Historia
HILARIÓN (291-371)
Ante las predicciones de tiempos difíciles, las persecuciones bajo Juliano, Hilarión dejó Tierra Santa para nunca volver. En camino a Lychnos llegó a Castrum Theubatum (Thaubastum), donde visitó a Draconcio, exiliado por el emperador Constancio por su ortodoxia. Su peregrinaje le llevó a la ciudad del Nilo llamada Afroditópolis y al monte de san Antonio, desde donde fue al suburbio alejandrino de Bruchium. En la ciudad portuaria de Paraitonion se encontró con su discípulo palestiniense Adriano, quien parece ser que había venido para llevarle de nuevo a Tierra Santa, pero él no quiso ir. Hilarión nunca alcanzó Sicilia, viviendo como ermitaño cerca del promontorio Pachynum. Aquí, de manera maravillosa, fue encontrado por su discípulo Hesiquio. Pero pronto salió para Sicilia porque, como en todas partes, una muchedumbre de discípulos se congregaba a su alrededor, no pudiendo vivir la vida solitaria. Los últimos años de su vida los pasó en Chipre, primero cerca de Pafos y luego en un lugar en el interior, llamado Carbyris por Sozomeno. A esta estancia en Chipre pertenece el periodo de su conversación con Epifanio. Poco antes de morir le entregó a su discípulo favorito, Hesiquio, sus únicas pertenencias: su túnica, hábito y capa. Fue enterrado en las inmediaciones de Pafos, pero Hesiquio robó su cadáver y para tristeza de los chipriotas se lo llevó a Majuma. Hilarión fue el primero que introdujo la vida eremita en Tierra Santa, aunque no fue el único ermitaño palestiniense en la primera mitad del siglo IV. Su actividad, sin embargo, se limitó al sur de Tierra Santa, e incluso allí naturalizó la vida ermitaña en su forma egipcia más antigua, sin acometer la más ligera modificación o desarrollo.