinda en un monasterio de San Juan de Pravia. En esa carta se quejaba Elipando de que Beato y Heterio no le consultaban como otros hacían, sino que querían instruirle, osando contradecirle. "Y sabe Dios", añadía, "que aunque hubiesen escrito con insolencia, me rendiría yo a su parecer si dijesen la verdad." Al haber Elipando dominado la herejía de Migecio, se enfurecía de que se le pudiera tachar a él de hereje. "Endereza tú", decía a Fidel, "la juventud de nuestro hermano Heterio, que está con la leche en los labios (lo que prueba su juventud al ser elevado al episcopado) y no se deja guiar por buenos maestros, sino por impíos y cismáticos, como Félix y Beato." La invectiva y propagación por la carta del adopcionismo, fue ocasión de que la respuesta fuese común de Beato y Heterio. Se le ha añadido el epígrafe Liber Etherii adversus Elipandum, sive de adoptione Christi filii Dei. Tal título no es el histórico y aun es más ordinario atribuir la epístola, que hubieron de constituir tres tratados o libros, no a Heterio sino a Beato. La obra es de excepcional importancia para la historia de la teología. Es evidente la falta de método en la refutación, no entrando en la cuestión debatida, sino como incidentalmente, en un escrito que debía ser muy extenso, pues lo que se ha conservado, que es el primer libro y parte del segundo llena en Migne (Patr. lat., tomo xcvi) las columnas 894 a 1030. Pero la doctrina es intachable y la lógica contundente. El fin de la controversia fue la condenación general en la Iglesia católica de Elipando. La unión entre Beato y Heterio se ve también en que el primero dedica al segundo su comentario al Apocalipsis con estas palabras: Haec ego, Sancte pater Etheri te petente ob aedificationem studii fratrum tibo dicavi, ut quo consorte perfruor religionis, cohaeredem faciam mei laboris.