Historia
HOOKER, RICHARD (c. 1553-1600)

Era de familia pobre, por lo que tuvo que ser ayudado para su educación universitaria en Oxford (Corpus Christi College; licenciatura en humanidades, 1574; máster en humanidades y miembro del consejo rector, 1577) por un tío suyo y el amigo de éste, el obispo Jewel. Ejerció como tutor en su universidad y en 1579 fue designado profesor, recibiendo en 1581 las órdenes. En su matrimonio, que tuvo lugar hacia ese tiempo, fue, según Walton, totalmente desafortunado. Fue nombrado para el beneficio de Drayton-Beauchamp, en la diócesis de Lincoln, 1584, y al año siguiente, a recomendación del arzobispo Sandys, con cuyo hijo había sido tutor en Oxford, master de Temple Church, Londres; compartió el púlpito allí con Travers, oponiéndose fuertemente al puritanismo. En 1591 fue presentado en Boscombe, Wiltshire, otorgándosele una prebenda menor en Salisbury, siendo trasladado en 1595 al mejor beneficio de Bishopsbourne. Hooker era un predicador aburrido, siendo su estilo embarazoso y sus sentencias prolijas y afectadas. Walton lo describe como 'de mediana estatura y encorvado, pero todavía más en los pensamientos de su alma; su cuerpo estaba exhausto, no por la edad, sino por el estudio y las santas mortificaciones'.
Ecclesiastical Polity.
La gran reputación de Hooker descansa sobre su obra Of the Laws of Ecclesiastical Polity. Consiste de ocho libros, cuatro de los cuales fueron escritos en Boscombe y publicados en Londres en 1594, el quinto en 1597. Los últimos tres libros tienen una historia interesante, que es relatada en su totalidad por Keble (páginas xii-xxv). La viuda de Hooker fue acusada de haber quemado el manuscrito; sea que lo hiciera o no, lo cierto es que se ha perdido irremediablemente. Sin embargo, se han preservado los borradores. Los libros sexto y octavo se publicaron en 1648 y el séptimo en 1662. De esos probablemente el sexto, según Keble, no es genuino. Los otros dos contienen la sustancia de lo que Hooker escribió. La ocasión inmediata de la Ecclesiastical Polity parece que fue un ataque de Travers contra Hooker por extender la salvación a los católicos y su falta de simpatía hacia el calvinismo. Junto a la Apology de Jewel y Book of Martyrs de Foxe, es la más importante contribución original a la literatura eclesiástica inglesa del siglo XVI y la primera gran obra eclesiástica escrita en inglés. Escrita en un espíritu moderado y con vigor de pensamiento, está libre de las innumerables citas que perjudican a la mayoría de las obras teológicas del periodo.
El contenido es más filosófico que teológico y la obra es más valiosa por sus principios amplios y fundamentales que por la exactitud de definición o claridad de argumentación. Es una respuesta al puritanismo, que estaba atacando al sistema episcopal durante una generación. Concebida en equilibrio, está libre de la vehemente vituperación que caracterizó los escritos controversiales del periodo, no intentando desacreditar al sistema presbiteriano. Su objetivo es afirmar el derecho de una amplia libertad, basándose en la Escritura y la razón. Hooker expresamente niega que la práctica de los apóstoles sea una norma que haya que seguir invariablemente, declarando que un cambio de circunstancias sustenta un apartamiento de la línea gubernamental y disciplinaria que siguió la Iglesia primitiva. Intenta probar que las cosas no mandadas en la Escritura pueden ser legales y lo hace apelando a la práctica de los puritanos mismos (como en la caso de la oblea, que usaban al igual que los católicos, etc.). La afirmación de esta fundamental prerrogativa de la razón, es una de las contribuciones más valiosas de la obra. Hooker ha sido reconocido como un campeón de la doctrina del episcopado de la alta Iglesia anglicana, pero a la vez igualmente como defensor de la idea de que el gobierno de la Iglesia es un asunto de conveniencia. Hay expresiones aisladas que se pueden hallar en favor de ambas, lo que Keble admite (p. xxxviii). Pero ninguna de las dos es verdadera. Hooker sostuvo una posición intermedia entre la escuela anglicana de los reformadores, el arzobispo Grindal († 1583) y la mayoría de los obispos de Isabel y la escuela que surgió en la lucha con el puritanismo y que tuvo su representante extremo en el arzobispo William Laud († 1645). Si hubiera sido más exacto en sus definiciones, se le podría haber ubicado más certeramente en un lado o en otro. En cualquier caso, permanece como representante de la tolerancia en la esfera de la política eclesiástica y defensor de las pretensiones de la razón contra la idea de que no hay que tolerar lo que las Escrituras no mandan expresamente.
Además de Ecclesiastical Polity se han preservado varios sermones suyos. En uno de ellos se aprecia su espíritu conciliatorio y tolerante hacia el catolicismo:
"He demostrado hasta aquí que aunque la Iglesia de Roma se ha portado como una ramera, peor de lo que lo fue Israel, no obstante no están - como lo está ahora la sinagoga de los judíos, por cuanto abiertamente niega a Cristo Jesús - completamente excluídos del nuevo pacto. Pero como a Samaria, comparada con Jerusalén, se la denomina Aholah, una iglesia o tabernáculo propio de ella, contrariamente, Jerusalén se denomina Aholibah, el lugar de reposo del Señor; así, de cualquier modo que llamemos a la iglesia romana, cuando la comparamos con las iglesias reformadas, hacemos una diferencia como antes se hacía entre Babilonia y Samaria, también ahora la hacemos entre Roma y las asambleas paganas. Opinión que yo quiero y debo mencionar; debo conceder, y quiero hacerlo, que la iglesia romana, con todos sus hijos, está totalmente excluída; no hay ninguna diferencia en el mundo entre nuestros padres y los sarracenos, los turcos o los paganos, si niegan directamente a Cristo crucificado por la salvación del mundo. Pero, de cuántos millones de ellos se ha sabido que hayan terminado su vida mortal y que, al exhalar el último suspiro hayan pronunciado las palabras de esta fe, "Cristo, mi Salvador, mi Redentor Jesús". ¿Y podremos decir que los tales no han mantenido lo que es el fundamento de la fe cristiana?... Por consiguiente, por más que se pueda decir de la iglesia romana, todavía tiene "un poco de poder", no niega directamente el fundamento de ia fe cristiana. Creo que puedo, sin ofender, persuadirme de que millares de nuestros padres en los tiempos pasados, que vivieron y murieron dentro de sus muros, han encontrado misericordia en las manos de Dios."