Honorio IV (Giacomo Savelli) fue papa entre los años 1285 y 1287. Nació en Roma hacia 1210 y murió en esa misma ciudad el 3 de abril de 1287.
Honorio IV, detalle de un monumento, siglo XIV; en la iglesia de Santa María en Aracoeli, RomaEra sobrino-nieto de Honorio III, siendo educado en París. Urbano IV le hizo cardenal en 1261, siendo elegido unánimemente papa en Perugia el 2 de abril de 1285 y coronado el 20 de mayo. La cuestión más ardiente que confrontó fue la de Sicilia, donde las famosas 'Vísperas' del 30 de marzo de 1282 arrebataron la mitad del reino a la Iglesia y su vasallo, Carlos de Anjou; Pedro de Aragón le había coronado en Palermo como marido de la hija de Manfredo y la facción gibelina era cada vez más audaz por toda Italia. La guerra entre Francia y Aragón acabó con una precipitada retirada de los franceses, fortaleciendo Felipe IV su poder más dentro que fuera. Carlos II, prisionero durante dieciocho meses, procuró ganar su libertad al costo de renunciar a sus pretensiones sobre Sicilia. El poder de Aragón se encontraba ahora dividido, dando el reino español al hijo mayor de Pedro, Alfonso, y el siciliano a su hermano Jaime. Honorio rehusó reconocerlo y sostuvo las pretensiones de la Iglesia hacia la isla, considerando inválida la renuncia de Carlos II, hecha en Barcelona el 27 de febrero de 1287. Eduardo I de Inglaterra había procurado una tregua entre Alfonso y Felipe IV (25 de julio de 1286), que Honorio aprobó y cuando los enviados de Alfonso llegaron a Roma en Navidad, aunque él nominalmente mantuvo la política de su predecesor de hostilidad a la casa de Aragón, se mostró dispuesto a las negociaciones. Sin embargo, no vivió para ver el fin de esos conflictos, que llegaron en 1302 bajo Bonifacio VIII. Tuvo más éxito en la porción continental del reino de Sicilia, donde afirmó sus derechos como soberano, limitó el poder real y dictó importantes estatutos para la protección del pueblo contra la tiranía arbitraria. Sobre los planes cruzados que había heredado, se limitó a recaudar los diezmos impuestos por el concilio de Lyón, en acuerdo con las grandes entidades bancarias de Florencia, Siena y Pistoia que actuaran como intermediarios. En sus relaciones con el imperio, donde no había que temer más peligro desde la caída de los Hohenstaufen, siguió la via media tomada por Gregorio X. Rodolfo de Habsburgo envió al obispo Enrique de Basilea a Roma para solicitar la coronación. Honorio designó al enviado arzobispo de Maguncia, fijando una fecha para la coronación y enviando al cardenal Juan de Túsculo a Alemania para respaldar la causa de Rodolfo. Pero hubo una oposición general hacia la interferencia papal; un concilio en Würzburgo (16-18 de marzo de 1287) protestó enérgicamente y Rodolfo tuvo que proteger al legado papal de violencia personal, por lo que sus propios planes y los del papa fracasaron.
En Roma estableció relaciones amistosas con los ciudadanos, quienes se habían llevado a muerte con su predecesor, manteniendo su hermano Pandulfo un estricto pero justo gobierno. Martín IV había emprendido un continuo y casi imposible conflicto en los Estados de la Iglesia con los gibelinos, bajo el liderazgo de Guy de Montefeltro; pero Honorio restauró también aquí el orden y mediante un moderado y considerado gobierno de las ciudades en las que Martín había puesto un entredicho, logró un grado de tranquilidad y sumisión mayor que los obtenidos por los papas anteriores y posteriores. Venecia también fue liberada del entredicho impuesto por el legado de Martín IV, porque había rechazado preparar una flota para ayudar a Carlos de Anjou contra Pedro de Aragón. Salimbene, el cronista de Parma, afirmó que Honorio era enemigo de las órdenes religiosas, especialmente de los frailesmendicantes, pero su Regesta, tal como fue publicada por Prou, demuestra lo contrario. De hecho, confirmó y aumentó sus privilegios, designándolos para misiones especiales y para los obispados, dándoles los cargos exclusivos de la Inquisición. Tuvo un afecto especial por los guillermitas, a quienes dio el monasterio que él había construido en Albano cuando fue cardenal. Por otro lado, emitió una bula el 11 de marzo de 1286, de que los Hermanos Apostólicos, a quienes Segarelli de Parma estaba intentando entonces organizar, fueran suprimidos como herejes.