Historia

HIPÓLITO (c. 170 - c. 235)

Hipólito nació hacia el año 170 y murió en Cerdeña hacia el 235.

Hechos sobre su vida en la literatura y tradición.
Hasta mediados del siglo XIX fue prácticamente desconocido. Aunque Eusebio nombra ocho de sus obras y menciona la existencia de otras (Hist. eccl., vi. 22) es incapaz de dar el nombre de su sede. Jerónimo también admite la misma ignorancia, aunque da el título de más obras (De vir. ill., lxi). Un cronógrafo del año 354 (MGH, Auct. ant., ix, Chron. min., i, 1891, páginas 74-75) afirma que en 235 el obispo Ponciano e Hipólito el presbítero fueron exiliados a Cerdeña, que allí dejó su oficio y que Antero fue ordenado en su lugar, habiendo una versión un poco diferente en el Liber Pontificalis (i. 24). El papa Dámaso I (366-384) puso en su tumba en el cementerio Tiburtino una inscripción en verso que registra su vida en tiempos de la persecución, su defensa del cisma de Novaciano, el regreso a la fe católica y su muerte como mártir. En esa línea, Prudencio le conmemora entre los mártires (Peristephanon xi). La tradición occidental posterior es casi puramente legendaria; en su forma romana conecta su martirio con el de Lorenzo. La leyenda de Porto, por otra parte, lo relaciona con varios mártires locales de allí e incluso lo identifica con uno llamado Nonno. Sus escritos fueron usados por Ambrosio, Jerónimo y probablemente Ticonio, pero todo el conocimiento del histórico Hipólito se ha perdido. Las referencias orientales a él surgen totalmente fuera de sus obras. Apolinar de Laodicea le cita sobre Daniel, llamándole 'el más santo obispo de Roma'. Teodoreto le nombra en relación con Ignacio, Policarpo, Ireneo y Justino, siendo también mencionado por Leoncio de Bizancio y el pseudo-Crisóstomo. La lista de autores orientales que le nombran continúa con Cirilo de Escitópolis, Eustracio (c. 582), Jacobo de Edesa, Jorge, obispo de los árabes, y Ecumenio (c. 1000), llamándole los últimos cuatro mártir y obispo de Roma. Focio lo describe como discípulo de Ireneo. En el siglo XIV Ebed Jesu conocía obras suyas que Eusebio y Jerónimo no mencionan. Por lo tanto, aunque era un escritor occidental, Hipólito fue ampliamente leído en el este porque escribió en griego, habiéndose traducido parcialmente sus escritos al siríaco, armenio, copto, georgiano, árabe y eslavo antiguo. En 1551, cerca o en el lugar de su enterramiento en la Via Tiburtina en Roma, se descubrió una estatua de mármol que le representa sentado, con una lista a ambos lados de su canon oriental y de sus escritos. Los expertos fecharon la estatua en el siglo III. Las primeras líneas de la inscripción son casi ilegibles, citando las otras nueve o diez obras, a las que se añadieron dos más después.

Adiciones modernas a su conocimiento.
El surgimiento histórico de Hipólito realmente ocurrió con el descubrimiento de su Philosophumena. De esta obra el primer libro se conoció antes que el resto, pero la sección desde el cuarto al décimo se descubrió en 1842 en Grecia en un manuscrito del siglo XIV, siendo publicado todo en Oxford en 1851 por E. Miller como si fuera una obra de Orígenes. Duncker y Schneidewin la editaron luego cuidadosamente como de Hipólito. El autor habla de haber escrito un corto tratado contra las herejías, lo cual Eusebio afirma sobre Hipólito; que es romano y obispo; que sus palabras tuvieron efecto sobre Ceferino y que Calixto había excomulgado a Sabelio por su enseñanza. Ahora bien, nadie sino Hipólito cuadra con esta descripción, siendo confirmado el resultado por el paralelismo esencial entre este libro y los escritos admitidos de Hipólito. Al aceptarse esta conclusión, Philosophumena nos da una perspectiva más completa de la vida del autor. No menciona su relación con Ireneo, pero lo presenta primero en Roma, donde debió ser presbítero bajo Ceferino. Según Eusebio, Orígenes estuvo en Roma durante su pontificado y Jerónimo habla de haber estado presente en un sermón de Hipólito. Con Calixto, el sucesor de Ceferino, Hipólito entró en conflicto por la cristología y la disciplina, llegando a ser tan grande la brecha que continuó bajo los papas sucesivos. Esto concuerda con la descripción de Hipólito como obispo romano y las referencias de Dámaso al cisma novaciano. El hecho de haber sido un obispo cismático de Roma explica la incapacidad de Eusebio y Jerónimo para nombrar su sede, ya que no estaba incluido en la lista de sucesión romana que ellos poseían. Su identificación con Nonno y la consecuente descripción como obispo de Porto puede surgir de su martirio al lado del mar o de su especial popularidad en Porto. Mantuvo su posición hasta el año 235, cuando la persecución de Maximino le exilió a Cerdeña, junto con Ponciano, el obispo legítimo, muriendo en esa 'insalubre isla'.

Obras exegéticas.
Hipólito fue un escritor eclesiástico muy fértil. Su obra exegética fue especialmente extensa, aunque solo se han preservado enteros algunos ejemplares: el Anticristo y el posterior comentario a Daniel, estando en el original solo el primero (en tres manuscritos de los siglos X, XV y XVI, existiendo también una versión eslava de probablemente el siglo XI). La dependencia de su contenido de Ireneo es indudable. El comentario de Daniel, una de sus obras más leídas, existe desde el libro i. 29 en un manuscrito del siglo X encontrado en Athos y el libro iv también se halla en otro del siglo XV, mientras que el conjunto está en la versión eslava antigua, además de la tradición indirecta en las catenæ y porciones en las versiones siríaca y armenia. El libro fue escrito no mucho después de una severa persecución, por lo que no puede pertenecer al final de la vida de Hipólito. Un carácter más retórico tiene el comentario a Cantares, del que existen solo fragmentos en antiguo eslavo y algunos en armenio. En georgiano este comentario ha sido preservado entero. Bonwetsch también editó la exégesis de Hipólito sobre las bendiciones de Jacob y Moisés y la narrativa de David y Goliat. El griego de la bendición de Jacob está en Atenas. Hay fragmentos sobre el Génesis en las catenæ de Procopio de Gaza, además de uno en Jerónimo, otro en Leoncio y tres en Teodoreto. Un fragmento descubierto por Achelis en un manuscrito en Athos es la única evidencia para la existencia de un comentario sobre Rut. Teodoreto da citas de una obra sobre Elcana y Ana y otra sobre la adivina de Endor, mencionada en la inscripción de su tumba y por Jerónimo. De los tratados sobre los Salmos, que probablemente no eran un comentario completo, se ha preservado la introducción histórica en siríaco y algunos fragmentos en griego por Teodoreto. Hay fragmentos de Proverbios en las catenæ y algunos poco importantes sobre Eclesiastés y partes de Isaías y Ezequiel, mientras que no queda nada de los de Zacarías. Hay fragmentos sobre 1 Cuando salió Jesús del templo, y se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2 Mas respondiendo El, les dijo: ¿Veis todo esto? En verdad os digo: no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada. 3 Y esta[…]Mateo 24 y 25, que llevan una línea escatológica al igual que el comentario sobre Apocalipsis (del que hay fragmentos genuinos en árabe); los Capítulos contra Cayo y el tratado sobre la resurrección dirigido a la emperatriz Mammea (unos fragmentos siríacos y uno griego), mencionados en la inscripción. Posiblemente algunos fragmentos de un comentario sobre los oráculos de Balaam pertenezcan a Hipólito. Teodoreto también ha preservado una porción de un discurso sobre los dos ladrones. Por otro lado, el sermón sobre la resurrección de Lázaro (griego y siríaco) es de autenticidad dudosa y aún más cuestionables son los que tratan sobre las epifanías divinas, pues tanto en forma como en contenido no coinciden con Hipólito.

Obras polémicas.
De los tratados polémicos el dirigido contra Marción ha desaparecido. El que iba contra todas las herejías, que según Focio contenía treinta y dos formas de error, desde Dositeo a Noeto, fue usado como fuente por el pseudo-Tertuliano, Epifanio y Filastrio, lo que determina la secuencia de herejías tratada en el mismo. Una duda es si la homilía existente contra Noeto formó originalmente el epílogo de este libro o no. Al igual que hizo al defender el Apocalipsis contra Cayo, también atacó a los oponentes de los escritos de Juan en general en un tratado Sobre el evangelio y el Apocalipsis de Juan. Sobre su contenido se puede percibir algo de Epifanio, Haer., li, donde Hipólito es indudablemente citado, al igual que en Haer. xlviii, donde hay huella de su polémica contra los montanistas. En Philosophumena, o Refutación de todas las herejías, intenta mostrar el origen de las herejías de las antiguas filosofías, cuyo conocimiento, según Diels, lo obtuvo de escritos inadecuados. El segundo, tercero y comienzo del cuarto libro se han perdido, tratando el resto del cuarto con los astrólogos. Su tratamiento de las herejías se reduce principalmente a su exposición sin una polémica completa. Su relato del sistema gnóstico se basa parcialmente en Ireneo y Tertuliano, suponiéndose por algunos críticos que allí donde se muestra independiente de ellos es porque ha confiado demasiado en documentos falsificados, pero la falsificación es improbable en el caso de un sistema tan especulativo, como el de Basílides por ejemplo. Contra los paganos escribió un tratado que parece, a partir del título, haber tratado sobre la doctrina platónica de la Primera Causa y el Absoluto, siendo el único fragmento escatológico existente. La obra Sobre la fe atribuida a Hipólito es posterior al concilio de Nicea; Sobre el método del voto probablemente sea de Afraates. El tratado polémico contra los judíos, aunque no es mencionado en la inscripción y en su forma actual posiblemente no se deba enteramente a Hipólito, sin embargo tiene rastros de su obra y que lo hubiera escrito contra los judíos se explica por el uso de material suyo en posteriores escritos anti-judíos. De otras obras mencionadas en otros lugares se conoce poco más que el título. La llamada Sobre los carismas o Tradición apostólica sobre los carismas (según si la inscripción nombra una o dos obras) pudo perfectamente haber sido incorporada a la Enseñanzas de los santos apóstoles sobre los carismas y H. Achelis ha intentado determinar exactamente qué parte viene de Hipólito. Los Cánones de los santos apóstoles sobre la elección (de obispos) por Hipólito que es paralela a las Constituciones Apostólicas viii. 4 y sig., es un extracto de una forma primitiva de las Constituciones apostólicas y según Achelis y Harnack están basados en cánones genuinos de Hipólito, del que existe una revisión de la obra en árabe Cánones de Hipólito. Achelis cree que Hipólito escribió Sobre los carismas mientras estaba todavía en la comunión católica y que la afirmación de que un obispo inmoral o ignorante no era verdadero obispo se refería a Ceferino, mientras que los cánones iban destinados al gobierno de la comunidad cismática. Si fue así, serían de considerable importancia. Obras sobre disciplina de la Iglesia las menciona también Jerónimo, entre las que trata con lo apropiado de ayunar en sábado y la comunión diaria. Las obras cronológicas de Hipólito disfrutaron de no poca estima, como se muestra en la tabla sobre la fecha de la Pascua, grabada en la estatua, y válida para los años 222-233. La obra llamada Crónica en la inscripción existe solo en adaptaciones latinas, tales como el Liber generationis y el denominado Barbarus Scalageri, habiendo sido la forma original mostrada por A. Bauer.

El párrafo que sigue forma parte de su obra Tradición apostólica, describiéndose en el mismo la forma de celebrar el bautismo según la norma romana:

'En el momento fijado para el bautismo, el obispo dará las gracias sobre el aceite que colocará en un vaso: al cual se lo denomina aceite de acción de gracias. Tomará luego otro aceite el cual exorcizará: a éste se le llama aceite de exorcismo. Un diácono tomará el aceite del exorcismo y se situará a la izquierda del sacerdote; otro diácono tomará el aceite de acción de gracias y se situará a la derecha del sacerdote. Éste, dirigiéndose a cada uno de los que reciben el bautismo, les ordenará renunciar diciendo: «Yo renuncio a ti, Satanás, y a toda tu pompa y a todas tus obras». De esta manera lo confiará desnudo al obispo o al sacerdote que, a fin de bautizarlo, se encuentra cerca del agua. Un diácono lo acompañará. Cuando aquel que será bautizado hubiera descendido al agua, el que lo bautiza, imponiéndole la mano, preguntará: «¿Crees tú en Dios Padre Todopoderoso?». Y él responderá: «Yo creo». A continuación dirá [aquel que bautiza]: «¿Crees tú en Jesucristo, Hijo de Dios, que nació por el Espíritu Santo de la Virgen María, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, que murió y al tercer día resucitó de entre los muertos?». Y cuando él haya dicho «Yo creo», será bautizado por segunda vez. Se le preguntará a continuación: «¿Crees tú en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia?». Y él responderá: «Yo creo», y así será bautizado por tercera vez.'
Nótense las normas establecidas para que alguien pudiera formar parte de la asamblea cristiana local:
'Los que se presentan por primera vez a escuchar la palabra, serán conducidos ante los doctores antes que acuda el pueblo. Se les preguntará sobre su estado de vida. Si alguno fuera esclavo de un fiel, y su amo lo permite, escuchará la palabra. Pero si su amo no atestiguara a su respecto diciendo que es bueno, será rechazado. Si su amo fuera pagano, se le enseñará a serle agradable para no ser calumniado por él.
Si un hombre tuviera mujer o una mujer marido, se les enseñará a contentarse, al marido con su mujer y a la mujer con su marido. Si alguien no tuviera mujer, aprenderá que no debe cometer fornicación. Él tomará mujer conforme a la ley; de lo contrario, permanecerá tal como está.
Se hará una encuesta a fin de conocer cuáles son los oficios y profesiones de aquellos que fueron traídos para su instrucción.
Si alguno tuviera una casa de prostitución, cesará en su explotación o será rechazado.
Si alguien fuera escultor o pintor, se le enseñará a no fabricar ídolos: dejará de hacerlo o será rechazado.
Si alguno fuera actor o hiciese representaciones en el teatro, dejará de hacerlo o será rechazado.
Aquel que enseña a los niños, es mejor que deje de hacerlo: si no tuviera otro oficio, entonces se le permitirá enseñar.
Del mismo modo, tanto el cochero que asiste, como aquel que toma parte en los juegos, dejarán de hacerlo o serán rechazados. El gladiador y aquel que enseña a los gladiadores a combatir, el bestiario que en la arena participa en la cacería y el funcionario vinculado con los juegos, dejarán de hacerlo o serán rechazados.
Si alguno fuera sacerdote o guardián de un ídolo, dejará de serlo o será rechazado. El soldado subalterno a nadie matará y, en caso de recibir la orden, no la ejecutará ni prestará juramento. Si así no lo hiciera, será rechazado.
El que tiene el poder de la espada, y también el magistrado que lleva la púrpura, lo dejarán o serán rechazados. El catecúmeno y el fiel que pretendan hacerse soldados, serán rechazados, pues han menospreciado a Dios.
La prostituta, el homosexual (el que se emascula), el obsceno y cualquiera que hiciera aquellas cosas de las que no se puede hablar, serán rechazados por ser impuros.
No se admitirán magos en la elección. El encantador, el astrólogo, el adivino, el intérprete de los sueños, el charlatán, el «cortador» que cercena monedas y el fabricante de amuletos dejarán esas ocupaciones o serán rechazados.
La concubina de un hombre, que es su esclava, que ha criado a sus hipos, si solamente está unida con él, escuchará la palabra, de lo contrario será rechazada. El hombre que vive en concubinato cesará en esta relación y tomará mujer según las normas de la ley. Si se negara no será admitido.
Si hemos omitido algo, las profesiones mismas os instruirán, ya que todos tenemos el Espíritu de Dios.'
Posición teológica.
La teología de Hipólito está recogida en general al final del Philosophumena. La satisfacción del cristiano consiste en el conocimiento de Dios, Creador y Señor de todas las cosas. Él solo, de su propia voluntad, creó de la nada los cuatro elementos y luego el resto de los demás; todo lo que está compuesto de ellos es separable y por tanto mortal. Por un proceso de pensamiento Dios generó el Logos, quien, consciente de la voluntad y mente de su engendrador, fue el operador mediato de todo lo que fue hecho en la obra de la creación. Como Señor de todo hizo al hombre, un compuesto de los cuatro elementos, ni Dios como el Logos ni tampoco ángel. Dios, siendo bueno, lo hizo todo bueno; el hombre fue más allá de su propia voluntad y creó el mal. El hombre recibió una ley sobre la base de su libre albedrío, primero por hombres justos, luego por Moisés y los profetas, pero todo bajo la administración y en el poder del Logos, quien según el mandato de Dios dirigió a los hombres desde la desobediencia, no obligándolos, sino llamándolos a una elección libre. Finalmente, el Padre envió al Logos mismo, quien tomando un cuerpo de una virgen vistió al hombre viejo con una nueva creación; de la misma naturaleza que la nuestra, porque solo así podía exhortarnos a seguirle, experimentó todos los sufrimientos propios de la naturaleza humana, de manera que los hombres pueden esperar seguirle en su exaltación.

Hipólito exhorta a sus lectores a unirse a 'los profetas inspirados, intérpretes de Dios y al Logos', quienes han puesto la verdad divina en la Escritura. Los escritos del Nuevo Testamento son designados igualmente con los del Antiguo como 'escrituras divinas', con 'los cuatro evangelios' a la cabeza. La epístola a los Hebreos no se incluye entre los escritos paulinos, aunque Hipólito la usa con frecuencia; también usa 2 de Pedro y probablemente Santiago. Sólo la gracia otorga el entendimiento de las Escrituras, cuyo conocimiento está sellado a los incrédulos. La distinción personal entre el Padre y el Logos es defendida contra Sabelio y Calixto, como hizo anteriormente contra Noeto; pero Hipólito repudia la acusación de diteísmo, al revelarse el único Dios en dos personas, a las que el Espíritu es añadido como una tercera, aunque no hay una clara distinción entre el Logos y el Espíritu. El conocimiento de la generación del Logos es algo que está más allá de nuestro alcance. Pero aunque el Logos fue siempre perfecto no fue Hijo perfecto hasta que vestido con la carne apareció en el mundo. Mientras que la muerte de Cristo es de especial significado para la redención, Hipólito pone particular énfasis en el conocimiento de Dios dado por la naturaleza y la historia, pero especialmente por la Ley y los profetas. Los hombres pueden ahora, por el mismo albedrío con el que pecaron, regresar a Dios y por sus buenas obras obtener el cielo. La Iglesia es 'la asamblea sagrada de aquellos que viven en justicia...', 'la casa espiritual de Dios... arraigada en Cristo' quien santifica a todos los que creen en él. El agua de la vida se da al alma sedienta, primero en el bautismo, con su remisión de pecados y la investidura del Espíritu; en la eucaristía el cuerpo y sangre de Cristo son una prenda de inmortalidad. Pero sólo pertenecen a la Iglesia los que guardan los mandamientos, estando los demás 'privados del Espíritu Santo', 'ajenos a la Iglesia' o, si pertenecen a ella externamente, su condenación es mayor. La Iglesia no sufre menos de los cristianos indignos que de los herejes. De esta manera Hipólito se opuso a Calixto por su laxa disciplina y por su teología monarquiana. No obstante y a pesar de su aprobación del ascetismo y su entusiasmo por el martirio, se opuso a los nuevos preceptos de los montanistas, especialmente sobre el ayuno. Contra las extravagantes ideas escatológicas también se posicionó en aras de la sobriedad cristiana. En oposición a Cayo, para quien 'la atadura del hombre fuerte' ya había tenido lugar, Hipólito contempla el milenio en el futuro lejano, aunque señala que para el individuo la hora de la muerte es la del advenimiento de Cristo. Pero aunque su actitud hacia esta cuestión no es la de una época posterior, tampoco es la misma que la de Ireneo, de cuyo realismo primitivo se aparta, al igual que en otros puntos, como en su actitud hacia el Imperio romano, permaneciendo en un punto crucial en el desarrollo teológico y eclesiástico.

Mapa de los Padres de la Iglesia - Hipólito de Roma