Historia
HILDEGARDA (1098-1178)

Wiesbaden, siglo XII
El siguiente pasaje es de su obra Scivias:

'El entendimiento está afianzado al alma como el brazo al cuerpo. Pues igual que el brazo, al que se halla unida la mano con sus dedos, se extiende desde el cuerpo, el entendimiento, que, con la cooperación de otras fuerzas del alma, comprende toda obra humana, procede, sin duda, del alma. Sí, el entendimiento, antes que otras fuerzas del alma, discierne cuanto hay en las obras humanas, sea bueno o malo; así que por él, como a través de un maestro, se comprende todo: tamiza todas las cosas, como se criban del trigo las granzas, indagando si son útiles o inútiles, amables o aborrecibles, y si participan de la vida o de la muerte. Y lo mismo que el alimento sin sal es insípido, las restantes fuerzas del alma serían ininteligibles y tibias sin el entendimiento. Y el entendimiento es también al alma lo que los hombros al cuerpo: es el meollo de las demás energías del alma, como fuerte es el hombro del cuerpo; y comprende la Divinidad y la Humanidad del Señor: las articulaciones de los brazos; así que también posee recta fe en sus obras: la articulación de la mano, con la que discierne sus diferentes actos como tamizándolos con la criba que es el tacto de los dedos. Pero el entendimiento no procede igual que las otras fuerzas del alma. ¿Qué quiere decir esto?
La voluntad aviva la obra, el ánimo la recibe y la razón la alumbra. Sin embargo, el entendimiento comprende la obra, por cuanto distingue el bien del mal; como los ángeles que, por gozar de entendimiento, aman el bien y se apartan del mal...'

divinorum operum, c. 1230, Lucca, Biblioteca Estatal, Ms. 1942
'Vi una brillantísima luz y en ella una forma de hombre del color del zafiro que todo lo inflamaba con un fuego rutilante muy suave, y aquella espléndida luz se difundió por todo el fuego rutilante, y este fuego rutilante por aquella luz resplandeciente y aquella luz brillantísima y aquel fuego rutilante por toda la forma del hombre, produciendo un solo resplandor de una única virtud y potencia. Y oí que aquella luz viva me decía: "Este es el sentido de los misterios de Dios: que se vea con claridad y se comprenda cuál es la plenitud sin nacimiento y a la que nada puede faltar, que con virtud poderosísima trazó todos los cursos de los fuertes. En efecto, si el Señor careciera de su virtud, ¿qué necesidad habría de él? Ninguna, con certeza, por eso en la obra perfecta se ve su condición de artista. Por eso ves la brillantísima luz que no tiene nacimiento y a la que nada puede faltar; ésta designa al Padre, y en ella declara el Hijo por medio de la forma de hombre de color zafiro sin mancha de imperfección, de envidia o iniquidad, ser generado como divinidad antes de los tiempos por el Padre, y ser encarnado después en el tiempo como humanidad.'