Historia

HONORIO II († 1072)

Honorio II, antipapa, desempeñó el cargo desde 1061 a 1072. A la muerte de Nicolás II comenzaron a agitarse en Italia los partidos políticos que, con sus violencias, oprimían a la Iglesia. Constituían éstos la facción de los condes de Túsculo y de Galeria, la nobleza de la ciudad dirigida por el feroz Cencio, hijo del emperador Esteban, y hasta una parte del clero, que tenía al frente al ambicioso Hugo Cándido, cardenal de San Clemente, y recibía el apoyo de los eclesiásticos y nobles de la Italia Superior opuestos a toda mejora en los asuntos de la Iglesia. Este partido, adverso a las reformas eclesiásticas, envió al joven príncipe alemán Enrique las insignias del patriciado, pidiéndole sin rodeos un papa, el cual deseaban fuera oriundo del paraíso de Italia, como se llamaba Lombardía, y que fuese tolerante con sus debilidades. Entre tanto, Hildebrando, poniendo sus ojos en el obispo de Lucca, Anselmo, lo hizo aceptar por los cardenales, siendo elegido papa por el voto unánime de los cardenales-obispos con el nombre de Alejandro II. Veinte días después de esta elección, el 28 de octubre de 1061, Enrique IV, rodeado de cierto número de obispos lombardos, dio la investidura, por medio de la cruz y demás insignias papales, al obispo de Parma, Cadalo o Cadalous, que tomó el nombre de Honorio II. El cronista Bonizo dice que era rico en bienes y pobre en virtudes. Ni un solo cardenal tomó parte en esta elección.

Honorio II se dirigió enseguida a Lombardía entre las aclamaciones de los partidarios de la simonía y el concubinato, pero su primera tentativa para apoderarse de Roma por la fuerza fracasó ante las tropas de Toscana, dirigidas por Godofredo y su mujer Beatriz. Una segunda expedición intentada en abril de 1062 fue más favorable al antipapa. Su ejército penetró en Roma por la ciudad leonina y atravesó el Tíber. Se llegó a entablar batalla en las calles de la ciudad. Alejandro se fortificó en el Capitolio y Cadalo tomó posesión de la torre de Cencio, cerca del puente de San Pedro. Justo entonces tenía lugar una revolución en la corte de Alemania. El arzobispo de Colonia, Anno, tutor del joven Enrique IV, suplantaba a la emperatriz regente, Inés, la cual se retiró a un monasterio después de dirigirse a Roma y pedir al papa Alejandro II la absolución de las censuras en que había incurrido. Enrique IV abandonó entonces la causa del antipapa Honorio II. Anno convocó una asamblea de obispos en Augsburgo para defender a Alejandro II, adhiriéndosele varios prelados alemanes. Alejandro pudo entonces regresar a Roma y en abril de 1062 celebró un sínodo, en el que lanzó la excomunión contra Cadalo, a la cual contestó éste desde Parma lanzando otra contra su rival.

A instancias de Pedro Damián, el 27 de octubre de 1064, se reunió en Mantua un concilio de obispos alemanes e italianos con el fin de acabar con el cisma. La asamblea reconoció al papa legítimo y excomulgó de nuevo al antipapa Honorio II, cuya obediencia quedó al fin de su vida limitada a su diócesis de Parma. Para conmemorar este triunfo de Alejandro, fue grabada en mármol en la basílica de San Juan de Letrán esta inscripción: Regnat Alexander, Cadolus cadis et superatur. Continuó Cadalo dirigiendo bulas con el nombre de Honorio II, celebrando ordenaciones y aun logró que en 1068 entablaran negociaciones con él no solamente el duque Godofredo, sino también los comisarios del rey germánico, pero pocos años después murió.