Historia

HONORIO, FLAVIO (384-423)

Flavio Honorio, emperador romano, nació probablemente en Constantinopla el 9 de septiembre de 384 y murió en Rávena en agosto de 423.

Flavio Honorio
Flavio Honorio
Fue emperador romano desde 395 a 423. Era el hijo menor de Teodosio y de su devota esposa Ælia Flacilla, asumiendo el gobierno del imperio occidental a la muerte de su padre, en 395, cuando todavía no tenía once años de edad. Su hermano Arcadio obtuvo el este. De acuerdo a la voluntad del padre, el vándalo Stilicho apoyó a Honorio como fiel y poderoso consejero durante los difíciles tiempos de las invasiones bárbaras y las repetidas usurpaciones. Tras el asesinato de Stilicho (408) el asiático Olimpo le sucedió, quien, a su vez, fue sucedido por otros, siendo con todos ellos el amigable y maleable gobernante un mero instrumento, sin apenas voluntad propia.

Honorio vivió en la ortodoxia semiconsciente de su padre. Estuvo seriamente dispuesto no sólo a mantener intacta la autoridad y derechos de la Iglesia sino a extenderlos y confirmarlos, como el derecho de asilo y la jurisdicción episcopal. El poder civil estuvo más que nunca disponible para la aniquilación de la herejía. Los maestros del error fueron excluidos de los oficios en la corte. Especialmente severas fueron las medidas contra los maniqueos y donatistas.

La política religiosa hacia el paganismo se ejerció bajo delineamientos similares (comp. Victor Schultze, Der Untergang des griechisch-römischen Heidentums, i, Jena, 1887, página 334 y sig.). El fanatismo que incluso había transferido su enemistad de los dioses a las antiguas obra de arte quedó resistido, pero, con todo, la actitud hacia el paganismo fue mucho más dura que bajo Teodosio. Los templos perdieron sus ingresos, el sacerdocio los privilegios que le quedaban y las estatuas existentes de los dioses destruidas. El paganismo quedó totalmente fuera de la ley. Al mismo tiempo los espectáculos de gladiadores desaparecieron.

En un grado más allá de todo precedente el Estado quedó bajo influencia de la Iglesia. El gobierno abiertamente expresó la convicción de que el fortalecimiento de la Iglesia significaba también el de la política estatal. Pero, a pesar de todo esto, el derecho civil de supervisión suprema sobre la Iglesia se mantuvo. A esta política pertenecen las decisiones en el caso de las disputas donatistas y pelagianas y una serie de regulaciones contra las incorrecciones eclesiásticas. La conducta moral del emperador es expresamente alabada y las declaraciones en sentido contrario consideradas chismorreo. Fue el débil hijo y sucesor de un gran emperador, a quien se parecía en poco salvo en el rostro. Tras él el destino del imperio occidental cayó en manos de su más resuelta hermana, Gala Placidia.