Historia

HILDEBERTO DE LAVARDIN (c. 1056-1133)

Hildeberto nació en Lavardin, cerca de Montoire, departamento de Loir-et-Cher, hacia 1056 y murió en Tours el 18 de diciembre de 1133. Tras 1085 fue scholasticus en la catedral de Le Mans, siendo archidiácono allí en 1091. Fue designado obispo de Le Mans en 1096. Una minoría del clero y William Rufus de Inglaterra, señor feudal de Maine, protestaron contra su elección como obispo y hasta la muerte del rey, Hildeberto tuvo que sufrir mucho de la mala voluntad de la corte inglesa. Tras acabar la segunda campaña contra Maine, se vio obligado a seguir al rey a Inglaterra como prisionero, pero en 1100 fue liberado. Poco después de su regreso a Le Mans realizó un viaje a Italia, pidiendo ser liberado de sus deberes, pero Pascual II no le dio su consentimiento. Abundantemente provisto para la continuación de la construcción de su catedral, volvió a Le Mans en 1101. Desarrolló una frenética actividad administrativa, que solo fue interrumpida por su asistencia a varios concilios franceses y por un cautiverio de varios meses en el castillo del conde Rotrou du Perche (1112). Hacia 1116 Enrique de Lausana apareció en Le Mans y predicó denodadamente contra la conducta del alto clero. El pueblo saludó entusiastamente la agitación anticlerical y cuando Hildeberto regresó de un segundo viaje a Italia fue recibido con maledicencia, aunque había desterrado a Enrique de su ciudad y diócesis. En 1120 Hildeberto tuvo la gran satisfacción de ver la catedral acabada. En 1123 asistió al concilio laterano de Calixto II en Roma. Por Luis VI de Francia fue escogido arzobispo de Tours en 1125 contra su voluntad. Su nuevo cargo lo envolvió inmediatamente en nuevas y prolongadas batallas con Luis sobre nombramientos para cargos, con el obispo de Dol acerca de la jurisdicción sobre la diócesis de Bretaña, etc.

Hildeberto alcanzó fama más allá de los límites de su diócesis principalmente por su obra literaria, especialmente sus poemas. Fue el primer escritor medieval que dominó el latín como lengua viva, pero fue más versificador que poeta. Además de sus poemas alcanzó fama por el elegante estilo de sus cartas y por sus predicaciones en francés y latín. Fue el primer representante prominente de la tendencia que posteriormente alumbraría el Renacimiento, aunque temporalmente fue detenida por el surgimiento del monasticismo y las órdenes mendicantes. Beaugendre incorporó en su edición de las obras de Hildeberto (París, 1708) todos los escritos anónimos que pudo atribuir a su héroe. De las numerosas obras en prosa que le fueron atribuidas, las únicas realmente seguras son cuatro sermones, una obra titulada Liber de querimonia et conflictu carnis et spiritus seu animæ (c. 1100) y dos biografías de santos, Vita S. Radegundis y Vita Hugonis abbatis Cluniacensis. La autenticidad de estas obras poéticas está demostrada: Versus de sacrificio missæ; De operibus sex dierum; Inscriptionum christianorum libellus; Vita Mariæ Ægyptiacæ; algunas de Carmina miscellanea y de Carmina indifferentia, habiendo de ser investiagada la de De ordine mundi; Carmen in libros regum; Versus de S. Vincentio; De inventione S. Crucis y Lamentatio peccatricis animæ. Es posible que Hildeberto sea el autor de una Historia de Mahomete.