Historia

HONORIO DE AUTUN († 1152)

Honorio de Autun es el gran desconocido de la historia de la Iglesia del siglo XII. Murió en 1152. Los anales de Pöhlde, que se extienden hasta 1139, le ensalzan como un monje entendido, lleno de sabiduría espiritual. Los franceses le reclaman para Francia, más específicamente para Autun, ya que él se califica a sí mismo como Augustudonensis, que puede significar, sin embargo, Augsburgo. De hecho, son los monasterios austriacos y bávaros los que contienen la mayoría de sus obras. Solamente Munich posee más de cien códices y Graz treinta. Más aún, Honorio describe a Alemania más plenamente que a cualquier otro país en su Imago mundi y menciona en esa descripción geográfica sólo una ciudad: Regensburgo. De manera que esa ciudad pudo ser su campo de actividad, ya que Cuno, el amigo de Ruperto de Deutz, con quien Honorio estuvo estrechamente relacionado, fue obispo allí. Ya que Honorio en su Imago mundi cierra la lista de gobernantes con Lotario y dado que la fuente más antigua de información dice que 'floreció bajo Enrique V', se puede asumir que el año 1135 fue el periodo culminante de su actividad.

Hoja de pergamino del comentario de Honorio de Autun
Hoja de pergamino del comentario de Honorio de Autun
al Cantar de los cantares (Siglo XV). Viena, ÖNB, Cod. 942
La escasez de datos biográficos está balanceada por la masa de sus escritos, que están casi todos preservados. De ahí se puede inferir que Honorio era un platonista, un místico y un realista, al mismo tiempo que un enérgico defensor de los derechos del papado contra el poder secular. Concuerda en sus doctrinas esencialmente con Ruperto de Deutz y con éste y Gerhoh de Reichersberg pertenece a ese grupo de realistas alemanes que se opuso a los nominalistas de Francia, hombres como Abelardo, Gilberto de Poitiers, Roscelino, Pedro Lombardo y otros, en el siglo XII, especialmente en cuestiones cristológicas. El De imagine mundi contiene información sobre geografía, climatología y cronología, trazando la historia del mundo desde Adán al emperador Federico I. En De animmæ exilio et patria, muestra que la ignorancia es el exilio del hombre, que por pasos graduales, tales como gramática, retórica, dialéctica. etc., accede a la sabiduría. En De luminaribus ecclesiæ da una lista de escritores eclesiásticos, comenzando con el apóstol Pedro y terminando con Ruperto de Deutz. Entre las obras exegéticas de Honorio se puede mencionar su Hexaemeron, en la que muestra que toda la creación se centra en la salvación de Cristo. En su tratado sobre las plagas en Egipto satisface los métodos alegórico y tipológico de su tiempo, comparándolas con los Diez Mandamientos. Divide los Salmos en tres grupos, según las tres edades del mundo; el primer grupo contiene los que no tienen la ley (desde Abel hasta Moisés), el segundo los de la ley (desde Moisés hasta Cristo) y el tercero los de la gracia (desde Cristo hasta el fin del mundo). Más numerosas son las obras de Honorio sobre teología práctica, homilética, liturgia, disciplina y sobre la posición canónica de la Iglesia contra el imperio mundano. Tenía una alta opinión de los conventos, como lugar de refugio y protección para los hijos de Dios. Su Scala coæli major, una conversación entre maestro y discípulo en veintitrés capítulos, muestra el ordo graduum de la visión espiritual. La Scala coæli minor, muestra en seis capítulos los pasos de la caridad creciente. La Offendiculum está dirigida contra los 'presbíteros casados y simoníacos'; la Speculum ecclesiæ es una colección de alocuciones a una convención de hermanos sobre los días de los santos y apóstoles y de sermones. El Sacramentarium habla en cien capítulos sobre el sentido místico de los ritos eclesiásticos. En Summa duodecim quæstionum, discute la cuestión del rango entre ángel y hombre. La Summa gloriæ de Apostolico et Augusto hace referencia a las disputas entre el imperio y el papado, como el sol es superior a la luna y el espíritu al alma, así el sacerdocio es superior al imperio, por lo tanto el emperador debe ser escogido por los sacerdotes. De mera que por doquier se encuentra la influencia de Cluny. En Elucidarium desarrolla su doctrina de la Trinidad. Ataca el nominalismo, que ignora la unidad esencial de Dios, haciéndola un mero pensamiento aunque considera las hipóstasis como reales. De esa manera, dice, las hipóstasis se separan como realidades y tenemos tres Dioses.

Honorio, al contrario, mantuvo que todo el mundo creado está en la mente de Dios y emana de él. En Quæstiones octo de angelo et homine discute la cuestión de si el hombre habría sido creado si los ángeles no hubieran caído. Responde afirmativamente, ya que el hombre al ser el orden décimo forma el complemento necesario al noveno orden angélico. Cristo habría nacido incluso si Adán no hubiera pecado, porque la causa de la encarnación de Cristo fue la predestinación de la divinización humana. De mayor importancia es la posición cristológica de Honorio. Como en la doctrina de la Trinidad, aquí también muestra su realismo. Las dos naturalezas no están solo unidas en la persona de Cristo, sino la una con la otra y penetran la una en la otra con total comunicación también de los atributos, por lo tanto de la naturaleza divina a la humana. Si hablamos de la persona de Cristo, las naturalezas están incluidas. El nombre 'Hijo de Dios' pertenece por tanto a la sustancia de las naturalezas, al menos tras la resurrección y ascensión. A causa de esos sucesos, la naturaleza humana, la carne de Cristo, ha sido recibida por el Logos en la unidad de su sustancia y no está en ninguna manera circunscrita, de forma que las dos naturalezas de Cristo están en todo lugar.